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Más que Cristiano, menos que Messi

Los blancos se han sostenido sin el mejor CR y con la BBC bajo sospecha; el Barça no ha secundado al “diez” con la frecuencia debida

Cristiano Ronaldo habla con Karim Benzema antes del partido de Champions contra el Bayern.
Cristiano Ronaldo habla con Karim Benzema antes del partido de Champions contra el Bayern. Getty Images for FC Bayern

Una circunstancia tan repetida como capital tiene hoy al Madrid con una sobredosis de optimismo en la Liga y en Europa, y al Barça acongojado y con borrasca a la vista. El equipo blanco tiene cesto, variedad de recursos sin que haya ideario táctico que prevalezca. Limitado a sus tres delanteros, el conjunto barcelonista vive ensimismado con lo que fue sin reparar en lo que ya no es. El latir de uno y otro trasciende a una oportunista lectura de resultados. Este Madrid ya es mucho más que Cristiano; este Barça, más que nunca, es menos que Messi. Como prueba, el cuadro blanco se ha sostenido sin el mejor CR y con la BBC bajo sospecha. El Barça no ha logrado secundar al “diez” con la frecuencia debida. Por ahora, la orquesta merengue se ha impuesto a los solistas culés. Y eso que la productividad de la vanguardia titular barcelonista ha superado con creces a la madridista.

Ninguno ha sido un equipo redondo, pero el Madrid se ha apañado mucho mejor, con el Barça a tirones y a golpe de riñón de su tridente. Detrás, poco o nada, con una batería de suplentes empeñados en parecer aún más suplentes cada vez que tienen salida al ruedo. De momento, no es la temporada con mayor púrpura de la BBC, pero la segunda unidad ha maquillado de maravilla a la primera. Con unos y otros, la consistencia del Madrid ha sido superior. Lo mismo dan los planteamientos, es un equipo de goteos: de Ramos, de CR, de Benzema, de Bale, de Morata, de Lucas, de Isco, de Carvajal, de Marcelo, de Nacho… Y de Asensio, por supuesto, jugador de brillante presente inmediato y un extraordinario futuro.

Mientras a Zidane le han respondido los reclutas, el Barça ha ido en cuadro. Al contrario de lo sucedido con su colega francés, cada vez que ha intervenido Luis Enrique para rotar el asunto se le ha puesto muy feo, fuera en A Coruña, en Málaga o en feudo propio con el Alavés. Tampoco la dosificación le ha garantizado siempre una enérgica respuesta de los pretorianos. No la tuvieron en el clásico de la primera vuelta en el Camp Nou, como tampoco en los estrépitos de París y Turín. Y la sonada y controvertida remontada ante el PSG parece haber quedado reducida a fuegos artificiales vistos los pasos por La Rosaleda y el Piamonte.

Ante la Juve, pese al empeño organizador de Messi, nadie se rebeló como Neymar frente a los apocados muchachos del contenido Unai Emery. El mismo Neymar que de tanto trapicheo comercial con sus botas ha acabado por quedar en fuera de juego para la visita al Bernabéu. Por quisquilloso que fuera el árbitro, la melonada del brasileño entronca con la de Mathieu al creer en “off-side” a un rival en campo propio o con la de Mascherano, que con dos cabezas menos quiso defender a Chiellini y encima de espaldas a la pelota. Jugada esta, la del tercer gol del Juventus, que retrata mal a Juan Carlos Unzue, proclamado estratega jefe en las acciones a balón parado. Ni Piqué ha encontrado argumentos para la defensa. Quizá acabe por interiorizar que el problema del Barça está en el Barça, con un presidente sin eco alguno, un técnico con fecha de caducidad reñido con el mundo entero menos con André Gomes, un director deportivo que apadrinó a éste y otros fiascos, una cantera improductiva desde hace tiempo… Queda Messi, claro. Pero su gancho no solo depende de una renovación, sino de construirle un nuevo modelo. Lo de toda la vida con Leo ya no basta.

La calamitosa semana azulgrana ha dado pista al Madrid, que a media tarde del pasado sábado se veía sacudido por fantasmas tras empatar con el Atlético. El guiño del Málaga de Míchel le dio tanto alivio como la irrupción de CR en Múnich tras seis meses sin un “golito” que descorchar en Europa. Llegado un día marcado en rojo, CR copó los titulares, lo que no debe obviar que sus goles fueron el broche al gran repunte del equipo en el segundo acto, en el que borró a todo el Bayern salvo a Neuer. Una victoria de tronío, que no decisiva, en un momento crucial del fin de temporada que se avecina.

Si nada se le tuerce, en diez días el Madrid puede verse en semifinales de Champions y con la Liga en la mochila tras el clásico del día 23. Cerca de un doblete Liga-Copa de Europa que no conquista desde 1958. De conseguirlo no será el doblete de CR o la BBC, sino del Real Madrid Club de Fútbol. Su juego no será motivo de examen en ningún simposio, pero en un deporte con el “egómetro” por las nubes, la suma de los mosqueteros lo merecería. Al Barça, aun si hubiera nuevos milagros, nada le ayudaría más que desviar la mirada del ombligo y convenir con Messi cómo volver a arroparle mejor, en sus buenos días y en los malos. Cristiano, aunque no se lo diga su espejo, sí que está mejor protegido que nunca.

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