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Defender, correr, someter

España barre a Hungría en el estreno a partir de un infatigable trabajo en la retaguardia

Andreu trata de zafarse de la defensa húngara. Ampliar foto
Andreu trata de zafarse de la defensa húngara. AFP

España regresó a un gran torneo de la misma forma que se despidió hace un año en el Mundial: sometiendo a su rival. Mientras Hungría lloraba la ausencia de Laszlo Nagy, la campeona del mundo volvió a demostrar que la gran estrella del equipo es el grupo. Seis años llevan los magiares cruzándose con España, y da igual si la cita es en un Mundial, unos Juegos, un Europeo o un surrealista amistoso de tres tiempos y sin marcador, como el pasado noviembre, que el resultado siempre acaba por ser el mismo: la derrota.

El menú con el que deleita España a sus rivales no cambia con los años. No debe cambiar. Es tan conocido como difícil de igualar. Carente de brazo exterior, los logros pasan por defender y correr.

ESPAÑA, 34; HUNGRÍA, 27

España: Sierra; V. Tomás (5, 1p), Maqueda (2), R. Entrerríos, (3), Cañellas (1), Rivera (4, 1p) y Guardiola (3) —equipo inicial— Pérez de Vargas (ps), Gurbindo (1), Rocas (5, 3p), Sarmiento (2), Ugalde (2), Andreu (4), Morros (-), Ruesga (-) y A.García (2).

Hungría: Mikler; Gulyas (2), Zubai (-), Ilyes (1), Schuch (2), K. Nagy (1) y Ivancsik (6) —equipo inicial— Tatai (ps), Szollosi (-), Mocsai (2), Csaszar (2p), Putics (1), Vadkerti (3), Szalafai (2), Ancsin (1) y Lekai (4).

Marcador cada cinco minutos: 3-0, 6-2, 9-3, 10-8, 13-9 y 17-10 (Descanso) 18-12, 22-17, 26-19, 29-23, 30-23 y 34-27.

Árbitros: Krstic y Ljubic (SLO). Excluyeron a Maqueda (2) Guardiola, Mocsai (2), Putics (2), Ancsin, Ilyes y Vadkerti.

3.500 espectadores en el Gigantium Arena de Aalborg.

El laboratorio de Valero Rivera desarrolló una fóormula prácticamente infalible. Creó una pareja bienaventurada, fiel, unida pese a la distancia que les separa durante la temporada. Viran Morros y Gedeón Guardiola, los dos guardianes del 6:0, los cimientos sobre los que se levanta la campeona del mundo, no solo desesperan al ataque rival; aportan tranquilidad a sus compañeros. Los escoltas, se llamen Maqueda, Cañellas o Antonio García son conscientes de que todo bigardo que cargue su brazo tarde o temprano se topará con las dos torres. A nadie puede sorprender ya Viran, el mariscal defensivo del Barcelona, que por blocar balones ayer lo hizo hasta con las partes más delicadas de su cuerpo. Más desapercibido ha pasado el crecimiento de Guardiola. La crisis le obligó a dejar el San Antonio y marcharse al Rein-Neckar Lowen, alemán, donde el valenciano ha dado un salto cualitativo. De momento, parece no tener límite. Ante Hungría asumió también de entrada la labor ofensiva en los seis metros, a la esperada del deseado Aginagalde. Un trabajo que completó el resto del partido Juan Andreu. Con cuatro goles, logró lo mejor que le podía pasar en el estreno, que nadie echase de menos al pivote irundarra.

A partir de un infranqueable muro, España desplegó sus alas. Prácticamente la mitad de los goles (16) llegaron de las manos de los extremos, frenados solo por la versión más agresiva, casi violenta, de la defensa magiar. El susto se instaló en el banquillo español al ver los golpes que recibían Victor Tomàs y Valero Rivera en el primer acto; cómo se dolía del hombro Albert Rocas en el segundo tramo tras recibir algo más que un golpe. La enfermería está lo suficientemente llena como para recibir nuevos huéspedes.

España, pues, sonríe a la espera el martes de Noruega (20.15, Teledeporte) porque, ya puestos, no añoró ni a un gigante como Sterbik. Se encargaron de ello Sierra, que recibió a Hungría con tres paradas; también Gonzalo Pérez de Vargas. El joven meta de 23 años demostró con su primera acción en una gran cita con la selección, un penalti parad, por qué todas las miradas le sitúan como el heredero del trono de un tal David Barrufet.

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