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Un Mundial para Coleman y el nuevo atletismo español

Husillos, Mechaal, De Arriba y Ordóñez encabezan en Birmingham el relevo generacional e ideológico

Óscar Husillos, tras ganar los 400m en Madrid el 8 de febrero.
Óscar Husillos, tras ganar los 400m en Madrid el 8 de febrero. EFE

El Mundial de atletismo en pista cubierta es una competición que se disputa en un fin de semana largo en una helada Birmingham, Reino Unido, azotada por vientos árticos ahí fuera, por el canal, y que, al parecer, solo interesa a un variado grupo y amplio de estrellas emergentes y viejos consolidados de Estados Unidos y a media docena de atletas españoles, que sueñan, y a su afición.

Como en todo año par y no bisiesto, en 2018 no hay ni Mundial al aire libre ni Juegos Olímpicos, así que para los chicos y chicas de Estados Unidos, el imperio del atletismo, no hay competición más importante con la que alegrar a los sponsors. Y lo mejor para la afición es que le interesan los campeonatos más que a ninguno a Christian Coleman, el nuevo misil de la velocidad. Subcampeón mundial de los 100m al aire libre, el sprinter tímido que ha dejado el récord mundial de los 60m en 6,34s, necesita un primer título mundial que certifique su primacía y el título de heredero del gigante Usain Bolt, uno que siempre despreció la pista cubierta, con el que carga.

A escala absoluta, los españoles, por supuesto, cargan con menos peso histórico y con ambiciones menos espectaculares, pero no con menos peso simbólico y ambiciones a su medida.

En Birmingham no están con la casaca roja y amarilla las tres últimas estrellas generadas por el atletismo español. No estarán ni Ruth Beitia, ya retirada, ni Orlando Ortega, que solo piensa en el verano, ni Bruno Hortelano, aún recuperándose de un accidente en el que se dañó algo más que la mano destrozada. Los 17 españoles en Birmingham, 13 hombres y cuatro mujeres, el cambio generacional tan deseado, llegan encabezados por lo que el director técnico nacional, Ramón Cid, denomina “la inercia de Londres”, en referencia al último Mundial veraniego, en el que España, su atletismo, fue, sobre todo, su relevo de 400 metros. Cuatro jóvenes, Óscar Husillos, Lucas Búa, Darwin Echeverry y Samuel García, encarnaron la llamada rebelión contra el ranking, el concepto clave. O, en palabras de Cid: “El atletismo es el deporte más medible, el más cuantificable. En él parece que la posición en el ránking predetermina el resultado, pero en realidad es la actitud la que decide, competir con valentía, sin miedo”.

Del grupo de los cuatro compiten en los 400m individual (series, viernes a las 12.20, hora peninsular española, y semifinales a las 22.06) Óscar Husillos y Lucas Búa. Todos los focos para Husillos, el palentino de Astudillo que lleva un invierno revolucionario, a la altura de las demandas ideológicas de Cid. Ha batido los récords nacionales en pista cubierta de 200m (20,68s), 300m (32,39s) y 400m (45,86s), una marca, la última que le permite llegar a Birmingham con la quinta mejor marca de todos los participantes y un deseo a su nivel. “La forma es muy buena”, dice Husillos, que no tiene frío en los ojos, solo en las orejas, y aprendió en los Europeos de Belgrado que nunca hay que perder la perspectiva. “Mi expectativa es pasar la serie desgastándome lo menos posible, y, luego, si bato mi récord de España y corro muy la semifinal, pasar a la final del sábado, y allí seremos seis y puede pasar de todo”.

Si el papel de figura nacional se lo quiere disputar a Husillos Adel Mechaal, el campeón de Europa de 3.000m en Belgrado que a las 13.55 disputará su semifinal en la misma distancia –“vengo a por todo, y todo es todo”, dice el catalán--, la prueba reina de la pista cubierta son los 800m, y España llega con dos a la distancia más selecta: participan 11 atletas del mayor nivel (encabezados por el keniano educado en El Paso, Texas, Emmanuel Korir) y seis disputarán el sábado la final. En las semifinales del viernes (20,13), uno, Álvaro de Arriba, medallista europeo en Belgrado, puede tener consideración de figura gracias a su 1m 45,43s, la tercera mejor marca de los participantes; el otro, Saúl Ordóñez, podría ser el atleta inesperado que da el gran salto en una gran competición, una figura recurrente y reclamada por Cid. Ambos mantuvieron el jueves por la mañana un debate matemático-geométrico con la pista azul de Birmingham, un óvalo de 200m con amplísimas curvas peraltadas casi con la pendiente de un velódromo y de cortísimas rectas, de unos 35 metros. Si De Arriba lamentaba la brevedad de sus queridas rectas, Ordóñez, más matemático, más romántico, fantaseaba sobre la abstracción no resuelta de la conjetura del corredor solitario, sobre la imposibilidad de ser atleta y no acabar girando solo en la pista.

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