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Riazor, infierno blanco

El Madrid pasó más de 18 años sin ganar en A Coruña, donde padeció algunas de sus debacles más sonadas

Djalminha y Beckham, en 2004.
Djalminha y Beckham, en 2004. EFE

“¡Barça, Madrid, ya estamos aquí”, anunció Augusto César Lendoiro cuando el equipo que presidía logró regresar a Primera División en 1991 tras 19 años de abstinencia de la máxima categoría. Parecía una broma, pero después de una campaña de aterrizaje entre los grandes, el Deportivo trazó una de las más memorables epopeyas del fútbol español. Se le recuerda su Liga, sus dos Copas del Rey o sus tres Supercopas, sus grandes noches europeas, pero también los años de sometimiento al Real Madrid en Riazor. De manera inopinada el feudo donde los blancos habían encontrado una suerte de mini Bernabéu en sus casi anuales participaciones en el Trofeo Teresa Herrera se convirtió en un infierno donde las debacles y los malos tragos se encadenaron durante casi dos décadas.

1992-93 - 3-2. La noche que nació el Super Dépor. Dos goles de Bebeto y uno de Ricardo Rocha en propia meta sirvieron para remontar un partido al que el Deportivo había llegado líder, pero que comenzó perdiendo 0-2. Aquella noche marcó un punto de inflexión y mostró al mundo un nuevo aspirante que llegaba para desafiar a los grandes de la Liga. “De pronto los niños de A Coruña que en el colegio se pedían ser Míchel, Butragueño o Stoichkov querían ser Mauro Silva, Bebeto o Fran”, recuerda el mítico diez blanquiazul. “A partir de aquel partido nos convertimos en el segundo equipo de todos los españoles”, le gusta recordar a Augusto César Lendoiro. La épica de aquel Deportivo se forjó en una noche en la que explotó Adolfo Aldana, que llegó a A Coruña desde el Bernabéu en busca de minutos y acabó siendo internacional.

1993-94 – 4-0. Mauro Silva y Bebeto estaban en Brasil convocados por su selección para jugar un decisivo choque contra Uruguay valedero y clasificarse para la Copa del Mundo que posteriormente ganaron en Estados Unidos. Lendoiro clamó contra lo que consideraba un agravio, pero la FIFA impidió la presencia de los futbolistas, pero el Deportivo no los echó de menos y en una fenomenal demostración liquidaron a un Madrid, en el que fracasó con estrépito Robert Prosinecki, con dos goles de Claudio uno de Manjarín y otro de Fran.

1994-95. 0-0. Avisado por sus dos anteriores visitas y la eclosión de su rival, que había dejado pasar la Liga meses atrás con el penalti errado por Djukic ante el Valencia, el Madrid se presentó cauteloso en Riazor. Fue un partido cerrado, sin opciones y en el que los blancos asentaron un liderato que pasada media Liga le separaba del Depor, segundos, en tres puntos (cuando cada victoria otorgaba tan sólo dos). Buyo frustró las pocas opciones locales y hubo severas críticas de jugadores del Deportivo como Fran o Claudio al planteamiento supuestamente conservador de Arsenio. Cuando al técnico gallego le preguntaron tras el partido si no creía que su equipo había arriesgado poco lanzó una de sus memorables réplicas. “¿Qué es arriesgar? El Deportivo no es El Corte Inglés. Nosotros no podemos dar facilidades”.

1995-96. 3-0. El Madrid vuelve a derrumbarse en Riazor y en la última jornada antes de Navidad se fue al receso a catorce puntos del líder y futuro campeón, el Atlético. Valieron tres goles de Bebeto, que no atravesaba sus mejores días en Riazor, nunca en buena relación con J. B. Toshack, que había sustituido a Arsenio al frente del Deportivo. En pleno proceso electoral en el club blanco, Lendoiro incitó a presenciar el partido en el palco a los tres candidatos merengues, Ramón Mendoza, que luego revalidó su cargo, Santiago Gómez-Pintado y Florentino Pérez. Sólo acudió éste último.

1996-97. 1-1 En el partido que abría la Liga el Deportivo se presentaba ante su público con un plantel renovado que en media España se conocía, con un cierto matiz despectivo, como “La ONU”. Lendoiro había aprovechado la Ley Bosman para lanzarse a mercados inexplorados y Toshack presentó ante el Madrid para abrir el campeonato un once con sólo tres futbolistas nacidos en España (Armando, Paco Jémez y Fran). Marcó de inicio el francés Corentin Martins, pero igualó en la recta final Roberto Carlos tras un disparo que rebotó en otro debutante, Nourredin Naybet. El Deportivo acabó con nueve jugadores sobre el campo y el enfado del galés hacia el árbitro Daudén Ibáñez. Antes del partido el club había recibido una notificación de la FIFA impidiendo la alineación de Mauro Silva, que no se había presentado a una convocatoria con su selección. El Deportivo había alegado que había perdido el pasaporte. Lendoiro puso la situación en manos de una asamblea de socios, que votó que el brasileño jugase contra el Madrid. Toshack prefirió no exponerse a una derrota administrativa y una sanción que le descontase puntos en la clasificación.

1997-98. 2-2. Un Deportivo de entretiempo, con Rufai en la portería y José Manuel Corral en el banquillo, defendió sus opciones ante un rival que falló un penalti en el último minuto para romper su mala racha. Savio lo envió fuera.

1998-99. 4-0. Javier Irureta se había incorporado al Deportivo y había españolizado la base del equipo. Tres goles antes del descanso laminaron al Madrid, en el que Seedorf y Mijatovic acabaron enzarzados en una discusión sobre el césped que dio que hablar durante semanas. “Hicimos un ridículo imperdonable”, sentenció el presidente blanco Lorenzo Sanz.

1999-2000. 5-2. Aquella noche Lorenzo Sanz soportó estoico en el palco como un ex jugador suyo, Víctor Sánchez del Amo, corría cincuenta metros para celebrar un gol ante él. Criado en la cantera blanca, Víctor quería revancha y la obtuvo en un partido memorable del Deportivo en el que Djalminha dejó una imagen que aún no ha caducado, la de la lambretta para superar por alto con un taconazo hacia delante a varios rivales. El brasileño confesó tras el partido que se había inspirado en Jason Williams, otro intrépido, entonces el base de moda en la NBA. El Madrid, que llegaba a Riazor tras quince partidos sin conocer la derrota, se fue sin oponer tacha. “Nos arrollaron”, resumió su entrenador Vicente del Bosque.

2000-01. 2-2. Cerca estuvo el Madrid de romper la racha, pero tras llegar al descanso dos goles arriba acabó dando por bueno un empate ante el aluvión deportivista tras el descanso. Cinco balones al palo envió el equipo de Irureta.

2001-02. 3-0. En la última jornada de Liga ambos equipos se jugaban el subcampeonato y con ello el pase directo a la Liga de Campeones, pero el Madrid llegó a A Coruña más pendiente de jugarse sus bazas en la inminente final de Glasgow, donde ganó la “novena” ante el Bayer Leverkusen. Ni siquiera pesó el ánimo de revancha tras el “Centenariazo” perpetrado por el Deportivo apenas dos mese antes. Marcaron Makaay, Fran y Pandiani.

2002-03. 0-0. En un mal partido y bajo un diluvio se firmaron unas tablas sin espacio para el recuerdo. Víctor y César enviaron dos remates a los palos para los locales, que expusieron un poco más que un oponente reservón y pleno de prudencia.

2003-04. 2-0. A cuatro jornadas del final de la Liga el Real Madrid sepultó en Riazor las opciones que tenía de plantarle cara al Valencia, a la postre campeón. Diego Tristán y Capdevila marcaron para el Deportivo, que se benefició de la expulsión de Zidane a cinco minutos del descanso tras dos alevosas entradas a Sergio y Djalminha. Riazor disfrutó del desastre madridista, al que ya tenía por rival directo, y cantó durante minutos “Ni Uefa, ni Liga, ni Champions League”. El Madrid había caído en Europa ante el Mónaco, el Deportivo se aprestaba a jugar tres días después la vuelta de su histórica semifinal en la máxima competición contienental contra el Oporto. 48 horas después en la sala de prensa de Riazor el técnico del equipo luso, José Mourinho, lanzó una advertencia al deportivismo: “Llegáis muy creciditos”.

2004-05. 2-0. Por segunda temporada consecutiva Zidane tuvo que marcharse antes de tiempo de Riazor, ésta vez lesionado al filo de la media hora. Para entonces ya ganaba el Deportivo con goles de Luque y Pavón en propia puerta. Mauro Silva dejó el club aquel verano, tras trece campañas, sin haber conocido la derrota ante el Madrid en Riazor. Meses atrás, en el partido de la primera vuelta, los blanquiazules habían ganado en el Bernabéu 0-1, su única victoria en feudo blanco (al margen de la final de Copa de 2002 y la Supercopa de 1995) desde 1955.

2005-06. 3-1. Joaquín Caparrós era el inquilino del banquillo deportivista, Wanderley Luxemburgo dirigía a un Madrid que se presentó en Riazor con Diogo, Woodgate y Pablo García en el once. El Deportivo tampoco era el de antaño, pero fue fiel a su invicta tradición con dos goles del central Juanma y uno de De Guzmán, pero sobre todo con un excelso Munitis, otro que se quería reivindicar ante su ex equipo. EL ururguayo resumió al final lo que era aquel Madrid: “Así no se puede jugar. El fútbol no es sólo jugar y mover la pelota sino poner otras cosas”.

2006-07. 2-0. Regreso del parón navideño, al que el Madrid había llegado tras caer en el Bernabéu ante el Recreativo y tras el que exhibía dos incorporaciones: Gago e Higuaín. Sólo el centrocampista jugó en Riazor, pero no tocó bola. A la hora de partido ya estaba en la caseta. Capdevila y Cristian Hidalgo marcaron para el Deportivo, que disfrutó de una maravillosa actuación de Arizmendi como extremo derecho, autor de una jugada maradoniana que se fue al poste.

2007-08. 1-0. El Deportivo no cesaba de bajar su presupuesto y sus miras, pero la cita contra el Madrid ya se había convertido en algo especial. Un autogol de Pepe le dio la victoria. El centrocampista blanquiazul Julien De Guzmán había prometido un año de abstinencia sexual si marcaba, pero aunque lo intentó se fue de vacío.

2008-09. 2-1. El Madrid llegó a Riazor después de que la noche anterior Robinho hubiese convocado a la prensa en un hotel para cargar contra el club por no facilitarle la salida al Chelsea. El público coruñés no dejó de jalear su nombre en los minutos finales del partido para hurgar en la herida de un rival que ya no sabía que hacer para ganar en A Coruña. A Schuster, entonces entrenador, le preguntaron tras la derrota si había algún gafe o meiga transitando por la zona. “No sé lo que hay aquí, pero algo hay”, respondió.

2009-10. 1-3. Fue el 30 de enero de 2010. El Madrid no vencía en Riazor desde el 2 de septiembre de 1991 y la ruptura de la racha quedó vinculada a una genialidad de Guti, un taconazo imposible de imaginar que dejó a Benzema ante el segundo gol de su equipo. Fue poco antes del descanso. En la recta final del partudo descontó Riki de penalti para los coruñeses, pero sobre la bocina sentenció el delantero galo. En su última temporada como madridista Raúl por fin conseguía salir victorioso de Riazor, estadio en el que sólo pudo marcar un gol, el del honor en la dertota del curso 2005-06

 2010-11. 0-0. El Deportivo peleaba una salvación que no llegó y el Madrid le encerró en su área para doblegar una numantina resistencia. Adebayor y Cristiano Ronaldo enviaron sendos remates al palo. El tropiezo dejó al equipo de Mourinho a siete puntos del líder, el Barcelona cuando se enfilaba ya el mes de marzo. Al final del partido por la megafonía del estadio sonó una mofa hacia el técnico portugués recordando sus palabras siete años atrás. “¡Estábais muy creciditos!”. “Si el Deportivo jugase siempre como contra nosotros estaría en puestos europeos”, atinó a decir el técnico de Setúbal tras el partido.

 2012-13. 1-2. Fue el primer partido de Fernando Vázquez como técnico del Deportivo en Riazor y planteó un partido a la contra, azuzado por un gol inicial de Riki. El Madrid había dejado en la reserva a Cristiano Ronaldo y Ozil pensando en sus batallas continentales, pero al inicio de la segunda parte salieron al campo para cambiar el curso del partido. Marcó Kaká, en una de sus escasas reivindicaciones como merengue, y decidió Higuain a tres minutos del final. Tras esa campaña el Deportivo descendió de nuevo a Segunda. Ahora de regreso, su nuevo técnico Víctor Fernández cree que la historia también puede jugar. “El ciclo actual del Deportivo no tiene nada que ver con el vivido durante todos esos años, pero sí que puede influir la tradición y ser un factor que empuje a público y jugadores”, estima.

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