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Joachim Löw, el alquimista moderno

El técnico de Alemania, que acaba de proclamarse campeón de la Confederaciones, suma 103 victorias, más que ningún otro seleccionador en la historia

Löw, durante un momento de la final entre Chile y Alemania.
Löw, durante un momento de la final entre Chile y Alemania. REUTERS

Una de las razones por las que Joachim Löw (Schönau, 57 años) aceptó el cargo de segundo entrenador de Alemania en 2004, fue porque Jürgen Klinsmann, al que conoció durante su etapa en la academia de entrenadores, se desplazó hasta Viena, donde hacía nueve meses que dirigía al equipo más importante del país, el Austria Viena, y le convenció para que formara parte de su staff y le ayudara a redefinir el estilo de juego de una selección en la que había detectado síntomas de estancamiento. El desafío motivó a Löw, un delantero mediano de la década de los ochenta (89 goles en 315 partidos) que nunca pasó de la sub-21 (4 internacionalidades, ningún tanto), y que hasta su retirada en 1995 había buscado fortuna en Suiza, donde en su última temporada en el modesto Frauenfeld llegó a ejercer las funciones de jugador-entrenador.

Dos años después de incorporarse al cuerpo técnico de la Mannschaft, Klinsmann no renovó su contrato y Löw fue nombrado técnico principal. Desde entonces suma 11 años al frente de Alemania, con la que se ha proclamado campeón del mundo en 2014 y de la Copa Confederaciones el pasado domingo, con un equipo plagado de futbolistas sin experiencia internacional."El trabajo empieza ahora", aseguró tras la victoria ante Chile, consciente de que su proyecto formativo ha dado tantos frutos que la composición de la plantilla que acudirá al Mundial Rusia el próximo año puede suponer uno de los mayores dolores de cabeza desde que aceptó el cargo.

“El objetivo principal del torneo era buscar alternativas y considero que lo hemos conseguido”, confirmó Löw, una especie de mentor para las generaciones de futbolistas alemanes de la última década, con las que desde que accedió al cargo se ha clasificado como mínimo para las semifinales de todos los torneos oficiales que ha disputado. De hecho, con 152 partidos a sus espaldas, no hay otro seleccionador que mejore sus registros: 103 victorias, 26 empates y 23 derrotas. Tan solo su compatriota Sepp Herberger con la República Federal de Alemania le supera como el seleccionador con más partidos dirigidos de la historia, 169, aunque con un peor ratio de resultados: 96 victorias, 27 empates y 46 derrotas.

Joachim Löw, el alquimista moderno

“El fútbol que se practica en España lo siento como algo próximo”, reconoció en una entrevista para EL PAÍS en 2012. Ese gusto por el juego de control lleno de transiciones rápidas que lleva impulsando desde el banquillo llamó pronto el interés de los clubes más importantes de la Liga (Real Madrid y Barcelona lo incluyeron en su cartera de futuribles), aunque Löw siempre se ha refugiado en su compromiso con Alemania para descartar cualquier salida. Casado y sin hijos, “nos habría gustado tenerlos pero por desgracia no es así”, este entrenador de aspecto juvenil y vestimenta ceñida, esconde un carácter afable y comprensivo que le ha llevado a establecer una relación casi familiar con sus jugadores. “He de confesar que muchas veces termino llorando después de decirle a un jugador que no vendrá a un campeonato”, reconoció recientemente. Se refería en ese momento a Julian Draxler, al que dejó fuera de la Eurocopa de 2012, y que cinco años después, con 23, ha capitaneado a Alemania en la Confederaciones, y ha sido reconocido como mejor jugador del torneo.

“Nos merecimos ganar la Confederaciones”, remachó durante una rueda de prensa en la que acabó empapado tras la irrupción por sorpresa de alguno de los jugadores. Renovado hasta 2020 por la Federación Alemana, Löw cumplirá un ciclo de 14 años en el banquillo germano. Y si gana el próximo Mundial no habrá alemán que no quiera prolongarlo en el cargo indefinidamente.