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El Athletic desarma al Sporting

Un recital de Beñat y los goles de Aduriz liquidan un partido muy desigual

Iñaki Williams protege el balón ante dos jugadores del Sporting.
Iñaki Williams protege el balón ante dos jugadores del Sporting. EFE

El fútbol tiene juego, jugadas y jugarretas. El primer gol tuvo de todo. Resulta que el Athletic pecaba en exceso de falta de tacto, acariciaba el balón como un oso a una mosca y la mosca se le escapaba herida y asustada, mientras el Sporting le explicaba cómo se acuna un balón para que se duerma en tu pie y no se sobresalte con puntapiés como pesadillas. Es decir, el juego era del conjunto asturiano, que tomó al asalto el centro del campo con un tono sutil, con abundancia de futbolistas entregados a una causa común que llegaron a hacer un par de aspavientos, de Guerrero y Halilovic, ante Iraizoz que silenciaron San Mamés.

Athletic, 3 - Sporting, 0

Athletic: Iraizoz; De Marcos, Etxeita, Laporte, Balenziaga; San José, Beñat (Eraso, m. 84); Williams (Bóveda, m. 74), Raúl García, Susaeta (Ibai Gómez, m. 81); y Aduriz. No utilizados: Herrerín, Elustondo, Gurpegui y Sabin Merino.

Sporting: Alberto; Lora, Bernardo, Luis Hernández, Ismael López; Mascarell (Carmona, m. 45); Halilovic (Pablo Pérez, m., Sergio Álvarez, Nacho Cases, Jony; y Guerrero (Mendigutxia, m. 60). No utilizados: Dennis, Menéndez, Canella y Mere.

Goles: 1-0. M. 29. Susaeta. 2-0. M. 40. Aduriz, tras un penalti que rechazó Alberto. 3-0. M. 67. Aduriz.

Árbitro: Iglesias Villanueva. Amonestó a Halilovic, Mascarell, Nacho Cases, Aduriz.

Unos 50.000 espectadores en San Mamés. Se guardó un minuto de silencio por la muerte del ex entrenador del Athletic Howard Kendall.

Y el Athletic venga a acariciar el balón con botas de acero. Su hoja de ruta moría por falta de tacto. Y en esto llega De Marcos y se va en horizontal de su banda al centro del campo, y se la da a Aduriz, que se la da a Beñat, que se la da a Raúl García, que se la da, por el interior, a Williams, que se la da a Susaeta, que remata en el área pequeña. Todo, menos lo de De Marcos, al primer toque, en un manual de cómo hacer un contragolpe jugando en horizontal hasta la estocada final. La mosca, o sea el balón, lo agradeció: por primera vez el Athletic había medido el vuelo rasante de la mosca en un zigzag impresionante que jamás levantó un palmo del suelo.

El Sporting encajó el golpe como quien sufre el picotazo de una avispa. Cargado de centrocampistas, se desorientó ante el zumbido del Athletic, con Beñat ejerciendo de timonel, Williams de espadachín por su costado, Raúl García de emperador del último pase y Susaeta de gladiador. Al Sporting, tan luminoso con su traje amarillo y con su inmaculada puesta en escena, se le apagó la luz. Mascarell ya no frenaba, Hailovic parecía un juez de linea confundido con la cal y Guerrero era un náufrago braceando contra la nada.

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El Athletic incrementó el oleaje y en una de sus mareadas llegó el penalti de Mascarell a Williams. Lo lanzó Aduriz y se lo adivinó Alberto, que aguantó su paradinha. Pero despejó hacia adentro y Aduriz remató a la red. Ni lo celebró, dolido por no haber acertado a la primera. Rabia de goleador, de quien aprueba en setiembre aunque en este caso el verano apenas durase un segundo. Pudo Aduriz resarcirse al minuto de la segunda mitad cuando escapó de su marcador y disparó al poste. Fue la jugarreta de un partido que examinaba la diferencia que hay entre ser profundo y ser plano.

Pecó el Sporting de exceso de pausa y de falta de delanteros entendidos como tales. Corrigió Abelardo su dibujo y mejoró su tono de piel. Hubo andanadas rojiblancas y acometidas amarillas. Y Aduriz se reconcilió consigo mismo al marcar su segundo gol en una contra bien manejada por Beñat, despedido con San Mamés puesto en pie. La jugarreta fue de Aduriz, la jugada de todos, el juego fue suyo.

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