Tres magníficos y un marciano

Márquez gana en Montmeló su séptima carrera consecutiva en una prueba épica, repleta de adelantamientos y toques entre los cuatro mejores pilotos del momento

Márquez vence por delante de Rossi y Pedrosa.
Márquez vence por delante de Rossi y Pedrosa.Andres Kudacki (AP)

Los hubo de mil maneras y colores, tantos fueron sus protagonistas. Los hubo por todas partes: a final de recta, en plena chicane, en la quinta curva, en la décima... Pero uno fue el ganador: el adelantamiento vencedor fue el que le hizo Márquez a Pedrosa en la última vuelta. Un cambio de dirección delicioso, un pim-pam y te gano la posición. Y el joven campeón, la ambición brutal, el atrevimiento intacto, suma la séptima victoria consecutiva de la temporada, desde la primera carrera del año, en Qatar, hasta esta última, en Cataluña, la tierra que le vio nacer y convertirse en el gran ídolo del momento del motociclismo mundial.

Y el joven campeón, la sonrisa siempre a punto, amplía el muestrario: gana en soledad, como perseguidor y como perseguido, gana los duelos, y también las batallas cuando los rivales se multiplican, como este domingo en Montmeló, donde volvieron los llamados cuatro magníficos. Ya no está Stoner, pero sí un Márquez que todo lo puede. Un piloto capaz de cambiar su estilo según le siente el circuito al que se enfrenta. En el catalán atacó las curvas de forma diferente: en lugar de derrapar a la entrada como está haciendo esta temporada, optó por entrar rápido y pasarse el ápice de la curva para aprovechar la aceleración en la salida. Es más arriesgado. Y los errores se notan más, como se vio. Pero le molestaban los pianos altos de Montmeló y como iban a seguir en el mismo sitio decidió ser él quien se adaptara a la pista pasando menos tiempo inclinado. Es solo un detalle, pero define su habilidad.

En cuanto se apagó el semáforo, mordió Lorenzo: excelso en la salida, el primero en tomar la primera curva; le siguió Rossi, otro obús que salió disparado y que ofreció el primer adelantamiento de la tarde: a Pedrosa. Tras las dos Yamaha, las dos Honda. La carrera prometía. Y prometió. Bajo un cielo cerrado, gris oscuro, que aguantó la tormenta en vistas del espectáculo que estaba por venir. Para suerte del público (cuantioso el despliegue de rossistas) fue Valentino el que atacó primero: interior a Lorenzo, que también sería rebasado por Márquez, igualmente jaleado. Era solo la cuarta vuelta. En la sexta se decidió Lorenzo: en la primera frenada adelantó al de Honda, que le respondió (agresivo) en la quinta curva, y ya no pelearía más el mallorquín, solo una pizca más lento que sus rivales —afectado, según explicó, por la peor aceleración de su M1 y por la poca confianza con los neumáticos—, lo suficiente para no poder entrar en la lucha de las últimas vueltas; le adelantaría al siguiente giro Pedrosa y el de Yamaha empezó a ceder décimas vuelta a vuelta.

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Tras diez giros, a casi un segundo de Pedrosa, Lorenzo quedó eliminado de aquel enfrentamiento ya a tres bandas. Todavía pasarían muchas cosas: bastantes errores de Márquez, a final de recta —el más escandaloso, terminó saltándose la chicane— o en la décima curva, aquella (larguísima) en la que a menudo se iba largo; una bandera amarilla que sembró la duda entre los propios pilotos —ni Márquez ni Rossi la vieron, Pedrosa sí; pero vio Márquez a un piloto en la grava y, por si las moscas, decidió devolver la posición ganada poco antes en un adelantamiento al italiano, que no entendía nada—; más adelantamientos, como el de Márquez a Rossi en plena chicane o el de Pedrosa, también al italiano, a final de recta.

Y así llegaron los tres, con solo dos décimas de separación entre moto y moto, a la última vuelta. Y entonces sacó Pedrosa los dientes, agresivo como pocas veces se le ve —“No es fácil luchar en las últimas vueltas con Márquez y Rossi”, concedió—, en forma, por fin, y con un brazo que ya le responde hasta el último giro. Ofreció un interior espectacular a final de recta. Pero Márquez se lo devolvió entre la primera y la segunda curva: un cambio de dirección y listos. Ni así se dio por vencido el de Castellar. Y volvió a probar, a la entrada del estadio. Y se acercó tanto que tocó con su rueda delantera la trasera de Márquez y se salió de la trayectoria. Fue un intento fallido que le honra. “Cuando estás tan cerca no sabes dónde acaba tu rueda y dónde empieza la suya”, dijo. Terminó en el tercer escalón del podio, pues a Rossi, maravilloso el desgaste, admirables las ganas y la capacidad a sus 34 años, aquel error le vino de perlas para recuperar una posición. Error que a Márquez le molestó poco: “Así son los finales de carrera. Esas últimas vueltas han sido lo más divertido: les adelantaba y ellos volvían a adelantarme a mí. He hecho toda la carrera al ataque, pero las últimas vueltas eran a todo o nada”, explicó.

Peleaba con tres magníficos. Tres magníficos y un marciano. Se llama Marc Márquez. Y ha ganado todas las carreras de este 2014, siete hasta la fecha, tantas como logró Rossi en el 2002. Siete pruebas distintas con idéntico final.

Sobre la firma

Especialista de motociclismo de la sección de Deportes. Ha estado en cinco Rally Dakar y le apasionan el fútbol y la política. Se inició en la radio y empezó a escribir en el diario La Razón. Es Licenciada en Periodismo por la Universidad de Valencia, Máster en Fútbol en la UV y Executive Master en Marketing Digital por el IEBS.

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