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La pitada de la discordia

El vestuario del Barcelona y los números de Cesc rebaten la ojeriza del Camp Nou

Cesc sustituye a Xavi, momento de la pitada. Ampliar foto
Cesc sustituye a Xavi, momento de la pitada.

Salió al campo en el minuto 83. Recibió el balón, tocó a la derecha, dio un paso atrás para recoger el nuevo pase de Iniesta y cambió el juego a la llegada de Adriano, que centró para que Messi marcara el tanto definitivo en la Supercopa de 2011 ante el Madrid. Después, soltó una asistencia que Leo erró ante Casillas y sufrió una dura entrada de Marcelo que desató la tangana famosa donde Mourinho le metió el dedo en el ojo a Vilanova. “Con lo que has hecho en estos 10 minutos ya te has ganado al Camp Nou”, le dijo Pep Guardiola a Cesc Fàbregas. Augurio desatinado; el Camp Nou focalizó el domingo su descontento sobre la figura del 4.

Desde el vestuario del Barça no se entiende la estruendosa pita a Cesc, sobre todo porque siempre lo da todo por el equipo, profesional al máximo, entregado al club y al grupo, por más que él mismo se definiera el año anterior como “un mal suplente pero un buen compañero”. “En los entrenamientos lo da todo, vigila lo que come, se preocupa por dormir las horas que tocan, no hace nunca ningún exceso, sino que es obsesivo con el fútbol”, enumeran sus compañeros; “y puede que un día no le salga su mejor fútbol, pero siempre lo intenta y se ofrece”. Eso expuso el técnico Martino: “Pide la pelota, nunca se esconde, es valiente… no tengo ninguna duda con él”. Por eso, es el segundo que más minutos ha jugado (3.537) esta temporada, solo por detrás de Busquets (3.707). “Seguro que le dolió la pitada”, prosiguen desde el club; “pero sabemos de su carácter competitivo y eso le hará entregarse aún más”. Sobre todo porque es culé como pocos, hasta el punto de que, cuando era niño, sus padres no encontraron mejor amenaza para que estudiara que decirle que lo sacarían del club azulgrana.

El centrocampista suma ocho tantos y es el máximo asistente de la Liga con 12 pases de gol

Cesc tenía claro en el momento de fichar por el Barcelona que podría perderse minutos, con Iniesta, Xavi y Busquets en el campo. Pero ser discutido es algo que nunca padeció, toda vez que ya en benjamines le escondían en el Mataró para que no lo vieran los cazatalentos del Barcelona, años después escogido como el mejor del Mundial sub-17. Ese fue el trampolín para que Arsène Wenger le invitara a London Coultny, ciudad deportiva del Arsenal, y le ofreciera un futuro profesional inminente. Aceptó Cesc y se consagró en el fútbol, debutante en Inglaterra con 16 años y 177 días, reclamado por Luis Aragonés para la selección a los 18 y capitán e ídolo gunner a los 20, cuando el Emirates entonaba We've got Cesc Fàbregas al son de La Traviata. Por eso insistió Vilanova en recuperarlo, con la aquiescencia de Guardiola; intentona frustrada en 2010, con una segunda oferta de 40 millones. Se resistía a cumplir su sueño, ese que alimentó el propio Guardiola con una dedicatoria en una camiseta cuando todavía era cadete, donde escribió: “Algún día serás el 4 del Barça”.

Fue en 2011, tras otras tantas tentativas, cuando Wenger aprobó el traspaso, cifrado en 34 millones y seis más por variables. Números que chirriaron en el Camp Nou, dado que era de La Masia. Pero que no le importó al cuerpo técnico porque consideraban que daría una nueva vuelta de tuerca al equipo, que le haría más imprevisible y le dotaría de más llegada desde la segunda línea. Y empezó como un tiro, con cinco goles en sus siete primeros encuentros oficiales. Actuaba entonces de mediapunta, explotada la idea de la línea de tres en defensa (3-4-3). Pero le duró poco la efervescencia, una constante en el Barcelona, brillante a rachas —como desde octubre a diciembre de 2013, cuando hizo siete dianas en 10 partidos—, por más que se le reproche que no ha cuajado partido memorable contra un rival de alto copete (aunque fue capital ante el City en el Etihad).

Con molestias en el pubis desde navidades, acude cada tarde a tratamiento

“En el Barça siempre tengo ganas de irme hacia adelante, por la costumbre del Arsenal. Al actuar de interior, en cambio, significa que hay que tener más disciplina, mantener la posición, y a veces me falta la paciencia de Busquets y Xavi”, se justificaba en su primer año Cesc. Coyuntura de lo más extraña porque se le fichó precisamente por su impaciencia, anarquía y desorden, su capacidad de llegada y de gol.

Aunque sus tres temporadas reflejan números de lo más similares, el Camp Nou ya le dedicó abucheos en septiembre de 2012, cuando falló dos goles cantados. De mediapunta a volante, también extremo, Cesc pareció funcionar mejor que nunca de falso 9 en ausencia de Messi. Pero ese sitio es coto privado y se sigue sin saber dónde rinde mejor. “Pero es que en cualquier sitio es bueno”, interceden desde el vestuario, sabedores de que es el máximo asistente de la Liga, con 12 pases de gol, seguido por Di María, que se queda con 11. También acumula ocho goles, por los 11 que hizo el año anterior y 9 en su primer curso. Quizá por eso el Manchester United le quiso este verano con persistencia, con tres ofertas, una última de 42 millones. “Cesc ha dicho que no se quiere ir”, esgrimió el club, por más que este verano podría escuchar una oferta en caso de que fuera “descomunal”.

Con molestias en el pubis desde navidades —acude cada tarde a tratamiento—, Cesc se enfrentó el domingo a la ojeriza del Camp Nou, algo que ya probaron en los últimos años Chigrinski, Ibrahimovic y hasta Neymar. Pero el 4, que lleva sin marcar un gol en 17 partidos, no se rinde porque siempre tuvo claro que este es su sitio.

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