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Todos temen a la Premier feroz

Con el 'fair play' financiero, los clubes españoles dependen de los fondos de inversión

Diego Costa, del Chelsea, celebra un gol. Ampliar foto
Diego Costa, del Chelsea, celebra un gol. AP

La decisión del fútbol ibérico, Portugal y España unidos de repente, de recurrir judicialmente la anunciada prohibición de los fondos de inversión por parte de la FIFA a partir del 1 de mayo, no tiene tanto que ver con una interesada sumisión a Doyen y demás empresas que convierten a los futbolistas, sin falsas pretensiones, en pura mercancía, en un producto financiero más, sino con un desesperado intento de supervivencia. Los fondos y algo más de maná, de dinero televisivo, que no se olvide.

Atados por el así llamado fair play financiero, que prohíbe a sus dueños gastar más de lo que ingresan por el club, aunque sean millonarios de bolsillos abultados, y endeudados hasta las trancas (la deuda global supera los 3.500 millones de euros), los clubes españoles que no sean el Real Madrid o el Barça dependen de los así llamados fondos de inversión (o TPO, como se dice ahora, thrid party ownership, propiedad de terceros: un club puede alquilar a los agentes por cuatro millones jugadores que valen 12 millones de euros e incluso ganar dinero si el valor de mercado del futbolista aumenta a la hora de venderlo) para mantenerse competitivos en el mercado de fichajes.

A los franceses no les gusta el modelo que pretenden preservar los ibéricos. En Francia, y en el resto de Europa, la TPO está prohibida. En Francia, con clubes tan pobres, aunque no tan endeudados como la mayoría de los españoles, y con unos ingresos televisivos similarmente escasos, los clubes consideran a los fondos competencia desleal: sus mejores jugadores emigran a España, donde a los clubes les cuesta menos pagarles más. Y también, y sobre todo, como algunos de los mejores españoles (41 juegan en Primera o Segunda inglesas), emigran a Inglaterra, donde no hay TPO, ni la necesitan, y por eso también quieren que la FIFA la prohíba: tienen televisión, y mucha, y también estadios más llenos y un mucho más boyante sistema de patrocinios y mercadotecnia.

Los clubes ingleses ingresan 1.500 millones anuales por entradas y patrocinio

Los anglosajones han convertido a su liga, la Premier, en el ogro que todo lo devora, al que todos temen, en la fuerza dominante del mercado: cinco clubes de la Premier figuran entre los 10 más grandes de Europa por cifra de negocios, y 14 entre los 30 primeros. Su riqueza, que aumenta según crece la pobreza a su alrededor, no es solo la parte alícuota de los 2.300 millones de euros anuales que acaban de acordar con Sky y BT para el trienio 2016-2019 (a los que sumarán más de 1.000 millones al año por los derechos internacionales) por la venta de los derechos televisivos. Su riqueza son, sobre todo, los 682 millones de euros que ingresan anualmente por venta de entradas y los 874 millones de patrocinio, cifras que revelan tanto el impacto social del fútbol en la isla como la distancia inmensa a la que se encuentra el fútbol ibérico.

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