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Mundial de motoclicismo 2013

Viñales y la victoria de la paciencia

El catalán gana el título de Moto3 al imponerse a Rins en un duelo magnífico

Salom perdió todas sus opciones al caerse a falta de diez vueltas

Maverick Viñales celebra su triunfo en el podio. Ampliar foto
Maverick Viñales celebra su triunfo en el podio. EFE

Maverick Viñales llevaba muchas carreras sin ganar. Demasiadas. Desde el gran premio de Francia, la cuarta cita de la temporada. Apenas contaba dos victorias, por las siete de Luis Salom y las seis de Álex Rins. Pero no le pudo la impaciencia. El chico de Roses (18 años, Girona), más maduro, más tranquilo, más independiente, siempre agradecido a su equipo, por mucho que haya perdido minutos preciosos en infinidad de sesiones por problemas mecánicos, por mucho que se quedara sin cambio en la última vuelta de una carrera que creyó ganada, no cometió un solo error en todo el año. Sus rivales ganaron más carreras, pero sumaron uno (en el saco se Salom) y dos ceros (en el de Rins) que les costaron caros. Viñales, en cambio no se ha bajado del podio más que en dos ocasiones y su peor resultado del 2013 es un quinto puesto. Hoy coronó el título mundial de Moto3 en una carrera de locos con un final espectacular en el que se jugó la victoria en Valencia y el campeonato hasta los últimos metros con Àlex Rins.

Los números del campeón

- Victorias en 2013: 3 (Jerez, Le Mans y Valencia)
- 2º puestos: 8 (Losail, Austin, Assen, Brno, Misano, MotorLand, Phillip Island y Motegi)
- 3º puestos: 4 (Mugello, Montmeló, Sachsenring e Indinápolis)
- Total podios: 14
- Otros resultados: 4º en Silverstone y 5º en Sepang
- Primeros puestos en entrenamientos: 2 (Le Mans y Silverstone)

Números totales en su carrera deportiva:
- Victorias: 12 (4 en 2011, 5 en 2012 y 3 en 2013)
- 2º puestos: 12 (2 en 2011, 2 en 2012 y 8 en 2013)
- 3º puestos: 7 (3 en 2011 y 4 en 2013)
- Total podios: 31
- Primero en entrenamientos: 10 (3 en 2011, 5 en 2012 y 2 en 2013)
- Primera victoria: Gran Premio de Francia 2011
- Primer podio: Gran Premio de Francia 2011
- Primera pole: Gran Premio de Gran Bretaña 2011
- Debut: Gran Premio de Qatar 2011

Viñales, ese chico que fue bautizado con el nombre del protagonista de la película Top Gun, un amante de la velocidad, un prodigio, un campeón precoz, ya no es el mismo Viñales que el año pasado dio plantón a su equipo molesto como estaba por no contar ni con el mejor material, ni con el equipo humano que él creía merecer. Seguramente se equivocó en la formas. Era un niño. Pero consiguió lo que quería, recuerda ahora con una sonrisa pícara. Quería una KTM y la logró. A costa de un Mundial que abandonó a falta de tres carreras cuando todavía los número no le descartaban de la lucha por el campeonato. No ha bajado los brazos esta vez. No ha perdido los nervios. Siempre feliz. Más este domingo en el que, por fin, se ha proclamado campeón del mundo de Moto3 después de tres años de victorias. Irrumpió en el campeonato del mundo y rebosó frescura: ganó en la cuarta carrera y sumó cuatro victorias. Parco en palabras, decía todo lo que tuviera que decir en la pista. Con adelantamientos tan agresivos como los que brindó a un circuito Ricardo Tormo lleno hasta la bandera.

Maverick Viñales llevaba muchas carreras sin ganar. Demasiadas. Pero ganó la carrera. La única que no podía perder. Esa que daría al vencedor el título mundial. Lo ha ganado por tener más cabeza y paciencia que ningún otro. Y porque, como dijo, ha utilizado su agresividad en el momento adecuado. “Cuando uno se está jugando un Mundial, no se achanta”, había declarado el jueves al llegar al circuito. Y él no se achantó. “Soy agresivo y frío”, se define. Y como era el que menos tenía que perder, perdida como creía la pelea por el título hace apenas unas semanas, tiró de frialdad para imponerse en la última cita del año.

De derecha a izquierda, Maverick Viñales, Luis Salom y Alex Rins. ampliar foto
De derecha a izquierda, Maverick Viñales, Luis Salom y Alex Rins. EFE

Apenas cinco puntos separaban a Salom, Viñales y Rins, clasificados por este orden tras la carrera de locos vivida en Japón. Todos podían ganar. Pero solo lo haría uno. Arrancó la carrera como todas las de la categoría, con estos tres talentos formados en la prolífica cantera española en cabeza, marcando los tiempos, guiando al resto. Solo unos giros más tarde, apenas Folger y Miller se les unieron al grupo. Ningún otro pudo seguir el ritmo marcado por Viñales, que tiraba del resto. Rins empezó a demostrar que estaba listo para la batalla cuando empezó a marcar vueltas rápidas. Y Salom les seguía de cerca, en tercera posición, hasta que perdió el control de su moto en la 15ª vuelta, a 10 para el final, en plena curva, sin que nadie le molestara.

Maverick solo se ha bajado dos veces del podio en esta temporada

Y ahí se acabó el sueño para el mallorquín, el favorito, el líder del Mundial durante gran parte de la temporada, el piloto que tenía la KTM del equipo oficial, ese al que mimaba Aki Ajo, uno de los mejores directores de equipo de la parrilla, que le ayudó a encontrar la paz, que le enseñó a planificar las carreras con la calma que nunca antes había tenido. Pero no pudo completar la obra. Un error en Japón, cuando cayó en plena remontada después de ser atropellado apenas iniciada la prueba por Isaac Viñales, curiosamente el primo del nuevo campeón del mundo, y otro en este sprint final, le han costado el título. A partir de ahora deberá intentarlo en Moto2, categoría en la que debutará el año próximo, con Maverick como compañero en el equipo de Sito Pons.

Con Salom peleándose contra sus demonios en la 16ª posición tras la caída, Viñales y Rins iniciaban un nuevo duelo. Brillante batalla. Se estudiaron. Quiso probar Viñales al frente del pelotón. Pero el de Roses volvió a tomar la delantera. Le gusta mandar, prefiera rodar en cabeza. Y dese ahí respondió a cada ataque del joven barcelonés, que apenas puede creerse de lo que ha sido capaz en su segundo año en el Mundial, que templó los nervios, que tampoco se achantó, que le buscó en cada curva, hasta el último curvón, el de la entrada a meta. Pero dejó un hueco y Viñales no se lo pensó. La corona le esperaba al tomar la última curva.

Viñales: “Tenía que aprovechar esta segunda oportunidad”

Maverick Viñales celebra su título.
Maverick Viñales celebra su título. EFE

Maverick Viñales rebosaba felicidad. Era campeón del mundo. Por fin, pensaba él, 18 años, al que se le ha hecho largo el camino. No en vano lleva ganando carreras desde que debutó en el Mundial. Pero no es más que un crío. Paró su moto en la pista y el primer abrazo se lo regaló a su primo Isaac, ese que, sin quererlo, le volvió a poner en la pelea por el título. Fue su moto la que arrolló a Salom, el líder, en Japón. “Mi primo lo que menos quería era tirar a alguien. Son lances de carrera, si no lo hubiera tirado él, lo hubiera hecho Miller, que estaba muy cerca. Eso estaba escrito en algún lado”, dice el campeón. Aquel accidente y el error posterior de Rins, que se fue al suelo sin ayuda de nadie, le volvieron a colocar en la picota, a dos puntos del mallorquín. “Pensé que tenía que aprovechar esa segunda oportunidad. Puedes hacerlo genial, me dije. Ayer tenía la sensación de que lo lograría. Estoy contentísimo”.

Viñales no ha tenido un año fácil. Se fracturó un dedo de la mano al principio del curso. “Aquello limitó mucho mi estilo de pilotaje”, confiesa. Y se ha quejado mucho de la falta de potencia de su KTM. Demasiado, cree ahora. Por eso, entre respuesta y respuesta, no para de agradecer el trabajo de su equipo, que debutaba en el Mundial. Por eso no puede contener las lágrimas Pablo Nieto, el jefe, al que el de Roses considera ya su familia. “He cambiado mucho este año. Fuera y dentro de la pista. Este equipo es otro mundo. No imaginaba que estarían a la altura de todo un equipo Red Bull o un Repsol Estrella Galicia. Las pegatinas no quieren decir nada, sí el talento humano. Aunque sin mi otro equipo del año pasado no hubiera sido capaz de hacer esto”, añade. Y se muestra agradecido así también con la gente que le llevó al Mundial, aquellos a los que retiró el saludo hace poco más de un año, molesto con un trabajo que creía insuficiente.

No se le ha vuelto a ver una mala cara. Menos desde que llegó a Valencia. “Venía aquí muy motivado. Lo tenía todo perdido hace tres carreras y al final hemos cogido ventaja. No perdía nada. Si tenía que colarme en la última curva, no pasaría nada”, declaró. Y bordó una carrera magnífica. Con y sin Salom en la pista –“Cuando ha caído he pensado que la carrera sería algo más fácil, en la última vuelta te mete la moto aunque no tenga posibilidades”, dijo–. Y aguantó los ataques de Rins, tan joven, con tanto futuro, que tampoco tenía mucho que perder –“No estoy decepcionado, estoy muy contento, solo es mi segundo año”, apuntó feliz–. Sacó la agresividad que se le extrañaba Viñales. Pues no le valdría otra cosa con semejante rival. “Rins también la ha sacado. En la última curva no sabíamos ni dónde íbamos a acabar”, rió. Pero acabaron. Son el nuevo campeón y subcampeón de Moto3. El tercer cajón del podio final es para Salom. Sobre su caída, este último decía: "El neumático está perfectamente, ha sido raro. Después, cuando he cogido la moto, no corría, habrá entrado algo en el airbox'y no tenía potencia, por eso no he cogido al grupo de delante". Pese al incidente que le apartó de la lucha por el título, remataba: "Los tres hemos hecho una temporada genial, quiero dar las gracias a Maverick y a Alex porque me han ayudado a crecer como piloto".

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