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El Deportivo se desparrama y arrolla a la Real Sociedad

El equipo de Gaizka Garitano destierra sus fantasmas y golea en Riazor

Ryan Babel celebra uno de los goles del Deportivo ante la desesperación de Oyarzabal.
Ryan Babel celebra uno de los goles del Deportivo ante la desesperación de Oyarzabal. AFP

Tenía que ocurrir y sucedió. Le habían laminado los errores propios, los de unos cuantos árbitros en instantes decisivos, los aciertos de unos rivales que convertían en petróleo cualquier brizna de chapapote. Le había maltratado la fortuna, que dicen que palidece ante el esfuerzo, pero que en el caso del Deportivo era una tirana. Todo contenía al equipo que prepara Gaizka Garitano, todo ese caudal se desparramó en Riazor ante la Real Sociedad para darle una incontestable victoria ante un rival que el entrenador deportivista había designado horas antes como el mejor equipo del campeonato. El triunfo saca al Deportivo de los puestos de descenso, deja en ellos a Sporting igualado con el Valencia y da aliento a su probo, honesto y laborioso entrenador, cuya continuidad estaba en tela de juicio, si no de manera inmediata sí bajo examen antes de las fiestas navideñas.

Deportivo

4-2-3-1

Gaizka Garitano

13

Tyton

2

Juanfran

6

Albentosa

12

1 goles Gol

Sidnei

3

F. Navarro

22

Borges

11

Carles Gil

23

1 goles Gol

Babel

20

Cambio Sale Mosquera

Guilherme

8

Cambio Sale Fajr Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Emre Çolak

10

2 goles Gol Gol Cambio Sale Joselu

Florin Andone

1

Rulli

2

Carlos Martínez

22

Raúl Navas

6

Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Íñigo Martínez

19

1 goles Gol Tarjeta amarilla Tarjeta amarilla

Yuri

4

Illarramendi

12

Willian José

18

Oyarzabal

10

Cambio Sale Granero

Xabi Prieto

16

Cambio Sale David Concha

Canales

11

Cambio Sale Juanmi

Vela

R. Sociedad

4-3-3

Eusebio Sacristán

Casi todo ocurrió en una primera parte a la que el Deportivo llegó entre sospechas y su entrenador bajo los silbidos de un buen número de aficionados. Al descanso se marcharon aplaudidos, al final ovacionados. La pelota rueda y mueve las más férreas voluntades. Se le vio jugar mejor al Deportivo esta temporada, pero no quizás con tanto filo, con tanta atención a las detalles e indudablemente no con tanta suerte en los instantes clave. Se sobrepuso a dos errores iniciales mano a mano de Andone ante Rulli, en uno se escoró, en otro se enlenteció. Dos situaciones que podían dañar a un equipo necesitado del afecto de la victoria, del sosiego del que le pude teñir el triunfo. Nada detuvo ni a su delantero ni al equipo, que contuvo atrás las acometidas de la Real, sufrió para trabajar sin balón y golpeó. Primero lo hizo Sidnei, un central que podría jugar de lo que quisiese y que detuvo el tiempo en el área de Rulli para definir entre una maraña de defensores; después apareció Íñigo Martínez para enterrar en su meta un centro de Andone y al filo del descanso el propio rumano remató a la red un centro de Juanfran.

Las noticias de la Real llegaron en la ejecución de la estrategia, también en algún destello de Carlos Vela. Poca producción para un equipo que llegaba tras sumar trece puntos de quince posibles, de supera al Atlético y poner contra las cuerdas al Barcelona. La Real Sociedad se ilusionó antes del partido con salir de Riazor cuarta en la tabla y revivió con un gol de Yuri Berchiche antes del cuarto de hora de la segunda parte. Mientras tanto el Deportivo ya estaba a lo suyo, a dejar pasar las oportunidades para sentenciar. Porque en el estado de tensión en que vive necesita muchos goles en el zurrón para sentirse ganador. La Real olió la sangre y el partido se fue a un cara o cruz que detuvo el árbitro con un penalti por agarrón a Albentosa a la salida de un córner. Otros más claros sobre el hercúleo defensor se fueron en otras jornadas al limbo, pero este le cayó que ni pintado al Deportivo, afortunado incluso para que Babel se enmendase tras el rechace de Rulli a su lanzamiento del penalti. Por fin, descorsetado para mover la pelota ante la presión del rival, se pudo gustar entonces el Depor. Ya le tocaba. Fue entonces, tras el quinto gol, otro de Andone, cuando los futbolistas lanzaron un nítido mensaje: se fueron todos al banquillo a abrazarse con su entrenador.

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