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La sirena de la mirada asesina

La estadounidense Katie Ledecky bate los récords de 400m y 1.500m libre en menos de 24 horas

Katie Ledecky. Ampliar foto
Katie Ledecky. AFP

Entre las ciudades de Berlín (Alemania) y Brisbane, Gold Coast (Australia), distan más de 15.000 kilómetros. Entre ambas se ha disputado en la distancia un Mundial ficcional de natación. Si en el Campeonato de Europa han brillado Mireia Belmonte, Katinka Hosszu, Sarah Sjöström y Federica Pellegrini, en los Pan Pacíficos una niña de 17 años, que estudia en un colegio pijo americano, y que podría estar compitiendo en los Juegos Olímpicos de la Juventud, ha dejado claro que no tiene rival en el mundo y que batalla ante la eternidad. Las europeas son unas honorables princesas, Missy Franklin es la mejor espaldista de la tierra, pero Katie Ledecky es la única reina de la natación y digna heredera de Michael Phelps.

Ledecky tiene el mismo poder de atracción que poseía Phelps y está revolucionando la natación con unas marcas siderales. Antes de cada carrera Katie y su máscara de hierro entran en una especie de armadura impenetrable. El hermetismo inunda su cuerpo. No saluda a nadie. Esconde debilidades. Sabe que compite contra ella misma y no realiza nada pensando en las demás.

“Es seria como un asesino”, responde Bruce Gemmel, el entrenador de Ledecky, cuando le preguntan por la timidez de su pupila. La estadounidense Katie Ledecky, una estudiante ejemplar, de padres pudientes y ya comprometida con la prestigiosa Universidad de Stanford, sólo sonríe después de batir récords.

tiene el mismo poder de atracción que poseía Phelps y está revolucionando la natación con unas marcas siderales

En menos de 24 horas le dio tiempo para romper las plusmarcas de 400 metros libre con 3m58s37, cinco segundos menos que la campeona europea de la distancia, la británica Jazmin Carlin (4m03s24) y también del 1.500 m libre con un tiempo de 15m28s36, medio minuto menos que el marcado por Mireia Belmonte en la final europea (15m57s29) y mejor marca de los campeonatos continentales.

Ledecky está llamada a marcar una nueva era en las piscinas. La estadounidense parece no tener límites y ha puesto patas arriba a la natación mundial con sus marcas. Melani Costa, subcampeona mundial de los 400 metros libre y una de las grandes decepciones del Europeo, explicaba: “Tiene 17 años y será una motivación muy grande para nosotras las europeas en Kazán. Con ella nos entrarán más ganas de bajar de los cuatro minutos”.

Una utopía. Ledecky parece inalcanzable para cualquier mortal y muchas nadadoras se plantean sus programas en los Juegos de Río en 2016 para no coincidir con esta extraterrestre de las aguas.

En el Mundial de Barcelona de 2013, Ledecky asombró al mundo con marcas de 3m59s82 en el 400m libre, 8m13s86 en el 800m libre y 15m36s53 en el 1.500m libre. Ha pasado sólo un año y sus propias marcas parecen del siglo pasado para ella. Además, ahora Ledecky ha añadido a su inmenso repertorio el 200m libre, en el que ya ha batido a su compatriota Franklin.

Ledecky no tiene competidoras. Sus ojos son cuchillos. Ayer volvió al lugar del crimen para intimidar desde la lejanía. Una cosa dejó clara. Ella no pelea ante las europeas. Lucha ante la reminiscencia de Janet Evans, la mejor fondista de todos los tiempos. Le espera la gloria del deporte.

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