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El Sky quiere a Froome sediento en el Tour

Roger Palfreeman, médico del equipo británico, proclama que la deshidratación funcional ayuda a mejorar el rendimiento

Froome, culminando la ascensión del Alpe d'Huez en el Tour de 2015. Ampliar foto
Froome, culminando la ascensión del Alpe d'Huez en el Tour de 2015. Getty Images

El peso de un corredor es el mayor misterio del ciclismo, la mayor obsesión. Perdiendo ocho kilos entre 2007 y 2012, bajando de 75 a 67 kilos, Chris Froome pasó de ser un ciclista del montón a ganar el Tour. Con menos cilindrada total (medida en consumo de oxígeno) y menos potencia absoluta en vatios, el británico consigue el mismo rendimiento relativo que Miguel Indurain, quien medía prácticamente lo mismo pero pesaba, en el momento de batir el récord de la hora en 1994, 14 kilos más. “Y perdiendo dos kilos en unas horas un día de montaña del Tour, Froome es capaz de ascender el Alpe d’Huez en 47s menos, lo que no es poco teniendo en cuenta que en 2015, por ejemplo, ganó el Tour solo por 72s. Y dos kilos los puede perder mediante una deshidratación controlada, funcional, bebiendo menos de lo que cierta lógica exigiría”.

La afirmación tan tajante salió de la boca de Roger Palfreeman, médico del Sky en 2016, que pronunció la semana pasada una conferencia en Doha (Qatar) sobre el calor y el ciclismo.

El argumento de Palfreeman partía de una sencilla operación aritmética: si pesando 67 kilos, Froome era capaz de ascender con una potencia de 6,25 vatios por kilo, pesando 65 movería 6,45 vatios por kilo, por lo que ascendería a más velocidad con el mismo gasto. La simpleza de la proposición de base presupone, también llevando la contraria a la creencia general, que con una deshidratación del 3%, la necesaria para perder dos kilos, no se produce un descenso en el rendimiento. Y una serie de premisas que Palfreeman desgranó en su presentación, en la que habló de cómo los deportistas pueden aprender a tolerar las sensaciones de beber menos de lo que les pide el cuerpo para que no afecte a su rendimiento. “La hidratación óptima no es la hidratación equilibrada”, dijo.

Para ello, para reducir el efecto nocebo (creer que algo va a salir mal determina el resultado final, y correr apremiado por la sed no es mal detonante para ello), Palfreeman, médico en su tiempo también del equipo BMC y de la Federación Británica de Ciclismo, propugnó que había que tener a los corredores desinformados de su estado de hidratación para eliminar pensamientos negativos y recomendó enjuagues bucales con mentol para engañar a la sed y generar una sensación de frío. A este proceso lo denominó “entrenamiento de la percepción térmica”, e incluye también, según Palfreeman, medicación con paracetamol, que ayuda a alterar la percepción térmica y tiene efectos analgésicos, y del antidepresivo Wellbutrin (bupropión), que mejora el rendimiento a 30 grados. Su uso preocupa a la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), que lo ha incluido en la lista de sustancias de uso controlado.

Antes del comienzo del Tour, Palfreeman contó que se debe hacer entrenamientos de adaptación al calor, como si se preparara para competir a 40 grados aunque después la temperatura real fuera menor, mediante deshidratación y baños de 40 minutos en agua a 40 grados. Con ellos se consigue un aumento de peso porque aumenta el volumen de plasma, justamente el líquido que más se pierde con el sudor del esfuerzo, y también un aumento de consumo de oxígeno, porque se aumentan los capilares para llevar sangre cargada de oxígeno a todos los músculos y aumenta la potencia de bombeo del corazón. Froome llega al Tour con sobrepeso, dispuesto a perderlo deshidratándose para pesar menos en la montaña.

“Luego allí, todo es un cálculo”, explica el fisiólogo español Alfredo Santalla que recuerda que Dennis Kimetto batió el récord del mundo de maratón usando una estrategia de escasa hidratación. “Con el descenso de plasma baja la potencia de bombeo cardiaco en sístole y llega menos oxígeno a los músculos. Se calcula que con un 2% de deshidratación el rendimiento desciende un 10%. Esa técnica solo funcionaría si la ganancia por subir con menos peso es superior a esa pérdida”.

Otros médicos de equipos ciclistas en activo no vieron ningún sentido a esas teorías y, manteniendo el anonimato, las consideraron “parte del marketing” de un equipo, el Sky, que se autoadjudica el título de equipo más científico y cuidadoso con el detalle. “Yo nunca revelaría los secretos que hacen a mis ciclistas correr más”, señala un médico, que recuerda que nada de lo expuesto por Palfreeman se sustenta en estudios científicos.

La experiencia de Iñigo Mujika

“Nosotros estudiamos la posibilidad de que el descenso de rendimiento se viera compensando por el menor peso, pero vimos que no era el caso, ya que el tiempo hasta el agotamiento y la potencia a una velocidad determinada en ascenso al 8% disminuyeron de forma muy importante en ambiente caluroso”, explica el fisiólogo vizcaíno Iñigo Mujika, autor de un libro, Entrenamiento de resistencia, que acaba de ver una edición infográfica y en el que estudia con detalle los problemas de competir en ambiente caluroso y la hidratación. “En este estudio yo fui participante e investigador, y recuerdo las sensaciones perfectamente. Cuando estaba deshidratado voluntariamente me sentía muy ligero al inicio del ascenso, y pensaba que iba a ir como un tiro, pero de repente, ¡booom!, revientas por problemas de termorregulación. Sin embargo, cuando estaba bien hidratado la fatiga llegaba de manera mucho más progresiva, y te permitía de alguna manera regular mejor”.

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