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La canasta de nuestras vidas

Anna, me has hecho llorar ¡Qué buena eres y, a la vez, que sencillo caminas por la vida!

¡Con dos cojones! Perdón por la expresión pero, señores y señoras, es lo único que me sale del alma en estos momentos. Con dos cojones, así se gana un partido como el que España ganó ante Turquía, así se echa una el equipo a la espalda, así se juega cuando se está en la Élite. Estoy inmensamente feliz por ti, Anna. Espero que ya sí, que ya por fin se te reconozca como la grandísima jugadora que eres. Un ejemplo de talento y carácter y como fiel reflejo el partido que has hecho.

Y lo has hecho en el que era el encuentro más importante de la historia de la selección femenina. Cuando peor se ponía, apareciste. Como lo hiciste en el Europeo frente a Montenegro también en cuartos y también en una situación límite. Siempre con el mismo modus operandi. Sin hacer ruido, poquito a poquito, restando la diferencia de puntos para acabar metiendo la canasta más importante de nuestras vidas. Permíteme Anna que todos los españoles nos sintamos partícipes de tu canasta. Hoy, señorita, me has hecho llorar, me has hecho gritar, me has hecho disfrutar, me has hecho saltar... Y creo que como a mí, a un país entero. Te lo he dicho alguna vez pero lo dejo por escrito ¡qué buena eres, cabrona, y a la vez que sencillo caminas por la vida!

Llevo tiempo diciendo que se te ve poco para todo lo que haces, que se te reconoce poco pero estoy segura de que tras este partido has grabado a fuego y con mayúsculas tu nombre en la memoria de los aficionados, o no tanto, al baloncesto. Con metal o sin metal esto ya es histórico porque ¡estamos en semifinales! A todas pero a ti sobre todo Anna, felicidades y disfruta de este éxito. Y no dejéis de creer hasta la última milésima. A seguir disfrutando, con dos cojones.

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