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La NBA de Forbes

Los clubes han logrado un beneficio global de 900 millones. Seguro que los jugadores no obvian el dato cuando están a punto de sentarse a pactar un nuevo convenio laboral

Julius Randle, jugador de los Lakers.
Julius Randle, jugador de los Lakers. AP

Forbes publicó la semana pasada su lista anual del valor de los equipos de la NBA. El informe contiene todo tipo de cifras para el análisis y si yo fuese un poco más vago de lo que soy, ya os estaría mareando con todo tipo de números. En lugar de eso os propongo que centréis vuestra atención en sólo dos dígitos.

A) 1.250 millones de dólares. B) 900 millones de dólares.

El primer número es el valor medio de los equipos de la NBA en 2016. Esta cifra supone un aumento del 13% respecto al año anterior, algo especialmente significativo si tenemos en cuenta que el año anterior ese valor había crecido un 74%. Por si no sois muy buenos interpretando el significado de porcentajes, lo explicaré de una forma mucho más sencilla: la Liga va viento en popa. En cierto sentido es algo lógico: es un producto muy para la generación de Internet. Los partidos pueden trocearse en resúmenes con las mejores jugadas en las que aparecen algunas de las estrellas a las que los aficionados siguen en Instagram.

La competición deja de ser el elemento central. Lo más importante es el dinero. El segundo equipo más rico, los Lakers, es nefasto. Y qué decir del más valioso, los Knicks

La tentación de pensar que el futuro de la NBA es de color de rosa es muy grande. Incluso puede parecer real particularmente si cerramos los ojos a nuestra segunda cifra destacada, esos 900 millones que representan el beneficio global de todos los equipos (antes de impuestos, depreciación y algunas cosas más que sólo entienden los contables).

Quienes seguro no obvian ese dato son los jugadores, más cuando están a punto de sentarse a pactar un nuevo convenio laboral. Ahora que prácticamente todos los equipos están ganando dinero (sólo los Brooklyn Nets tuvieron un balance negativo el año pasado), los jugadores reclamarán una parte mayor del pastel, sobre todo después de que su porción pasase del 57% al 51% en la última negociación.

Es precisamente en este punto donde se complican las cosas. Los jugadores están en lo cierto al pensar que 900 millones de beneficio es mucho dinero, pero los propietarios de los equipos también tienen razones para considerar que no es una cifra especialmente notable teniendo en cuenta que el valor total de los equipos es de 37.500 millones (es decir que el beneficio representa únicamente un 2% de su valor).

Todo apunta a que, probablemente, ninguna de las partes estará dispuesta a dar su brazo a torcer.

La otra lectura que extraemos de todo este batiburrillo de cifras es que el deporte ha dejado de ser una actividad en la que la competición, ganar o perder, sea el elemento central. Lo más importante es el dinero.

¿No me creéis?

El segundo equipo más rico de la Liga, los Lakers, es un equipo nefasto, que lo ha sido en su pasado más reciente y que todo apunta a que lo seguirá siendo a medio plazo. ¿Qué decir de la franquicia más valiosa, los New York Knicks?

El convenio laboral concluye en once meses. Disfrutemos pues, aficionados y NBA, de esta paz… mientras dure.

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