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OPINIÓN

Descubriendo (neuropsicológicamente) al crack

Messi sonríe en una sesión de esta temporada. Ampliar foto
Messi sonríe en una sesión de esta temporada. REUTERS

¿Alguna vez se ha preguntado por qué Messi ha podido marcar 258 goles en la Liga? ¿Cómo conduce el balón pegado al pie? ¿Por qué sus rivales dicen que es imprevisible? La ciencia ofrece algunas respuestas. Me gustaría discutir sobre las capacidades cognitivas de Messi, que son remarcables. El quid radica en cómo entendemos el término “inteligencia”. Deberíamos dejar de lado la concepción de inteligencia como un todo y no sentenciar: este es inteligente y este, no. Pero, ¿a qué nos referimos? ¿Hablamos de habilidades lingüísticas? ¿De resolver problemas? ¿De capacidad de adaptación? ¿De habilidades sociales? Para entender la inteligencia hay que saber cómo funciona el cerebro. Grosso modo, se trata de una máquina increíble con muchas áreas de especialización funcional que trabajan en paralelo para ofrecer la mejor respuesta, la mejor conducta. Es decir, existen muchas capacidades cognitivas y no necesariamente una persona debe ser buena en todas para considerarla inteligente.

Todos tenemos nuestros puntos fuertes y nuestros puntos débiles en lo que a capacidades cognitivas se refiere. En el caso del fútbol, aparte de la condición física, siempre se habla de talento innato, técnica, habilidad, intuición, visión de juego. ¿Y por qué Messi es un tipo con unas capacidades cognitivas remarcables? Porque es capaz de hacer cosas que la inmensa mayoría de los jugadores (y mortales) no puede hacer. Su cerebro procesa la información visoespacial a una velocidad de vértigo. Su coordinación visomotora es sublime al regatear y ejecutar lanzamientos o pases precisos. Y cuando hablamos de marcar goles, una de sus mayores virtudes, hablamos de múltiples capacidades cognitivas combinadas: planificación, coordinación, secuenciación, flexibilidad, e incluso anticipación a los movimientos del rival. Y todo ello en breves lapsos de tiempo.

Messi no destaca probablemente en otras habilidades cognitivas. Por ejemplo, ni la lingüística ni la comunicación son su fuerte. Pero también es cierto que estas últimas son las habilidades que más se relacionan con la formación académica y con la concepción general de inteligencia. Un tipo que no se expresa bien no parece muy inteligente. Son el resto de habilidades cognitivas las que le han llevado al éxito.

Messi es un chico introvertido y tímido, que son características de su personalidad, no rasgos clínicos

Por otro lado, me gustaría tratar de romper otra de las leyendas urbanas respecto a él. Leo no cumple ninguno de los criterios diagnósticos para ser considerado autista. Entre otras cosas porque, para empezar, nadie es autista, en todo caso puede padecer un Trastorno del Espectro Autista (TEA). Un chico tímido (incluso extremadamente tímido), introvertido y no muy sociable no es un chico con TEA. Es importante cuidar la selección de palabras por el impacto y el daño que pueden causar. Una persona que está triste en un momento dado no necesariamente tiene depresión; y un niño movido no necesariamente tiene TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). Una persona con TEA es una persona con un diagnóstico clasificado dentro de los trastornos del neurodesarrollo. En términos generales el trastorno se caracteriza por déficits sociales, dificultades de comunicación, comportamientos e intereses estereotipados y repetitivos, problemas sensoriales y en muchos casos alteraciones cognitivas. ¿Le hace eso pensar en Messi? La respuesta es no.

Messi es un chico introvertido y tímido, que son características de su personalidad, no rasgos clínicos. Messi, especialmente como símbolo mediático que es, debe adaptarse a partidos, entrenamientos y tácticas; debe relacionarse con compañeros, entrenadores y empleados; y vivir según las jerarquías del vestuario, además de atender a compromisos publicitarios, cambios de rutinas, ciudades y países. No confundamos el auto-aislamiento mediático de Messi con otras cosas.

Las teorías expuestas en este artículo son opiniones profesionales basadas en la observación externa del jugador, pero en ningún caso corresponden a los resultados de una evaluación neuropsicológica.

Joan Forns es doctor en Epidemiología, neuropsicólogo e investigador en el Centre de Recerca en Epidemiología Ambiental de Barcelona.

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