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Khedira: “No hay tantos jugadores mejores que yo”

El jugador alemán de la Juventus vive uno de los mejores momentos de su carrera

Khadira, antes de un partido de Champions en Turín, en diciembre de 2016.
Khadira, antes de un partido de Champions en Turín, en diciembre de 2016. Getty

Cuando Sami Khedira (Stuttgart, 29 años) se fue a la Juventus en el verano de 2015 existía la sospecha de que estaba en los estertores de su carrera pese a su juventud. Las lesiones lastraron sus últimos años en el Madrid, pero ahora cuenta que está en uno de sus mejores momentos, profesional y personalmente. Hoy la Juve recibe al Oporto (20.45, beIN Sports) con la clasificación a cuartos casi encarrilada (0-2 en la ida), aunque el campeón italiano debe confirmar ese primer paso hacia el objetivo de ganarlo todo.

Pregunta. ¿Es esta la temporada apropiada para el triplete?

Respuesta. Podría serlo, y es nuestro deber intentarlo. En el campeonato estamos bien situados, en la Copa, también. Para ganar la Champions se necesita estabilidad, pero también forma física y buena suerte: es una combinación de factores. Desde luego, hay calidad y espíritu de equipo: los que no juegan están presentes, activos, felices. Todos tenemos en la cabeza el mismo objetivo.

P. Son el equipo de más edad de los octavos, junto al Bayern. ¿Es la edad perfecta para ganar?

R.¿Cuál es la edad perfecta? No se trata de números, sino de sensaciones. El Bayern tiene treinta años [de media], pero ¿ha visto cómo juega? Ellos y nosotros combinamos experiencia y frescura. Estamos en la situación ideal.

P. ¿Y usted cómo se encuentra a sus casi 30 años?

R. Perfectamente. Para mí, envejecer es ganar. De pequeño soporté muchos infortunios, y uno grande cuando estaba en el Real Madrid, pero no me han marcado. Tuve dificultades mentales y espirituales, pero lo superé confiando en personas preparadas, en la medicina alternativa, en el entrenamiento visual para mejorar la percepción de mí mismo. Me enfrento continuamente con mi propio cuerpo y dedico noche y día a mi trabajo: no es casualidad que esta sea la temporada en la que más estoy jugando. Si juego me divierto, y si juego siempre, mucho mejor.

P. ¿Ha madurado definitivamente en Italia?

R. He aprendido la flexibilidad táctica, pero aquí se trabaja duro en todos los aspectos, con precisión, sin dejar nada al azar, y esto me ha sorprendido: tenemos otra idea de Italia.

P. ¿Un alemán no cree que en Italia se trabaje duro?

R. Los italianos tienen una reputación ligada a la dolce vita, mientras que a los alemanes se los considera más severos, más dirigidos hacia un objetivo. Cuando piensas en Italia, piensas en los espaguetis, la pizza, el café, en disfrutar de la vida... no en la idea de que se trabaje. Pero es un prejuicio que vale también para España: en efecto, en Madrid nos ejercitábamos casi exclusivamente en la técnica, y pensaba que en Italia sería igual. Y, en cambio, no es así, aquí los entrenamientos son muy intensos. Pero si nosotros, los alemanes, aprendiéramos a concedernos algún placer, ayudaríamos a nuestra creatividad y mejoraríamos nuestra reputación.

P. ¿Qué tipo de alemán es usted?

R. He heredado de mi padre un temperamento árabe que he mezclado con mis virtudes alemanas: creo que soy correcto, amable, respetuoso y un gran trabajador. En España e Italia he aprendido que beber un vaso de vino en la terraza no quita nada a la profesionalidad, sino todo lo contrario. Pero no me detengo aquí, quiero dejarme contagiar por otras culturas, me interesan la estadounidense y la asiática, quiero conocer hasta los detalles más insignificantes de otros pueblos. Lo encuentro muy interesante.

P. ¿Su padre abandonó Túnez huyendo del hambre?

R. No, por amor.Mi madre y él se conocieron en Túnez. Fue amor a primera vista.

P. ¿Fue fácil la existencia para una pareja mixta?

R. Hace 30 años no era tan habitual como ahora. Al principio, a mi padre le veían y se sentía como alguien distinto, pero luego aprendió alemán, pronto y bien, y aceptó la cultura y las tradiciones alemanas. No dijo: “Soy musulmán y no me adapto”. De modo que dio y obtuvo respeto. Cuando se habla de integración, el punto fundamental es saber aceptar y adaptarse a la mentalidad y a las reglas del país que nos acoge, no obstinarse en querer cambiarlas.

P. ¿Cómo reaccionó la familia de su madre ante el hecho de que quisiera casarse con un africano?

R. Anteponiendo el conocimiento a los prejuicios. Concedió a mi padre la posibilidad de ser escuchado, para poder hacer una evaluación. No podemos gustar a todos, nunca habrá un solo amor en el mundo, pero antes de decidir si una persona nos gusta o no, hay que evaluarla. Así ocurrió con mis padres. Mi padre demostró lealtad, corrección, y una gran capacidad de adaptación. Al final, la convivencia siempre es un compromiso.

P. ¿Es un término medio entre la diversidad y haber hecho grande a Alemania?

R. No ha sido ninguna sorpresa; yo he crecido en un crisol, pero desde 2006 ha cambiado la manera de ver estas cosas. Muchos de nosotros no somos alemanes al 100% en cuanto a procedencia ni en cuanto a aspecto. En cambio, sí que lo somos por la manera en que nos identificamos con este país. No hay alemanes nuevos y viejos. Todos hablan perfectamente el idioma. Algunos matices ya ni siquiera se notan.

P. Dice que le fascina la cultura estadounidense. ¿Es verdad que el año que viene se irá a jugar allí?

R. Iré a Estados Unidos, pero no ahora. Todavía quiero jugar unos cuantos años a alto nivel. Me encuentro bien física y mentalmente. En el mundo hay grandes jugadores, pero la verdad es que no hay tantos que sean mejores que yo. Quiero ganar la Champions, quiero defender el título mundial con Alemania, y todo esto no sería posible si me fuese a EE UU o a China. Por otra parte, aquí también me pagan bien.

P. ¿Echa en falta no haber jugado nunca en uno de los grandes clubes de la liga alemana?

No. Llevo al Stuttgart en el corazón y estoy orgulloso de que sea la única camiseta alemana de mi vida. En el futuro volveré a echarles una mano, quizá desempeñando otra función, pero primero voy a jugar todavía unos años, y luego me tomaré un descanso para viajar por el mundo.

P. ¿De qué placer ha aprendido a disfrutar en Italia?

R. De tomar un café en el centro o de saborear un vaso de vino tinto.

P. ¿Es un experto?

R. No. Me fío de Barzagli y de Marchisio.

 

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