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El Barcelona, sin márgenes

Sergi Roberto y Jordi Alba, que repartió dos goles, recuperan la profundidad de los laterales y resquebrajan la tupida defensa de Osasuna

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Messi agradece a Alba su asistencia en el gol ante Osasuna. AP

El Barça apenas se expresó por las bandas en el clásico, un duelo que exigía amplitud de campo para poder desarbolar a la zaga del Madrid, cómoda ante un Messi que siempre se perfilaba hacia dentro para tocar más balón. Copados los pasillos interiores, el equipo azulgrana no destiló su fútbol sino que se remitió a las individualidades porque por los carriles no había vida. Sergi Roberto se quedó en casa aguardando las posibles embestidas de Ronaldo y Alba prefirió atarse atrás para que no le pillaran la espalda en una contra adversa. “Los rivales suelen replegarse con ocho o nueve jugadores más el portero para reducir espacios, para que se les generen pocas opciones de combinar y tener poco tiempo para hacerlo. Por eso es clave la amplitud, la profundidad, los centros y remates, los tiros desde fuera el área, las llegadas desde la segunda línea…”, resolvió Luis Enrique dos días más tarde; “aunque luego hay que decidir si por las bandas caen los extremos o los laterales, o los interiores porque el objetivo es atacar los espacios que nos deja el rival”. Dos partidos después, ya en El Sadar, los laterales al fin recuperaron su reino. No es que centrara en exceso el equipo (nueve veces), pero sí que abrió el campo y movió el balón de lado a lado hasta encontrar la ranura.

La exquisita corrección de André Gomes

Una vez recuperado Iniesta, las dudas del Barcelona se ha trasladado al interior derecho, un puesto que parecía reservado a Rakitic. El croata no pasa por su mejor momento de forma y Luis Enrique ha optado por dar protagonismo a André Gomes por encima de Denis Suárez o del punzante y goleador Rafinha, que cuenta con cinco tantos.

al portugués se le recrimina su excesiva corrección. André Gomes es tan pulcro y tímido que pasa desapercibido en muchas fases del partido, como si no jugara, cuando en realidad no hace nada mal y al tiempo juega sin ningún riesgo, siempre escrupuloso con las órdenes del entrenador. Al hilo de las declaraciones de jugadores que le precedieron, Gomes aprende a jugar a fútbol en la clave Barça. El juego de posición de los medios, y su asociación con los laterales y extremos, es esencial en el equipo de Luis Enrique.

Messi se tiró hacia dentro como siempre, André Gomes se preocupó de tapar la posible transición defensa-ataque del rival y Sergi Roberto ocupó la banda. Potente y habilidoso en la conducción, se cobró metros por el carril y hasta tiró 10 regates de los que se salió airoso en ocho. “Es importante abrir mucho el campo cuando jugamos contra defensas replegadas”, convino en Pamplona el lateral, que tiene claro que el puesto es suyo porque Aleix Vidal se quedó de nuevo en casa, sin el premio de haber jugado “a un nivel espectacular” ante el Moenchengladbach, como definió el técnico. Y aunque el césped estaba irregular y corría poco y mal la pelota, Sergi Roberto se encontró como en casa porque El Sadar ya no es más esa caja de cerillas sino que el césped mide 105 metros de largo por 67,5 de ancho, medidas idénticas al Camp Nou (105x68).

Le dejó correr Osasuna a Sergi Roberto al igual que a Jordi Alba, que desenmarañó el encuentro con sus irrupciones y desdobles por la banda izquierda. Criticado tras el clásico porque acusó con improperios a Kovacevic de no saber hablar castellano —“espero que ahora hablen bien de mí”, resolvió en El Sadar—, Alba volvió a subirse de nuevo a su moto, olvidada en esta temporada desde el primer partido y el primer gol azulgrana en la Liga, su única asistencia hasta el momento.

Messi, el mejor socio

“Los laterales dan amplitud y profundidad, pero han estado en la misma línea que todo el equipo”, convino Luis Enrique en la sala de prensa, reacio a individualizar un éxito que consideró colectivo. Pero fue Alba el que desatascó el choque, invitado por Messi. Robó un balón Busquets y se lo dio al 10, que condujo el esférico hasta que el lateral rompió por la izquierda y se lo filtró al hueco. Leo, como siempre, se quedó atrás en búsqueda del esférico, pero el centro fue para Luis Suárez, que definió a placer. Fue en el segundo tanto cuando Alba se la devolvió a Messi, que le pegó mordido al balón y lo mandó a la red. “Es un jugador que me hace mucho mejor”, aceptó Alba; “me busca mucho al espacio y es importante para el equipo y para mí”.

Suma tres pases de gol Alba por los cuatro de Sergi Roberto, que curiosamente también los hizo en sus primeros cuatro encuentros. La diferencia es que Messi no atiende al primer palo cuando la jugada es por la derecha —por eso de la imposibilidad de girar el tobillo izquierdo hacia fuera— sino que busca el punto de penalti, donde hay más maraña. Y ahí es más difícil poner la pelota. Pero tampoco la necesita demasiado el argentino, que suma 14 goles en los últimos 11 encuentros, pichichi de la Liga por delante de Suárez y Ronaldo, que contabilizan 10. Aunque jugar sin márgenes ayuda, como bien lo sabe Osasuna.

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