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Maverick Viñales hace buenos los pronósticos y gana en Qatar

El piloto español se lleva la pugna con Dovizioso y se estrena con victoria en Yamaha. Marc Márquez fue cuarto, Pedrosa quinto y Lorenzo, undécimo

MotoGP
Maverick Viñales celebra su victoria en Qatar. AFP

Tener que ganar. Sonreír en la parrilla. No querer aislarse del equipo. No necesitar música. Soportar los nervios. Saber lidiar con la presión. Aprovecharse de ella. Y correr como si el mundo no estuviera pendiente de todos tus movimientos.

Tener que ganar. Y ganar.

Así es Maverick Viñales. El chaval de Roses (Girona) al que su ingeniero de pista aprieta y aprieta porque nunca dice que no a una vuelta más. A probar un nuevo cambio, una pieza distinta. El tío que tiene las cosas tan claras que, a veces, hasta parece que responda con un abrupto. “No le interesa el dinero, ni la fama, solo quiere ser campeón del mundo”, dijo Lin Jarvis, el hombre que lo fichó para sustituir a Lorenzo en Yamaha y asegurarse un futuro lleno de triunfos. No le falló el olfato.

Hizo una mala salida. No es raro en él. Salía desde la primera posición, pues había sido el hombre más rápido del fin de semana y, especialmente, del viernes –la jornada que valió para establecer la parrilla de salida después de que se cancelaran todas las sesiones del sábado por la lluvia–, pero cayó hasta la quinta posición después de que un francés con ganas de estrenarse a lo grande llegara a su posición como un obús. Se lo tomó con toda la paciencia que siempre tiene. Porque sabía que tenía mejor ritmo que ninguno de sus rivales. Y porque no hay peor medicina que ponerse nervioso y querer adelantar más rápido de la cuenta para cometer un error. Además, era importante conservar el neumático.

El primer adelantamiento se lo hizo a Márquez, aunque por entonces ya rodaba en la tercera posición, pues se habían ido al suelo el debutante Zarco, sorprendente líder de la carrera durante las primera seis vueltas, y también Iannone (en la vuelta 11, después de protagonizar un duelo fantástico con el de Honda). El nuevo piloto de Yamaha se colocó en segunda posición en la vuelta 12, a ocho giros del final. Y empezó su persecución.

Dovizioso, que se sabe fuerte en esta pista, que tenía confianza, ritmo, y había salido con la goma trasera más blanda, se las vio con Márquez casi en cada paso por la recta de meta. Lo mismo que después con Viñales. La Ducati, ya se sabe, es un avión. Y en Losail siempre le ha sacado partido a ese kilómetro de recta para tomar posiciones en la primera curva. El italiano asumió la cabeza de la carrera con la caída de Zarco y estuvo allí hasta que la Yamaha le dio caza. Fue a seis vueltas para el final. Aunque recuperaría el primer puesto, cómo no, en aquella primera curva, tras sacar todo el rendimiento a su potente motor. Pero le duró poco. Siguió mandando el español en el circuito, que a falta de caballos sabía dónde echar mano de su destreza y cómo meterle la moto por el interior: en las curva dos, o en la seis, una horquilla muy cerrada, a la izquierda, con la que se garantizaría la victoria en la última vuelta: adelantamiento en las curvas cuatro y cinco, las dos a la derecha, y la puntilla en la seis.

Viñales y Rossi, durante la carrera. ampliar foto
Viñales y Rossi, durante la carrera. AFP

La carrera fue magnífica. No solo por la batalla entre ellos dos. También por la lucha que habían protagonizado Márquez y Iannone. Por ver destacarse a una Aprilia en las manos de un currante como Aleix Espargaró. Por ver mandar a un debutante y con una moto satélite, la Tech3 de Zarco, aunque solo fuera por unas pocas vueltas. Y por corroborar que Rossi, aunque el invierno sea frío y duro, siempre es capaz de subirse al podio un domingo de carreras. Lo volvió a hacer en Qatar, una pista que le gusta y en la que gusta. Salía desde la novena posición, pero eso nunca fue inconveniente para él, un asiduo a las remontadas.

Los que menos sonrieron fueron los pilotos de Honda, que aunque ya sabían que Losail no es el mejor escenario para sacarle brillo a su pilotaje, tampoco esperaban un cuarto y un quinto puesto. Pero el campeón del mundo del año pasado equivocó la elección del neumático delantero, el más blando, que cambió a última hora, temeroso de una pista demasiado húmeda y en condiciones difíciles. Y Pedrosa, sin hacerlo, también se quedó sin agarre; por poco le birla el sitio Aleix, sin ir más lejos. Tampoco tiene motivos para sonreír Lorenzo en su debut con la Ducati. Se fue fuera de la pista en la salida, cayó a la 16ª plaza y apenas pudo remontar unas pocas posiciones para acabar 11º. No tuvo buenas sensaciones en ningún momento, pero se agarra a la evidencia: la moto que pilota ahora llevó a otro corredor al podio, así que estaba para ganar.

Era la primera carrera del mundial y comenzó casi con una hora de retraso. Eran las 20.53 cuando, con todo preparado para la competición, empezó a llover. La solución fue esperar y salir a rodar para comprobar el estado de la pista. La carrera finalmente se iniciaría 45 minutos más tarde y se correría a 20 vueltas, dos menos de lo reglamentario.

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