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Tan, campeona 'postiza' en el trono de Hou

La china, 13ª del mundo, gana en el desempate a Anna Muzychuk, 3ª, y defenderá el título ante Ju, 2ª

La china Zhongyi Tan, de 25 años, 13ª del mundo, pasa a engrosar desde hoy la lista de campeonas del mundo postizas tras doblegar en el desempate rápido de la final de Teherán (Irán) a la ucrania Anna Muzychuk, 3ª del escalafón. Tendrá que defender el título este año en un duelo a diez partidas ante su compatriota Wenjun Ju, 2ª. Y es muy consciente de que la mejor del mundo no es ella, sino otra china, Yifán Hou, quien se niega a disputar Mundiales por eliminatorias cortas (cada dos años) como este, en el que además era obligatorio ponerse el velo en la sala de juego.

Zhongyi Tan, ayer, durante la final del Mundial en Teherán Ampliar foto
Zhongyi Tan, ayer, durante la final del Mundial en Teherán

Tan sufrió bastante para empatar la primera partida del desempate (25 minutos por jugador más diez segundos adicionales tras cada movimiento), pero Anna Muzychuk (hermana de Mariya, campeona postiza en 2015) no logró convertir su ventaja en victoria. La china presionó muy bien en la segunda hasta provocar acuciantes apuros de tiempo de su rival; la posición de la ucrania era sostenible sólo tres jugadas antes de su rendición, pero ahí cometió el error fatal.

Precisamente los nervios han sido la clave para la nueva campeona: “Por alguna razón estuve muy calmada durante todo el torneo, en cada partida. No sentí nervios, ni estrés ni presión”, reconoció en su primera conferencia de prensa como campeona. Esa tranquilidad quizá se deba a que no se veía como favorita: “No hice ninguna preparación especial para este torneo. Entre otras razones, porque poco antes celebré el Año Nuevo chino con mi familia”, añadió, tras señalar que su momento más difícil en el Mundial fue la segunda partida contra la excampeona Anna Ushenina, también ucrania.

Anna Muzychuk, ayer, durante la final del Mundial en Teherán ampliar foto
Anna Muzychuk, ayer, durante la final del Mundial en Teherán

A pesar de la gran popularidad del ajedrez en Ucrania, ese país no envió a nadie a Teherán para que arropase a Anna Muzychuk durante la final, en contraste con el cuidado que la Federación China siempre pone en esos detalles. Para disminuir su soledad, Muzychuk ha compartido su tiempo libre con varios miembros de la organización.

De los 60.000 dólares (56.900 euros) del primer premio, la Federación Internacional (FIDE) se lleva un 20%, por lo que a la campeona le quedan 48.000 dólares (45.500 euros) antes de los impuestos que eventualmente pagará al Gobierno chino. El premio para Muzychuk es la mitad.

Un momento de la cuarta partida de la Final del Mundial, ayer en Teherán. ampliar foto
Un momento de la cuarta partida de la Final del Mundial, ayer en Teherán.

Tan brilla desde niña: fue bicampeona del mundo sub 10 en 2000 y 2001 en la ciudad española de Oropesa del Mar (Castellón); y campeona sub 12 en 2002 en Heraklión (Grecia). Desde entonces ha triunfado en varios torneos asiáticos, y el pasado septiembre confirmó su potencial con la medalla de oro individual en el cuarto tablero de la selección china que disputó la Olimpiada de Ajedrez de Bakú (Azerbaiyán).

La nueva ocupante del trono sólo podrá disfrutar de su corona durante unos meses… salvo que la FIDE decida violar sus propias reglas, como tantas veces ha hecho. En su calendario oficial figura, sin fechas, el Mundial Femenino de 2018, concedido a la ciudad siberiana Janti Mansiisk (Rusia), pero no hay una sola mención del duelo que Wenjun Ju, 2ª del mundo, ganadora de la serie de torneos del Gran Premio Femenino 2015-2016, deberá disputar en 2017 contra la vencedora de este Mundial de Teherán, que se tendría que haber jugado en 2016.

La campeona del mundo hasta hoy, Yifán Hou, a finales de enero en el torneo de Gibraltar ampliar foto
La campeona del mundo hasta hoy, Yifán Hou, a finales de enero en el torneo de Gibraltar

Preguntada con urgencia por EL PAÍS, la jefa de la administración de la FIDE, Polina Tsedénova, contestó de inmediato: “Las fechas del duelo se anunciarán más tarde”. La interpretación más lógica de esa respuesta es que la FIDE estaba esperando a saber la nacionalidad de la nueva campeona para conceder la sede del duelo a ese país o a China. Fuentes próximas a la FIDE en Teherán confirmaron esa deducción, pero añadieron: “Es absurdo que la nueva campeona sólo lo sea durante seis meses, por lo que probablemente no habrá duelo hasta el primer trimestre de 2018”.

Mientras todo eso se aclara, casi puede asegurarse que la número uno seguirá siendo Yifán Hou, de 23 años, y con mucha claridad: su diferencia actual en el escalafón sobre Ju (54 puntos) es mucho mayor que la de Magnus Carlsen sobre Wesley So en la lista absoluta (18 puntos); y, aunque Ju la derrotó hace mes y medio en el torneo de Gibraltar, la calidad habitual de su juego está varios peldaños por encima de la de Ju, Muzychuk, Tan (que está a 142 puntos) y cualquier otra. Además, no se ve en el horizonte ninguna jugadora menor de 20 años que pueda amenazar su hegemonía a medio plazo. La más prometedora era la rusa Goriáchkina, pero su progresión es casi nula últimamente.

Hou es la única mujer muy cercana a los cien primeros del mundo (entre quienes ya ha estado varios años), y también la única que podría acercarse al récord histórico de Judit Polgar, 8ª del mundo en 2005. Ha mantenido conversaciones con la FIDE durante años para que se cambie el formato del Mundial Femenino y, ante la persistente negativa, ha decidido no jugar ninguna prueba del ciclo del Mundial, ni siquiera la serie de torneos del Gran Premio Femenino 2017-2018, cuya primera clasificada retaría a la campeona del mundo en 2019. Por cierto, esos cuatro torneos tampoco aparecen en el calendario oficial de la FIDE.

La FIDE es incapaz

El ruso Kirsán Iliumyínov, presidente de la FIDE, el martes en la clausura del Gran Premio de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos)
El ruso Kirsán Iliumyínov, presidente de la FIDE, el martes en la clausura del Gran Premio de Sharjah (Emiratos Árabes Unidos)

L. G.

Todo este embrollo del Mundial Femenino nace de la incapacidad de la FIDE para lograr patrocinadores, sobre todo para las competiciones femeninas. Sus dirigentes optaron por una supuesta solución que en realidad crea problemas mayores: en lugar de replicar la fórmula del Mundial Absoluto -bienal, con un formato que maximiza las probabilidades de que el campeón sea también el número uno-, el Mundial Femenino es anual, con dos formatos alternos; supuestamente en los años pares (si no hubiera retrasos), con 64 participantes y eliminatorias a sólo dos partidas, excepto la final (a cuatro); y en los impares un duelo a diez partidas. De ese modo, la probabilidad de que la campeona no sea la mejor del mundo aumenta mucho.

En coherencia, los Mundiales como este de Teherán deberían llamarse Copa del Mundo Femenina, para equipararse con la Copa del Mundo Absoluta, que se disputa los años en que no hay Campeonato del Mundo Absoluto. Y entonces todo sería lógico y clarísimo, pero la FIDE cree que al denominar “Campeonato del Mundo” a un torneo con 64 participantes de muchos países está aumentando sus probabilidades de lograr patrocinadores. Sin embargo, la pésima imagen de ese organismo -por citar sólo un botón de muestra, su presidente, Kirsán Iliumyínov, está en la lista negra de la Casa Blanca por su colaboración con el actual Gobierno de Siria- y la acreditada ineficacia de la mayoría de sus dirigentes dificultan mucho esa tarea.

Y así se llega a situaciones como la de este Mundial. La de Teherán era la única candidatura, y la Asamblea General de la FIDE la aceptó el pasado septiembre sin un solo voto en contra, a pesar del uso obligatorio del velo. Sólo una jugadora de élite, la excampeona Mariya Muzychuk, y cuatro o cinco más se negaron a competir por ese motivo, porque las demás prefieren jugar un Mundial con velo que no jugarlo. Dado que Irán está apostando fuerte por el ajedrez desde que el imán Jomeini revocó (hacia 1988) la prohibición de jugarlo que él mismo había dictaminado unos ocho años antes, la FIDE podría haber presionado para que el velo fuera voluntario. Pero, sin candidaturas alternativas, su capacidad negociadora era nula.

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