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De traspié en traspié

Hanyu, oro olímpico, deslumbra el primer día pese a una caída

Javier Fernández, quinto

Javier Fernandez, durante el programa corto en el Grand Prix.
Javier Fernandez, durante el programa corto en el Grand Prix. AP

Javier Fernández estaba convencido de que se presentaba bien aseado a la cita, listo para encandilar. Había podido exhibir ya en algunas ocasiones este programa corto, en el que se deja llevar por un clásico de Ram Jam como este Black Betty que saca su versión más rockera. Y había recibido excelentes críticas. Como la de aquella entrenadora que se le acercó en una competición para confesarle “que era el mejor programa corto que había visto en su vida”, según explicó el patinador hace unos días. El éxito parecía asegurado. Más teniendo en cuenta que jugaba en casa. Y que, además, era la primera vez que una competición como esta, una final del Grand Prix, con los mejores patinadores de la primera mitad de la temporada, se celebraba en España. Pero al llevar la teoría a la pista de hielo, algo falló en la práctica. Los nervios le carcomieron.

El patinador español empezaba con un cuádruple, como todos sus rivales. Pero se fue al suelo. Con estrépito. Ante la decepción de la grada, que le había jaleado más que a cualquiera de sus colegas, incluido Hanyu, oro en Sochi. Aquel error cubrió de pequeñas imperfecciones el resto de su programa, le restó garra y fuerza, impaciente como estaba por ser el mejor ante su público. Fernández enlazaría luego con otros dos saltos, dos triples combinados. Y antes de su divertida y animada secuencia de pasos hizo un triple Axel, ese salto tan difícil que se inicia siempre patinando hacia delante y que obliga a dar media vuelta más que en cualquiera de los otros saltos. Tampoco lo bordó. “Cuando vas un poco nervioso y asustado de que las cosas van a salir más, salen mal”, dijo más tarde. Los jueces le dieron 79,18 puntos, seguramente demasiado escaso para competir este sábado por las medallas con los mejores, a pesar de que ellos también se habían caído.

Lo hizo Hanyu, su compañero de fatigas y entrenamientos en Toronto (Canadá). Pero supo reponerse. Y enamorar en esta pista al borde del Mediterráneo. Campeón olímpico y campeón del mundo, llegó a Barcelona después de una lesión que por poco le cuesta la final. Chocó con otro colega en un calentamiento y sufrió un traumatismo. Pese a su palmarés, el accidente le hizo estrenar la pista en la competición masculina. Y su actuación fue tan brillante, repleta de elegancia y dulzura, que ni siquiera le afectó la caída que sufrió en la combinación prevista a mitad de su programa: hizo un triple lutz y llegó tan forzado que cayó al intentar el segundo, un triple toeloop. Al público le dio igual. Se cubrió el hielo de peluches y flores. A los jueces tampoco les importó demasiado. Su nota (94,08) es la mejor que consigue esta temporada. Y le colocó rápidamente en una posición casi inalcanzable. Le siguen, en la clasificación provisional, Machida, que también sufrió una caída (87,82), y Kovtun (87,02). Fernández, quinto, sólo puede esperar un milagro con su programa libre este sábado. Ayer aprendió que hay traspiés y traspiés.

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