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Ciclotímico Barcelona: del fracaso de los fichajes, al adiós de Luis Enrique y el despertar de Messi

El conjunto de Luis Enrique perdió consistencia al tiempo que despertó a Neymar y recuperó la mejor versión del 10

Messi, en el último duelo ante el Eibar. Ampliar foto
Messi, en el último duelo ante el Eibar. REUTERS

Se presentó el Barcelona de Luis Enrique en la temporada con un currículo demoledor: ocho títulos de 10 posibles. Y, cuando arrancó la campaña, parecía que seguía dispuesto a llevarse a todos por delante porque no le dio opciones al Sevilla en la Supercopa de España. Pero el Barça perdió fiabilidad, equipo inconsistente, capaz de lo mejor y lo peor, demasiado pendiente de la inspiración del tridente. La Juve lo echó de la Champions en cuartos y el Madrid le birló la Liga. Ahora, le queda la Copa. Un premio de consuelo para un equipo que supo ganarlo todo.

La montaña rusa azulgrana. Anduvo ciclotímico el Barcelona en la Liga, testarudo en las citas importantes, distraído en los duelos más fáciles para el DNI azulgrana. El Barça no conoció la derrota ante los grandes: Real Madrid (1-1 en el Camp Nou y 2-3 en el Bernabéu), Atlético (1-1 y 1-2), Sevilla (3-0 y 1-2), Athletic (3-0 y 0-1) y Valencia (4-2 y 2-3). Sin embargo, se encogió ante rivales menores: perdió contra el Alavés en el Camp Nou (1-2); no pudo derrotar al Málaga (0-0 en casa y 2-0 en La Rosaleda); cayó ante el Celta en Vigo (4-3); el Deportivo le ganó en Galicia (2-1); y empató ante el Betis en Andalucía (1-1). “En los duelos importantes damos el do de pecho. Pero hemos tenido malos partidos, sería una pena que no ganáramos la Liga por haber hecho el tonto”, anticipó Piqué. Y perdieron la Liga, también la Champions. En la Copa, sin embargo, el Barcelona se metió en la final después de dejar en el camino a huesos duros: Athletic (octavos), Real (cuartos) y Atlético (semifinales).

El efecto Madrid. Desde que Messi silenció el Santiago Bernabéu para asegurar el triunfo sobre la bocina (2-3), el Barcelona anda enfilado, con siete triunfos y un empate. No paró de golear el equipo porque destrozó a Osasuna (7-1), conquistó Cornellà en el derbi (0-3), venció al duro Villarreal (4-1), maniató a Las Palmas (1-4) y cerró la Liga con un triunfo ante el Eibar (4-2). Un promedio de 4,4 goles por duelo antes de enfrentar al Alavés, al que ya le endosó seis en Mendizorroza.

De la mejor plantilla a los problemas estructurales. Antes de arrancara el curso, Luis Enrique aseguró que tenía la “mejor plantilla” desde que era el técnico del Barcelona. Sin embargo, esa frase resultó un bumerán para el asturiano. El Barça sufrió con un banquillo raquítico. Con Umtiti como excepción, ninguno de los otros ocho fichajes de las últimas dos temporadas conquistó a Luis Enrique. Una situación que toma mayor importancia cuando no hay relevo para Busquets ni un lateral derecho puro, tampoco un extremo puro. Tras el adiós de Dani Alves, Sergi Roberto se tuvo que reinventar y quedó como el único jugador del grupo en esa demarcación después de la lesión de Aleix Vidal en febrero. Luis Enrique tuvo que improvisar con Mascherano y André Gomes para en esa posición, hasta el punto de que frente al Alavés, con Sergi Roberto sancionado, deberá escoger entre el argentino (arrastra una lesión muscular) o el luso. Y como extremos ocasionales se han reivindicado Arda y Rafinha, también Alcacer. Pero ninguno ofrece profundidad ni estilo sino que se desenvuelven en el área.

Piqué, durante una sesión de la semana pasada. ampliar foto
Piqué, durante una sesión de la semana pasada. EFE

Piqué en la diana. El presidente del Barcelona, Josep Maria Bartomeu, habla a cuentagotas. Luis Enrique lo hace por obligación. Y sin un vocero oficial, Piqué se dedicó a jugar, también a enviar mensajes. Pasó las de Caín con España —anunció que dejará La Roja tras el mundial de Rusia— y ejerció de portavoz del grupo azulgrana. “Contra los mismos equipos. 8 puntos. 8 y tal. Los recortes son de prensa de Madrid por la duda”, tuiteó el central en febrero. El azulgrana aportaba en su publicación los recortes de los periódicos en que se explican cómo los árbitros midieron de forma diferente acciones polémicas en los partidos que el Barça y el Madrid disputaron contra el Málaga y el Villarreal. En febrero arengó a la hinchada en la previa de la remontada histórica ante el PSG y en marzo apuntó al palco del Bernabéu. “La señora [Marta Silva, abogada general del Estado y directora del servicio jurídico del Estado] que imputó a Messi, a Neymar, y que hace un trato diferencial de Cristiano, se sienta al lado de Florentino Pérez en el palco y no pasa nada”, dijo tras un partido de España. Así, en los festejos de la Liga, los jugadores blancos se acordaron de él.

El ‘vía crucis’ de Iniesta. El interior azulgrana figuró en el puesto número 13 de los jugadores más utilizados por Luis Enrique en la temporada: jugó 36 partidos (los mismos que Denis Suárez) y participó en 2.203 (el 60%). No le ayudaron las lesiones al manchego, que padeció tres problemas (dos en la rodilla y otro muscular) en distintos momentos del curso. “He vivido un año diferente, pero me tengo que habituar a lo que hay”, dijo Iniesta, que se pasó cerca de dos meses y medio parado.

Messi, como siempre; Neymar, como nunca. Desde que se marchó Eto’o en 2009, Messi se consolidó como el dueño del gol en el Barça. Pero el año pasado se tomó unas vacaciones y le cedió el Pichichi azulgrana a su amigo Luis Suárez. Esta temporada, sin embargo, todo volvió a la normalidad, Messi es el máximo artillero del equipo. El 10 suma 53 goles, lo sigue el charrúa con 37 y Neymar con 19. A veces, con la puntería torcida, siempre punzante (es el jugador que más regateó, 464. Messi, el que lo sigue sumó 328), el brasileño, a sus 25 años, se desató. “Este ha sido el mejor año de mi vida”, resolvió Neymar.

La mirada del adiós. Luis Enrique ya le había adelantado durante la pretemporada a la directiva azulgrana que no estaba seguro de si continuaría en el banquillo del Camp Nou. Y el asturiano dijo basta en marzo. En la víspera de la remontada histórica ante el PSG (había caído 4-0 en la ida), el técnico asturiano anunció su despedida. “Necesito descansar”, explicó. Y semanas después añadió: “Desde que los jugadores saben que no me verán más, vuelan”. Después de que Luis Enrique dijo que se iba, el Barça jugó 17 partidos: tres derrotas y un empate (perdió ante la Juve, el Málaga y el Dépor y firmó tablas con el equipo italiano). Antes, había disputado 41 encuentros: cinco derrotas y ocho empates.