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Cuando en el clásico pasa lo que tenía que pasar

En las palizas de los dos últimos Barça-Madrid solo un equipo, el vencedor, compareció en la pista. Quizá porque era el único que sentía tener algo en juego en cada ocasión

Felipe Reyes lanza ante Claver y Oriola
Felipe Reyes lanza ante Claver y Oriola acbmedia

Con apenas quince días de distancia, en el mismo escenario y con similares contendientes, el clásico del baloncesto español deparó dos zarandeos de ida y vuelta: un +27 del Madrid en la 23ª jornada de Euroliga (74-101) y un +22 del Barça en la 22ª de Liga Endesa (94-72). El cuarto y quinto duelo de una secuencia que en los tres enfrentamientos previos se resolvió por márgenes más estrechos, incluida la vibrante final de Copa. Dos resultados tan contundentes como previsibles situados en contexto.

Más allá de la satisfacción del aficionado de uno u otro por la contundente victoria ante el eterno rival, poco o nada han dejado estos duelos en la retina del selecto amante del baloncesto. Faltó juego, pugna y, sobre todo, competitividad. Sólo un equipo, el vencedor, compareció en la pista, quizá porque era el único que sentía tener algo en juego en cada ocasión. La reflexión se traslada a los calendarios competitivos.

Metidos en la cabeza del jugador, a veces es fácil intuir las inercias. Se veía venir que tras ganar la Copa, al Barça le iba a costar Dios y ayuda enfrentarse al Madrid en la Euroliga. Después de un horroroso comienzo de temporada, que enlazaba con el convulso curso de Bartzokas, la llegada del coach Pesic dio un vuelco radical al equipo azulgrana convirtiendo la frustración en hambre y ganas de demostrar. Que nadie diera un duro por ellos en la Copa les favoreció pero, tras calmar las urgencias, la cita ante el eterno rival en la Euroliga se le hizo muy cuesta arriba. Unos llegaban física y mentalmente desinflados, sin opciones en el torneo, y los otros con sed de venganza y en plena pelea por la Final Four. Pasó lo que tenía que pasar y el Real Madrid barrió al Barcelona.

Dos semanas después, las motivaciones cambiaban de bando. Mientras en Europa el balance del Barça de Pesic es de dos derrotas y una victoria; en la ACB sus partidos se cuentan por triunfos y es que aquí sí que tienen mucho en juego en su persecución por afianzar el puesto y crecer en sensaciones. Escenario opuesto al del Madrid, sobrado en la Liga Endesa, con cinco partidos de ventaja, ahora cuatro, y jugándose el factor cancha en sus próximas citas de Euroliga. El resultado entraba dentro de muchas quinielas y otra vez sólo hubo un equipo en la cancha. Psicología, dosificaciones, cálculos...

La circunstancia reabre el debate sobre los sistemas de competición de los equipos profesionales, con ligas regulares que deparan muchos partidos sin drama ni premio en espera de los playoffs. Hay quien aboga por ir hacia una Liga con un modelo similar al del fútbol o a una Euroliga con formato Champions… No me parece la solución porque la emoción que deparan los playoffs es inigualable.

En cualquier caso, antes de pensar en cambios de formato habría que encontrar soluciones políticas y de calendario al conflicto que existe casi a cuatro bandas entre FIBA, Euroliga, Federación y ACB. Hay muchas batallas abiertas para un deporte que sobrevive a tanto conflicto con éxito, pese a que los jugadores lo sufren.

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