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LeBron James, mi MVP

Los 'playoffs' son el momento de dejarse de florituras, el punto en el que la vida se simplifica. Y ahí necesitas a alguien lo suficientemente grande como para jugar cerca del aro

Stephen Curry se convirtió esta temporada en el primer MVP elegido por unanimidad como primera opción por los 131 votantes de la categoría. Poco sorprendente teniendo en cuenta el registro de récord de su equipo en temporada regular (73-9), el propio récord del jugador de 402 triples y su telegénica votando el balón al más puro estilo del erizo Sonic.

Pero los playoffs han demostrado que quienes le eligieron se equivocaban, deberían haber dado el galardón a LeBron James.

Y deberían habérselo dado porque es el jugador que probablemente la mayoría elegiría en primer lugar para hacer su equipo. Los playoffs son, parafraseando a mi padre, el momento de dejarse de florituras, el punto de la temporada en el que la vida se simplifica. Y ahí necesitas a alguien lo suficientemente grande como para jugar cerca del aro.

Pero eso no es únicamente lo que convierte a LeBron en MVP. También hay que tener en cuenta lo que hace fuera de la pista.

La fortaleza de los Cavaliers se hace evidente cuando juegan de forma más directa, lo que da lugar a transiciones favorables para Lebron e Irving

En enero los Cavaliers despidieron a David Blatt, su entrenador hasta la llegada de Tyronn Lue. Su salida se interpretó como un golpe de Estado orquestado por la estrella del equipo, un jugador cansado de fingir que prestaba atención a las indicaciones de su técnico. Hasta cierto punto la jugada salió bien y el equipo acabó con el mejor balance en la Conferencia Este. Pero no es oro todo lo que reluce.

La fortaleza de los Cavaliers se hace especialmente evidente cuando juegan de forma más directa y se aplican en toda la cancha, lo que da lugar a escenarios de transición más favorables para James y Kyrie Irving, el base del conjunto. Nada realmente nuevo. Es exactamente lo que pasaba en los equipos de Miami con LeBron. Cuando mejor jugaban era cuando aplicaban la estrategia antes descrita.

El problema es: la franquicia no juega así muy a menudo porque LeBron no tiene un entrenador que le diga qué tiene que hacer cuando no lo hace. No tiene a un Erik Spoelstra cerca. Tampoco, quizá más importante, hay un Pat Riley para darle a Erik Spoelstra la autoridad necesaria.

El resultado son los Cavaliers actuales, un equipo que debería ser tan bueno como en principio prometía y como es cuando se las apaña para unir a James, Irving y Kevin Love. Pero que raramente alcanza su esplendor mientras da bandazos al ritmo del ego de su estrella sin que nadie de la franquicia le pare los pies. No parece probable que LeBron haga nada de esto a propósito y tampoco que podamos culpar a nadie de la organización de los Cavaliers. Es más como si el “concepto LeBron James” hubiese sobrepasado al LeBron jugador.

Y lleva pasando todo el tiempo, de forma que los Cavs pueden ser campeones este año gracias precisamente al jugador que genera más inestabilidad en su estructura. Y eso es lo que yo diría que define más ajustadamente lo que es el valor.

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