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Un ejercicio de demolición

El Bayern voltea la resistencia del Dortmund, que sufre su quinta derrota consecutiva (2-1), entra en los puestos de descenso y firma el peor arranque de su historia en la Bundesliga

Weidenfeller intenta despejar un balón Ampliar foto
Weidenfeller intenta despejar un balón AP

Se indigesta el Bayern cada vez que el Dortmund de Jürgen Klopp llama a la puerta y pone el pie en territorio bávaro. Estratega y puñetero, el técnico alemán sabe cómo buscarle las cosquillas al gran gigante alemán, que ya cayó en las dos últimas Supercopas y en la última visita liguera de los vecinos del Ruhr. Encorajinado, el Borussia volvió a meter el miedo en el cuerpo de su adversario, que finalmente se llevó la victoria después de un intenso ejercicio de demolición. Jugó sus bazas Klopp y supo voltear la situación el Bayern, amo y señor de la Bundesliga, donde ahora languidece su huésped, que tras firmar el peor inicio de su historia sufre en los puestos de descenso.

BAYERN, 2 - B. DORTMUND, 1

Bayern: Neuer; Benatia, Boateng, Alaba; Lahm, Alonso; Robben, Götze (m. 69, Ribéry), Bernat; Müller (m. 80, Pizarro) y Lewandowski (m. 87, Rode). No utilizados: Zingerle, Dante, Rafinha y Shaqiri.

Dortmund: Weidenfeller; Piszczek, Sokratis, Hümmels (m. 46, Subotić), Durm; Bender, Kehl; Mkhitaryan, Kagawa (m. 70, Grosskreutz), Reus; y Aubameyang (m. 80, Ramos). No utilizados: Langerak, Ginter, Gündogan e Immobile.

Goles: 0-1. M.30: Reus; 1-1. M.71: Lewandowski; 2-1. M.85: Robben.

Árbitro: Manuel Gräffe (ALE). Amonestó a Xabi Alonso, Piszczek y Subotić.

71.000 espectadores en el Allianz Arena.

Si el Bayern se expresa desde la pelota, el Dortmund siempre tira por la vía de en medio, la más rápida hacia la portería. Prescindió Klopp de un ariete estático y jugó la carta de Aubameyang, un guepardo disfrazado de futbolista que partiendo desde el flanco derecho del ataque martilleó una y otra vez a la defensa del Bayern.

Al equipo bávaro le costó darle salida a la pelota por la presión de los puntas del Dortmund, siempre generosos en el esfuerzo, muy dañinos cada vez que pisaban la parcela de Neuer. Para solucionar el brete, Alonso tuvo que incrustarse como un zaguero más en el inicio de las jugadas. Solo así hilvanó su equipo, agarrado como siempre a los regates de Robben. En el primero de ellos, el holandés cañoneó y se encontró con el poderoso brazo de Weidenfeller, un sostén para los suyos. Realizó 22 intervenciones.

También reclamó su dosis de protagonismo Müller, ese jugador enigmático, productivo en casi todo y especialista en casi nada. Primero cazó un balón bombeado por Boateng y remató desviado; después, el corpachón del portero, inmenso en la salida, le privó del tanto. Envalentonado, entregado al plan y al descaro de su técnico, el Dortmund comenzó a afilar las garras y a explorar los espacios. Por el carril izquierdo se asomó el habilidoso Mkhitaryan, al que el poste izquierdo le impidió el premio; y desde el centro percutió después Aubameyang, frenado por Neuer en el mano a mano. Pero no desistió el africano.

Weidenfeller, colosal, sostuvo a los visitantes con 22 intervenciones; los de Kloop suman siete puntos de 30

Fiado al contragolpe, el Borussia se estiró y abrió la herida en una acción que nació en la retaguardia, pasó por las botas de Kagawa y desembocó en la derecha. Desde allí cabalgó Aubameyang, imponente en la carrera y milimétrico en el centro que permitió a Reus romper el candado de la casa del ogro. No se alteró el Bayern, camaleónico y versátil, un espectáculo cuando se juntan sus mejores peloteros. Entre ellos, por supuesto, está Robben, que en ocasiones se enreda más de la cuenta. Esta vez, el ensimismamiento y su deseo de recortar una y otra vez exasperaron a la hinchada, que cantaba el gol tras una hermosa sucesión de toques y triángulos imaginarios.

Robben, ante Weindenfeller ampliar foto
Robben, ante Weindenfeller Bongarts/Getty Images

Frente al arte de resistir, el equipo de Guardiola ofreció la virtud de la insistencia. Disparó 25 veces el Bayern por 10 lanzamientos de su rival. Volcado, no claudicó nunca pese a que Weidenfeller tuviese manos para todos y estuviese colosal. Ante Robben, ante Lewandowski, ante Müller. Frente a todos. Ocurre que Hümmels notó unas molestias en el descanso y tuvo que ser relevado. Salió en su lugar el fornido Subotić, habitual pareja de baile del internacional alemán. Salió al césped el serbio y, coincidencia o no, se desmoronó el Dortmund. Primero estuvo desafortunado al intentar cortar un pase filtrado de Ribéry, bien aprovechado en segunda instancia por Lewandowski para empatar, y picó más tarde como un novato en un sprint con el francés, fresco de piernas y pillo para irse al suelo tras un leve forcejeo. Robben, certero, no erró desde el punto de penalti.

Firma de este modo el Dortmund un inicio desastroso. Dos triunfos, un empate y siete derrotas —las cinco últimas consecutivas—, siete puntos de 30 posibles, describen la nefasta trayectoria de un equipo bipolar, soberbio cuando escucha la sinfonía europea y calamitoso esta campaña en el torneo doméstico. Todo lo contrario que el Bayern, un rodillo en casi todos los terrenos.

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