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Un verano en siete días

Como cada lunes y jueves, Juanma Iturriaga analiza los principales temas de la actualidad con su peculiar óptica

Carolina Marín, tras ganar la final del Mundial de bádminton. Ampliar foto
Carolina Marín, tras ganar la final del Mundial de bádminton. REUTERS

Aquí estamos de nuevo. Fresco como una lechuga y sorprendentemente moreno a pesar de seguir la filosofía veraniega de mi tío Joaquín, que se fundamenta en que lo mejor del sol siempre es una buena sombra. Antes de volver a la agradable rutina de escudriñar diariamente lo que ocurre en el universo deportivo, habrá que establecer un puente que conecte el principio con el fin de mi ausencia. Seis semanas que se podrían resumir en siete días.

18/07. Sábado. Ganan el triplete

Es la economía, le dijo Clinton a Bush padre en una campaña electoral. Son los títulos, debió pensar más de uno ante la victoria incuestionable de Bartomeu ante Laporta en las elecciones a presidir el Barcelona. El triplete pudo con todo y los culés eligieron el fútbol antes que cualquier otra cuestión institucional, de carácter o carisma. Solo recuerdo un caso donde los éxitos deportivos fueron dejados a un lado. Ocurrió cuando después de 31 años de sequía, el Madrid logró en tres temporadas ganar dos Champions (1998 y 2000). Lorenzo Sanz vio la oportunidad perfecta y convocó elecciones, pensando que con tal tarjeta de visita, la victoria era inevitable. Pero los socios le dieron sorprendentemente la espalda, y se produjo el primer advenimiento de Florentino Pérez. Todos los posibles peros a un personaje tan gris como Bartomeu o a una situación institucional que últimamente ha ido de charco en charco acabaron sepultados por el monumental éxito en el campo. Sí, salvo raras excepciones, son los títulos.

19/07. Domingo. Batacazo en la Davis

Para que un grupo de personas se conviertan en un equipo una de las premisas fundamentales es que los objetivos individuales deben estar por detrás de los colectivos. El bien común prevalece ante el individual y las legítimas aspiraciones de cada uno de sus componentes nunca deben imperar sobre las del equipo. Visto lo que lleva ocurriendo en el tenis español y la Copa Davis, existen motivos para sospechar que hace tiempo que el llamado equipo de la Davis dejó de ser un equipo. Y luego pasa lo que pasa. Y lo que ha pasado es que de campeones hemos pasado en un ver y no ver a tener que pelear por mantenernos ¡en segunda división! En el camino, bronca, enfrentamientos, renuncias y dimisiones para terminar viajando a Rusia con el España C y llevarnos un soponcio. Cada uno es muy suyo para acudir o no a la selección del deporte que sea y salvo en el fútbol, los casos de renuncia son asumidos sin estridencias. Pero me sigue llamando la atención que cuando la disponibilidad para el ¿equipo? nacional está totalmente condicionado por los intereses individuales de cada uno, los tenistas sigan opinando y metiendo la cuchara en asuntos que solo podrían ser de su incumbencia a partir de otro tipo de compromiso.

25/07. Sábado. Froome se lleva el Tour

Hubo un tiempo donde el ciclismo era un deporte más de locos que de matemáticos. Gente que se dejaba llevar por los impulsos antes que por los cronómetros, capaces de dinamitar carreras cuando nadie se lo esperaba, aunque muchas veces las víctimas de las explosiones terminasen siendo ellos mismos. Pero llegó la era Indurain, implacable maquinaria de planificación y precisión, el ciclismo tiró de pinganillos y programación y poco a poco fueron desapareciendo esa estirpe de corredores que desafiaban la razón y te hacían exclamar ante sus arreones ¡pero donde va ese! Hoy en día se miden los segundos, no los minutos, se ataca en el último puerto por si acaso luego acabas pagando el hacerlo en el penúltimo, y una vez que pillas cacho, como hacía el gran Miguelón en las contrarrelojes, o este año Froome en una etapa pirenaica, te dedicas el resto de la carrera a gestionar tu botín. A Nairo Quintana, que se ha quedado a un palmo de la victoria, creo que le ha faltado algo de esa añorada locura, ese jugársela todo a ganador, aún a riesgo de finalmente quedarse sin nada. Siendo colombiano, ha corrido como un alemán, dejando la sensación que siendo el más fuerte y resistente, el segundo puesto sabe a poco.

16 de Agosto. Carolina es cosa fina

Soy muy fan de Carolina Marín. La conocí un día que la invitamos a ver un partido de la selección de baloncesto durante el pasado Mundial y me pareció una chica franca, abierta, dulce en el trato a la vez que ambiciosa en su carrera deportiva y que ha tenido que derribar muchas barreras, no solo de rivales, hasta llegar donde se encuentra hoy en día. Recuerdo el tratamiento informativo de su primer título mundial. Aparecía en el capítulo de rarezas, pues de su existencia pocas noticias había. Y fíjate, además en bádminton, que eso es cosa de asiáticos, como el Ping pong. Ha pasado un año y viendo el espacio mediático que ha logrado su segundo mundial consecutivo hace que el éxito de Carolina sea doble. Es la mejor y ha logrado hacer un hueco a su persona y su deporte que antes no existía. Que tiene mucho mérito en la futbolcracia que vivimos. De paso, sigue su pelea con la Federación. Sospecho que, como ha ocurrido con las futbolistas recientemente, al haber tenido que lidiar con muchas cosas para hacer lo que más les gusta (muchas de ellas desagradables) estas mujeres son más de enfrentarse a quien sea que de bajar la cabeza. Si no estuviesen hechas de esa pasta, no habrían llegado a donde lo han hecho.

17 de Agosto. Culebrón cerrado

El culebrón del verano termina en el Bernabéu con la renovación de Sergio Ramos. Después de interminables noticias sobre el tema, todo desemboca en una foto de familia donde las partes reparten flores a diestro y siniestro, aunque se atisba alguna sonrisa forzada. Pero al final ha imperado la cordura. Cuesta trabajo pensar que Ramos fuese a estar mejor en Manchester que en Madrid (millón arriba, millón abajo) como tampoco creo que al Madrid le conviniese perder dos referentes como Casillas y el propio Sergio de una tacada. Está a punto de empezar la temporada y el ecosistema blanco anda algo inquieto. Después de una temporada frustrante, se fichó a un entrenador que por ahora no despierta grandes ilusiones, no se ha realizado ningún fichaje de renombre, la pretemporada ha sido más bien discreta y aunque Casillas esté ya en Oporto, falta por ver si la herida ha terminado de cerrarse. Total, que la afición permanece en modo espera y con un margen de paciencia todavía por descubrir, aunque me da en la nariz que no es muy amplio.

17 de Agosto. Festividad de San Mamés

Skyros es una isla griega del mar Egeo. No voy a hacer mucha publicidad, pues luego pasa lo que pasa. En Skyros se puede ver alguna camiseta de Messi pero hasta hoy, el rojiblanco se asociaba deportivamente únicamente al Olympiakos. Después del cirio que hemos montado la familia Iturriaga celebrando el título de la Supercopa del Athletic, no voy a decir que Aduriz se haya colocado a la altura de Spanoulis, pero casi. El local donde decidimos asistir a la bilbainada es más tasca que bar de diseño, con tres viejecillos en una esquina jugando al backgammon a los que hasta nuestra llegada, nada les quitaba la mirada de las fichas y los dados. También formaba parte del paisaje un grupo de jóvenes griegos que llegaron con la intención de ver otro partido, pero que desistieron rápidamente pues comprendieron que tocar el mando a distancia podría suponer un altercado internacional. Al encontrarse en la calle principal, la gente no ha parado de asomarse a ver el motivo de los gritos, los ayyyy, los ¡aupa! y algún que otro juramento. En vasco, eso sí, que no queríamos molestar. Con el gol de Adúriz y la Copa asegurada, llegó el turno de los cánticos, himnos de antes y de ahora, y el clásico alirón alirón que el Athletic es campeón que de tanto corearlo, se lo acabaron de aprender hasta los viejecillos del backgammon.

Seguro que historias como esta se escucharán durante años a muchos aficionados al Athletic. Teniendo en cuenta que desde hace tres décadas no levantábamos más que gin tonics en las barras de los bares de Pozas, el relato de “cómo, dónde y con quién vi al Athletic ganar al Barça un título de Supercopa” se transmitirá de padres a hijos, de hijos a nietos. ¿Exagerado? No lo creo, pues el mérito es descomunal. Aunque la exageración sea uno de los distintivos de los nacidos en Bilbao o aquellos que lo hicieron en otro sitio simplemente porque les dio la gana.

23 de Agosto. Me llamo Bolt, Usain Bolt

Si no fuese porque no nos quedan, habría que quitarse de nuevo el sombrero ante Usain Bolt. Parecía que estábamos a punto de ver su derrocamiento, con un Gatlin que se ha pasado los últimos meses arrasando rivales y cronómetros y porque Bolt, en ese tiempo, no había dicho casi ni pío. Las semifinales, territorio para marcar paquete antes de la gran final, fueron un suplicio por un tropezón. Total, que llegó la final sin ningún dato su favor. Bueno, salvo que era Bolt. Y eso significa muchas cosas, que van desde lo que tiene que ver con las piernas hasta lo que está relacionado con la cabeza. Estamos hablando de una especialidad que se dirime en centésimas de segundo (solo una separó a ambos) lo que significa que TODO cuenta. Un despiste, un paso mal dado, una duda, una neurona distraía, y te vas al carajo. Y Bolt, el que nunca había fallado y parecía que esta vez iba a fallar, volvió a poner todos sus recursos en la dirección justa en el momento indicado para ganar. Si en el momento actual y con la enjundia de su gran rival esto suponía tener que hacer la mejor salida de su vida, pues la hizo. Si tenía que aguantar hasta la zancada final el aliento de Gatlin, pues lo aguantó. Lo que fuese necesario para hacer lo de siempre: llegar a la meta antes que el resto. Su reinado está a salvo, al menos hasta el año que viene. Aunque llegue cojo a Río, a ver quién es el guapo que apuesta contra él.

Buena semana y hasta el jueves.

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