Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Real Madrid-Wolfsburgo: Lluvia, sol, salchichas y reguetón

El Bernabeú recibió al Madrid de forma atronadora y acompañó al equipo en la remontada

Real Madrid - Wolfsburgo Ampliar foto
Cristiano Ronaldo celebra su tercer gol junto a Bale y Marcelo. EFE

Los dardos apuntaban a una orejona con destino Milán, la sede de la final de la Champions de este año. Con ese mosaico recibió la afición del Madrid a los chicos de Zinedine Zidane. Los pitos los dejó todo para el sábado, contra el Eibar. Esta noche sólo se escucharon aplausos. Fuera, en Concha Espina, no había tanta gente como en otras ocasiones, pero la llegada del autocar del equipo blanco fue igual de espectacular. Bajo la lluvia y entre una humareda tremenda se empezó a escuchar “sí se puede”, “échale huevos, Madrid échale huevos”. Tan impresionado quedó Varane que no tardó en colgar el vídeo en su Instagram.

Fue una tarde-noche loca. El equipo llegó bajo una intensa lluvia, caía agua como si la estuvieran tirando a litros. Pero no olía a asfalto mojado sino a salchichas. Para cuando el conjunto blanco pisó los vestuarios, ya había salido el sol. Cuando volvió a saltar al campo después del calentamiento, ya había empezado a llover de nuevo, como si fuera una noche de noviembre y no de abril. La megafonía del estadio intentaba tapar –con riesgo de sordera para todos los demás- a base de reguetón a la hinchada del Wolfsburgo. Poca pero ruidosa. Algunos no se callaron ni siquiera durante el minuto de silencio en memoria de Pedro de Felipe.

El recibimiento del Madrid fue atronador. De esos que te tapa el sonido de la radio aunque lleves puesto el volumen al máximo. “Como no te voy a querer, como no te voy a querer, si fuiste campeón de Europa por décima vez”, cantaba el público del Bernabéu: 76.564 la entrada oficial. También se escuchaba: “reyes de Europa, somos los reyes de Europa”. Y si al público le daba por tomarse un respiro, ya estaba Pepe, brazos en alto, reclamándole ayuda y apoyo.

Los guiños fueron continuos. Aplausos y ovación a Carvajal cada vez que subía y centraba, a Ramos cuando se pegaba una carrera para recuperar el balón, a Casemiro cuando robaba pelotas como si tuviera que subastarlas. El estadio enmudeció sólo una vez: en el minuto 65, cuando Sergio Ramos remató de cabeza un córner y el balón se paseó por la línea de gol hasta que dio en el trasero de Benaglio, el portero del Wolfsburgo. El público contuvo la respiración una fracción de segundo. Algunos, quizás, volvieron a vivir el tanto del central en la final de Lisboa. En ese momento, el Madrid iba ganando 2-0.

Dieter Hecking, el entrenador del Wolfsburgo, decía en la víspera que a él no le importaba que hubiese 80.000 personas, que su equipo había venido a jugar un partido de fútbol. No pudo con Cristiano Ronaldo. El portugués fue a jugar un partido de fútbol, a golear y tirar del equipo la noche en que más le necesitaba. Con el tercer gol, por cierto, temblaron los asientos.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información