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“Fue un acto reflejo”

Los extécnicos y rivales no se explican la reincidencia de Luis Suárez al morder a Chiellini

Luis Suárez, tras morder a Chiellini. Ampliar foto
Luis Suárez, tras morder a Chiellini. REUTERS

Un pronto incontrolable. La impotencia por una actuación gris en un partido decisivo. Un instinto agresivo para repeler las provocaciones del banquillo italiano y las duras entradas de sus defensas. Entrenadores que le educaron en sus inicios e incluso rivales que se han enfrentado a Luis Suárez no aciertan a explicar su reincidencia, ese tercer mordisco que puede costarle su participación en lo que resta de Mundial. Tras su determinante actuación ante Inglaterra estaba señalado como uno de los grandes protagonistas de la cita. Su bocado en el hombro a Chiellini le ha puesto en el disparadero ante el fútbol mundial.

“¿Por qué volvió a morder?”, se pregunta Martín Lasarte, el entrenador que le dio la oportunidad de debutar en el primer equipo del Nacional de Montevideo con apenas 18 años. “No es un chico malintencionado, aunque siempre tuvo una personalidad muy fuerte. Quizá sintió impotencia porque no estaba jugando bien. Lo cierto es que no pudo contenerse, no ha asimilado que todo lo que hace da la vuelta al mundo”, asegura el ex técnico de la Real Sociedad, ahora en el Universidad de Chile.

Suárez muerde a Ivanovic.
Suárez muerde a Ivanovic.

“Nunca he tenido problemas con él. Es un rompehuevos que no para de correr y que va al choque, pero no es de los que te busca con provocaciones ni está piando todo el partido cuando le haces una entrada. No es un perro, tú le das y no dice nada, aunque él también te da. Tiene ese problema, que se le va la cabeza y no puede controlarse”, cuenta Carlos Cuéllar, central del Sunderland, rival muchas veces de Suárez en la Premier. “Hace una semana era el gran protagonista, un salvador, y ahora está señalado como un jugador violento y despreciable”, abunda Lasarte. “Él sigue diciendo que no mordió a Chiellini”, dice un miembro de su entorno, que se ha puesto en contacto con él y que apunta “a un acto reflejo y a una mala gestión de la tensión competitiva”, para explicar el mordisco.

No es un perro, tú le das y no dice nada. Él también te da”, dice el central español Carlos Cuéllar

La primera dentellada sonada de Suárez fue a Baccal, del PSV Eindhoven. Sucedió en 2010 y entonces la justificó como respuesta al exceso de juego subterráneo: “Me pisó siete veces. Él sabe porqué le mordí, pero después del partido lo arreglamos”, relataba, en conversación telefónica, apenas tres días después de aquel primer mordisco. “Tienes las pulsaciones muy altas… Pero he mejorado mucho, antes era de carácter mucho más fuerte, me calentaba mucho. Últimamente estaba contento. No me gusta perder y me enfado hasta conmigo mismo”, decía por entonces.

El mordisco a Bakkal.
El mordisco a Bakkal.

Suárez nació en uno de los barrios más humildes de Salto, una población del interior de Uruguay a unos 400 kilómetros de Montevideo en la que vivió hasta que cumplió seis años. Su padre, un exjugador de perfil bajo, trabajaba como portero y su madre limpiaba escaleras. La ruptura de sus progenitores le afectó tanto que dejó el fútbol. Para entonces ya residía en Montevideo con su madre y a los diez años fichó por el Nacional. Lo captó Wilson Pires, “el hombre que más me ha ayudado a centrarme”, ha confesado el delantero del Liverpool. La otra persona que más contribuyó a centrarle fue Sofía, su mujer, a la que conoció con 15 años. Cuando ella se trasladó a Barcelona a vivir también pensó en abandonar el fútbol. Fue una época en la que siendo un quinceañero fue señalado por frecuentar demasiado la noche. Se le llegó a acusar de beber en exceso, algo que siempre ha desmentido, aunque sí admite que salía a bailar con asiduidad.

“Cuando le hice debutar no marcaba y recibió muchas críticas. Ahí sí que tuvimos que trabajar psicológicamente con él, pero era una cuestión de rendimiento deportivo, de que no le afectaran las críticas, había que cuidarle porque era muy joven, pero no fue por mal comportamiento o porque fuera un jugador agresivo. En cuanto marcó el primer gol ya no paró, hizo 14 o 15 y al poco vino el Groningen a buscarle”, rememora Lasarte.

“Cuando llegó al Groningen no jugaba porque no se entrenaba bien, pero era una cuestión de cultura. Marcelo Silva, también uruguayo y compañero suyo habló con el entrenador para explicarle que en Uruguay no se entrena como se juega. Silva le dijo que le pusiera a jugar que ya no le sacaría más del equipo y así fue”, cuenta José Carlos Álvarez, periodista de radio Uruguay.

Ya en el Ajax, también tuvo un enfrentamiento con Albert Luque, con el que se pegó en el vestuario durante el descanso de un partido. Ahora son buenos amigos. Ya en Inglaterra, fue sancionado con ocho partidos por llamar negro a Evra, el lateral izquierdo del United. También se recuerda en las Islas una celebración provocadora ante David Moyes, por entonces entrenador del Everton, que le había acusado de hacer teatro. “Después de morder a Ivanovic, el del Chelsea, le dije que era el momento de abandonar Inglaterra, pero me dijo que tenía que demostrar que él no era así. Los propios jugadores de la Premier, que son sus rivales, le eligieron el mejor jugador del campeonato y le respetan, por algo será. Antes del Mundial estuve con él en Montevideo, le vi más maduro y como siempre, muy centrado con su familia, pero no ha logrado controlarse”, concluye Lasarte.

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