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El ruido, de los jugadores

Cerca de 4.000 personas, diez veces menos que ante el Villarreal, acuden al Calderón para ver el Atlético-Hospitalet, segundo encuentro tras la expulsión del Frente

Vista de la grada donde se ubica el Frente Atlético, este jueves. Ampliar foto
Vista de la grada donde se ubica el Frente Atlético, este jueves. EFE

De camino al Vicente Calderón las conversaciones de los aficionados del Atlético tuvieron un protagonista común.

—Mira, todos esos son los del Frente Atlético.

—¿Qué pasaría si le enseño al policía el DNI y el abono y le digo que son de mi hermano? ¿Me dejarían pasar?

—Vete a saber.

Dos circunstancias en la misma frase. Por un lado la señalización de los proscritos, y del otro la incertidumbre del que maquina para tratar de superar el cordón de seguridad establecido en las puertas de acceso al fondo sur. La charla la protagonizaron dos adolescentes embutidos en el chándal del Atlético, mientras observaban a cerca de una docena de furgonetas de la Policía. El dispositivo de seguridad para el partido ante el Hospitalet fue de 600 efectivos, algo menos que el domingo ante el Villarreal (750). Sin embargo, la sensación de sobreprotección se mantuvo en el mismo nivel en el segundo encuentro en el Calderón sin los ultras del Frente, expulsados tras el asesinato de un miembro de los Riazor Blues el 30 de noviembre.

La escasa afluencia de público, de alrededor de 4.000 espectadores, tuvo su reflejo en un ambiente más gélido de lo habitual. La edad mínima de los asistentes se vio rebajada, por eso de que las vacaciones de Navidad liberan a los estudiantes. No hubo himno coral al comienzo del encuentro pero sí varios intentos desde el fondo norte una vez que se cumplió el primer cuarto de hora. En el sur, de nuevo, reinó el silencio. Fue como un paréntesis en medio de una relación que está por definirse. Que por momentos se escuchase a los jugadores gritarse unos a otros dio muestras de que a contemplar la obra había acudido otro tipo de cliente. Los “¡Mandzukic al espacio!”, “¡Fuera!”, se entremezclaron con gritos de “Atléti, Atléti”. En el césped del Calderón se escuchó a los futbolistas, cuyas frases retumbaron en cada recodo del estadio.

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