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un ciclista inolvidable

Diez años sin un Pirata único

Marco Pantani, que murió de sobredosis a los 34 años el 14 de febrero de 2004, representó a un ciclismo que ya no volverá

Pantani, tras vencer en Alpe-d'Huez, en 1998. Ampliar foto
Pantani, tras vencer en Alpe-d'Huez, en 1998. reuters

Si no hubiera muerto de sobredosis de cocaína hace 10 años un San Valentín gris y solitario en Rímini, junto al Adriático, donde en invierno solo sueñan con nevadas históricas y transatlánticos de lujo que hacen sonar sus bocinas y exhiben sus luces al pasar rozando la costa, Marco Pantani tendría ahora 44 años.

Si siguiera en el mundillo ciclista quizás ahora sería comentarista televisivo, o quizás guiaría un volante, un coche detrás de corredores que sabe que nunca serán como él en un ciclismo que nunca podrá ser como el suyo. Pero haría falta un gran ejercicio de imaginación para conjurar esas imágenes, esos oficios vulgares para el último Pirata del ciclismo. Incluso haría falta excesiva imaginación simplemente para imaginarlo vivo aún. Como tantos otros genios del ciclismo, como tantos que rompieron moldes guiados por una cabeza única, exagerada e incomprensible para los demás mortales, por una reacción intransferible a las mismas sustancias dopantes que a otros no sacaba de la vulgaridad, por la rabia, sobre todo, Pantani, el último italiano que ha ganado el Tour, estaba condenado a morir joven.

“Yo he sido un artesano del ciclismo, un operario duro con las ideas claras; Pantani fue un artista”. Así le alaba Lance Armstrong, magnificando con la lupa de la memoria, con el recuerdo, la figura de su gran rival en los últimos años 90 y los primeros 2000. Un homenaje que quizás llegue demasiado tarde, un homenaje debido a un ciclista al que Armstrong insultó y humilló desde lo más alto de su soberbia. “Fue como dar margaritas a los cerdos”, declaró el tejano tras una etapa en el Mont Ventoux que ganó Pantani. Lo dijo para amargar y hundir en la miseria a un corredor que sacó pecho por haberle ganado al sprint en la cima lunar. “Le dejé ganar”, añadió Armstrong, por si no hubiera quedado claro.

El genio italiano solo encontraba felicidad en la fuga, solitario entre las montañas

Como el tejano que ganó y perdió siete Tours, todo el mundo ciclista, y toda Italia, rinde homenaje estos días a Pantani, al ciclista como ningún otro, al escalador que solo encontraba la felicidad en la fuga, solitario entre las montañas. Es como si un sentimiento de culpa global hubiera invadido a quienes pueden creer que en su momento, como ocurre en todas las tragedias, no estuvieron donde deberían estar, no hicieron lo imposible por evitar lo inevitable. Eddy Merckx, que habla ya como juez de la historia, lo ha declarado el mejor escalador de la historia, recordando, sobre todo, su ascensión récord a Alpe d’Huez en 1997, pocos meses después de haber soltado las muletas a las que estuvo atado un año tras ser atropellado por un coche en la Milán-Turín del 95. “Quizás solo Fuente, el Tarangu que tanto me hizo sufrir, estaría a su altura”.

Palmarés de Pantani

1994: 2º en el Giro de Italia y ganador de 2 etapas, 3º en el Tour y Mejor Joven de la carrera.

1995: 3º en el Campeonato del Mundo en ruta, ganador de 2 etapas del Tour y Mejor Joven de la carrera, 1 etapa en la Vuelta a Suiza, 1 etapa en el Giro de la Svizzera.

1997: 3º en el Tour de Francia

1998: 1º en el Giro de Italia, más 2 etapas y Clasificación de la Montaña Jersey Rosa, 1º en el Tour de Francia y ganador de 2 etapas, Premio Azzurra de Italia.

1999: 4 etapas en el Giro de Italia

2000: 2 etapas en el Tour de Francia

En Cesenatico, su pueblo, inaugurarán este fin de semana un monumento, y allí acudirán a aplaudirlo las viejas glorias y algunas jóvenes. Estarán Gimondi, el viejo bergamasco, Chiappucci, el primer maestro del Pirata, Guerini, que también ganó en Alpe d’Huez, Moser, que hace de senador del viejo ciclismo italiano, y Nibali, quien debería ser el próximo italiano que gane el Tour. Y de Alemania llegará Jan Ullrich, a quien derrotó en el Tour del 98 con un ataque en un Galibier helado y cubierto por la niebla que pasará a la historia como uno de los mayores momentos jamás vividos en el Tour.

Aquel Tour del 98, el Tour Festina, tiene tanto poder simbólico para resumir aquellos años ciclistas, los años de la EPO, como el propio Pantani, como el propio Ullrich, quien cayó más tarde en la Operación Puerto. También Eufemiano Fuentes tenía preparada una tabla de preparación total para Pantani en el invierno de 2003. Era el último intento, desesperado, imposible, del destrozado Pantani, de un ciclista al que su propio país, su propio Giro, había clavado un cuchillo afilado expulsándolo por exceso de hematocrito de un Giro del 99 que ya había ganado prácticamente con su estilo excesivo y único, como su forma de ser ciclista que ya nadie repetirá nunca, seguramente.

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