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Morata evita la final de las finales para el Madrid y le da el pase a la Juventus

El chico de La Fábrica, héroe de la Juventus, frustró el duelo que soñaba el Madrid con la fastuosa liturgia de un órdago con el Barça en la gran cumbre de Berlín

Madrid 1-Juventus 1 Ampliar foto
Álvaro Morata marca el único gol de la Juventus.

Morata, un chico de la factoría blanca, frustró la final de todos los siglos, para muchos y muchos. Entre ellos, los madridistas, que soñaban con la fastuosa liturgia de un órdago con el Barça en la gran cumbre. Lo impidió la Juve, que tras salir de las mazmorras por viejas infamias, ha regresado a la cúspide continental. En Chamartín provocó un desengaño colosal tras un buen primer tiempo de los de Ancelotti, que tras el descanso dieron vuelo a la Juve y lo pagaron. A lo suyo, sin perder de vista los detalles, atenta a cualquier chispa favorable, la Juve igualó el tanto de Cristiano con otra diana de Morata, exiliado de la casa blanca el pasado verano, el jugador de la eliminatoria. En un partido con aire sahariano, el Madrid, sin el hilo del inicio, buscó la épica con tanto empeño como poca claridad. Por una vez le faltó pegada. No le alcanzó y ya no podrá renovar el título. Le espera un cierre de curso complicado, sin tronos, con lo que ello supone en este club tan proclive a las mudanzas.

Hasta que la descarga del gol de Morata le disparó la ansiedad, cumplió el Madrid con el dictado de Ancelotti, que había reclamado concentración, intensidad y tranquilidad. Tres variantes necesarias para gestionar el partido. Fue una amenaza, con sus 13 remates en el primer acto (22 al final, por seis del adversario). En un tramo, tantos como en todo el resto de Turín, pero sin provocar desgarros defensivos. Esta vez, el espíritu gremial, mosquetero, no mereció tachas, desde Bale hasta el último compañero. El Madrid supo de entrada de las urgencias en medio campo, donde la Juve, con cinco y hasta seis jugadores cuando se descolgaba Tévez, quería administrar el duelo, donde pretendía levantar el dique, porque esta Juve nada tiene que ver con la larga tradición de pacatos equipos italianos. Al menos no lo fue hasta el capítulo final, cuando ya se colgó del andamio de Buffon. Fort Apache en toda regla. Para su desgracia, el Madrid solo respondió por vía aérea, de pelotazo en pelotazo sin techo.

Antes de poner la alambrada, en el arranque la Juve logró un duelo parejo, aunque pagó el desafino de Pirlo, sin la geometría que le distingue. Ha perdido algo de lubricante en las botas. Tampoco Pogba, en plena reaparición, era ese jugador expansivo que acostumbra, aunque aguantó como un jabato casi hasta el soplido final y ganó la pelota decisiva de la noche, la del tanto de Morata. Hasta el dardo del exmadridista, pese al equilibrio entre los contendientes, los ataques marcaban la diferencia. Comparado con el Madrid, lo de la Juve es fogueo. Hasta el intermedio, Casillas, aupado de inicio por la hinchada, solo tuvo que intervenir a un disparo lejano de Vidal. En la otra dirección, los de Ancelotti cerraban cada ofensiva, con Carvajal y Marcelo como ventiladores por los costados y Benzema, ese ariete con patines, para gripar con su clase a los centrales italianos. Su hora larga de partido fue un simposio de fútbol, del bueno y del mejor. Percutía Bale, percutía Cristiano, por supuesto. Una pegada pesada contra una mosca. De picotazo en picotazo.

Madrid, 1-Juventus, 1

Real Madrid: Casillas; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Kroos, James, Isco; Bale, Benzema (Chicharito, m. 66) y Cristiano. No utilizados: Navas, Illarra, Pepe, Coentrao, Arbeloa, Jesé.

Juventus: Buffon; Lichtsteiner, Bonucci, Chiellini, Evra; Pirlo (Barzagli, m. 78), Marchisio, Pogba (Pereyra, m. 88), Vidal; Morata (Llorente, m. 83) y Tévez. No utilizados: Storari, Kingsley Coman, Llorente, Padoin, Sturaro.

Goles: 1-0. M. 22. Cristiano (penalti). 1-1. M. 56. Morata.

Árbitro: Jonas Eriksson. Amonestó a Isco y James, del Madrid, y a Tévez y Lichtsteiner, de la Juventus.

81.000 personas en el Santiago Bernabéu.

Todo en el Madrid era más que notable, e incluso logró despejar a su adversario en el eje del campo, donde Kroos, Isco y James, con auxilios variados, cogieron la bandera pasado el cuarto de hora. Llegaron entonces las primeras sacudidas en cadena del conjunto local. Plegó velas la escuadra italiana. A Benzema y a CR ya les había ido el gol por un dedo. Y a Bale, que encañonó con la zurda a Buffon desde el infinito. Respondió el ya legendario arquero juventino, que tuvo trajín. Encapsulado el equipo italiano, James asaltó el área y, sin mayor emergencia, Chiellini, que no es un aprendiz de alguacil precisamente, trastabilló al colombiano con un golpe al gemelo de la pierna derecha. El primer flash no delataba penalti alguno. La cámara lenta, sí, rotundo. Bingo arbitral. No se achicó Cristiano, pese a su destemple del pasado domingo ante Diego Alves. CR, y cómo no, Benzema, bajaron la persiana al primer periodo de nuevo flirteando con el gol.

Nunca se descompuso del todo la Juve, que esperó su momento. No se le fue la cara de resistente, pero el Madrid le concedió un tramo tras el descanso, fiado a su demoledor contragolpe. Perdió el balón, falló pases y pases. Vida para la Juve. No había tragos en las áreas, hasta que al filo de la hora Sergio Ramos cometió una falta innecesaria a Vidal, que estaba estrangulado contra la línea de banda. Pirlo puso el balón en movimiento, Casillas metió el puño y la pelota le llegó a Vidal, que la descorchó de nuevo hacia el área. Entonces se vio lo que es Pogba, que tiene un chasis hercúleo. Cualquiera se hubiera ido a la lona en su cuerpo a cuerpo con Ramos, pero el francés conquistó el asalto y su dejada de cabeza la cazó Morata. Un Morata que es otro Morata, graduado en el fútbol italiano a pasos agigantados. Él ha sido el gran azote blanco en esta eliminatoria. Vueltas que da la vida, que rueda como el fútbol.

Final inédita

Barcelona y Juventus jugarán el 6 de junio en Berlín una final inédita en la historia de la máxima competición continental. Será la octava vez que el Barça dispute el título, con un botín de cuatro entorchados. Para la Juve también será la octava final, pero los réditos son menores: dos Copas de Europa.

La última vez que el conjunto italiano disputó el título fue en 2003, cuando cayó ante el Milan de Ancelotti y Pirlo en los penaltis. Para su última conquista del cetro hay que remontarse a 1996, cuando derrotó al Ajax, también en los penaltis. Su primer trofeo lo cosechó en 1985, en la final de infausto recuerdo de Heysel (Bruselas) ante el Liverpool, en la que 39 personas murieron por una avalancha provocada por los hooligans.

El Madrid notó el golpe moral. Había tiempo, al menos para forzar la prórroga. El asunto demandaba fútbol. Se olvidó el equipo español, que tiró de alma, sin otro plan que todo aquello que remite al esfuerzo. Al de Chicharito, por ejemplo, relevo de un agotado Benzema. Y al de Marcelo, un coloso por su ruta. Con mucho remango y poca fluidez, el Madrid enclaustró del todo a su rival, con una frecuencia considerable de remates desviados de Bale, que no ajustaba su repertorio de cabezazos. De Cristiano, inopinadamente, no había migas desde el primer tiempo.

Agazapada la Juve, Marchisio, en una aventura, estuvo frente al gol. Irrumpió por el centro del área y su pulso con Casillas lo ganó el madrileño con una magnífica parada, una acción que dio carrete a los suyos hasta el último suspiro. Por el camino, Chamartín, elegante, concedió honores a Pirlo, tan legendario como Casillas o Xavi, por citar algunos. El relojero juventino dejó pasó al sistema de cinco zagueros con la entrada de Barzagli. No encontró remedio el Madrid, vencido ante la que hubiera sido la final de las finales. Está el Barça, la Juve ha vuelto.

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