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Anand aprieta, pero casi pierde

Tablas tras casi seis horas en el primer asalto

Magnus Carlsen contra Viswanathan Anand.
Magnus Carlsen contra Viswanathan Anand. EFE

Viswanathan Anand obligó a Magnus Carlsen a defenderse con precisión durante los primeros golpes del asalto inaugural del Campeonato del Mundo, pero no más. El noruego, actual campeón, se zafó con un juego exacto, hizo sufrir a su rival para forzar el empate tras cinco horas y media y tendrá la iniciativa de las piezas blancas este domingo en la 2ª de las doce partidas previstas.

Con las apuestas desfavorables para él por más de 3 a 1, el objetivo del indio era lograr una posición compleja, embarazosa para su rival y con más tiempo en el reloj. Y eso es exactamente lo que logró tras sólo 13 movimientos. Carlsen, quien ya había mostrado su incomodidad al invertir 16 minutos en el noveno, dio un recital de gestos durante su demora de 21 minutos para hacer el 13º: movía las ruedas de la silla atrás y adelante, hacía estiramientos con el coxis en el respaldo y la cabeza casi tocando las piezas, de pronto se erguía como si fuera a jugar pero se echaba atrás de nuevo, se ponía la mano en la frente, se sentaba en el borde como si fuera a saltar… Mientras tanto, Anand se había despojado de su chaqueta, lo que al parecer tenía previsto porque el nombre de su patrocinador también está bordado en la camisa. Y el aspirante le sacaba 40 minutos de ventaja al campeón.

No era difícil adivinar lo que pasaba en la privilegiada mente del escandinavo. Hace un año, cuando destronó al asiático en Chennai (India), Carlsen estuvo claramente peor varias veces en las primeras partidas –hasta que ganó la quinta-, y si no perdió ninguna fue por el lastre psicológico de Anand, abrumado por la enorme presión ambiental y mediática en su país y por la necesidad de defender el título ante otro genio, 21 años más joven, bautizado como “el Mozart del ajedrez”. Ahora, con Anand liberado de toda esa carga, darle esas oportunidades sería mucho más peligroso.

Pero, desde su adolescencia, Carlsen da la impresión de ser un centauro hombre-máquina: sabe plantear el tipo de situación que más moleste a su rival, y además lo hace con una precisión cercana a la de las computadoras. En este caso, lo que primaba era la exactitud de los ajedrecistas de silicio, y Carlsen se aplicó en una serie de correctas jugadas defensivas; por el contrario, Anand pecó de cierta precipitación –lo que ya le ocurrió hace un año-, y su posición se volvió mucho menos prometedora cuando se cumplían tres horas de lucha. Pasado el control de tiempo de la jugada 40, la lucha había dado un vuelco: Anand estaba ahora muy apretado, y probablemente se acordaba de cómo Carlsen exprimió este tipo de posiciones hace un año hasta la victoria.

De hecho, el noruego omitió un golpe quizá ganador en la jugada 42, pero probablemente no se dio cuenta de ello hasta que llegó al hotel y analizó la partida con sus amigos inhumanos, porque en la conferencia de prensa dijo: “Estoy satisfecho. Es verdad que lo he pasado un poco mal durante las dos primeras horas, pero luego he tomado la iniciativa y he empatado con negras la primera partida del Mundial. ¿Por qué no voy a estar contento?”. Anand reconoció haber estado al borde del precipicio: “Seguro que he podido jugar mejor en varios momentos. Al final he respirado hondo al encontrar la línea que me garantizaba el empate, porque la posición era peligrosa para mí”.

El riesgo de trampas con ayuda de computadoras –y de paso, el de un atentado terrorista- se ha paliado con tres controles de metales que cualquier espectador o periodista deben pasar antes de llegar a la sala de juego. Además se han instalado inhibidores de ondas para que los teléfonos móviles sean inútiles en muchos metros a la redonda del escenario. El gran peligro llegará cuando se pueda insertar un chip en el cerebro, lo que permitiría introducir en él uno de esos ajedrecistas inhumanos que calculan millones de jugadas por segundo. Pero los grandes expertos en inteligencia artificial, como Ramón López de Mantaras, director de Inteligencia Artificial del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, dicen que aún estamos muy lejos de ese momento.

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