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Rey y príncipe en la república Barça

La cohabitación Messi-Neymar marcará la trayectoria del inicierto equipo de Martino

Neymar y Messi durante un entrenamiento del Barcelona esta semana.
Neymar y Messi durante un entrenamiento del Barcelona esta semana. manu fernández / AP

A Messi le preguntaron no hace mucho en un almuerzo entre amigos sobre los parabienes que le dedica Neymar y su disposición a colaborar a que el 10 del Barça continúe siendo el número uno del mundo. La respuesta del argentino fue reveladora de su carácter: “Es muy bueno, pero que hable menos de mí, no haga boludeces y diga que viene a por títulos”.

Ante las dudas que despierta la cohabitación, el brasileño ha sido convenientemente instruido por el club para ganarse el favor de Messi. El problema es que la réplica oficial es tan empalagosa como tendenciosos son algunos pronósticos, sobre todo de ciertos rivales, coincidentes con el de singulares entendidos del calibre de Cruyff. Ya se sabe que en el fútbol no se aguarda a que las cosas sigan su curso natural y por lo demás está demostrado que no es fácil tener contento a Messi, cuyo estado anímico, a decir de Guardiola, es la clave de los éxitos del Barça.

Que hable menos de mí, no haga boludeces y diga que viene a ganar títulos” La Pulga

Guardiola se fue en parte también porque ya no sabía cómo hacer feliz a Messi. El desencuentro fue progresivo y de alguna manera se visualizó cuando el jugador se saltó una vez más el entrenamiento posterior a un partido mal resuelto como fue el de Anoeta en septiembre de 2011 cuando fue suplente sin mediar explicación. Nada que ver con aquel 2 de mayo de 2009 en que se vistió de falso 9 en el Bernabéu. Messi comía el día antes del partido con un colaborador suyo cuando recibió una llamada de su entrenador para que acudiera a la ciudad deportiva Joan Gamper. Guardiola quería convencer a Messi con algunos vídeos de que la fórmula para derrotar al Madrid pasaba porque el delantero dejara la banda derecha y jugara de delantero centro. El 10 asumió su nuevo rol y el éxito fue memorable: 2-6.

Neymar celebra un gol durante la gira en Malasia
Neymar celebra un gol durante la gira en MalasiaVincent Thian / ap

Ningún ariete, ni Ibrahimovic o Villa, han discutido desde entonces la figura del 10 que juega de falso 9. Tampoco lo hará Neymar. Al brasileño le toca empezar en la banda izquierda, donde acabó Rivaldo y empezó Ronaldinho, la opuesta a la que se inició Messi. El pasado julio se cumplieron diez años de la llegada del Gaucho y en noviembre hará también diez del debut de Messi en campo del Oporto de Mourinho. El triunfo del argentino difícilmente se explicaría sin el rebufo que dejó el círculo virtuoso activado por el brasileño y dibujado por Laporta, Rosell y Soriano, ahora enemigos, entonces directivos que sacaron al club del confesionario en que le había metido Gaspart, sucesor de Núñez. El hilo conductor, en cualquier caso, ha sido Messi, presente desde 2003.

La presencia del 10 ha sido garantía de victoria en un club deslumbrante en los últimos diez años, y muy especialmente desde 2008, cuando conquistó los dos Campeonatos del Mundo de clubes, dos de las cuatro Copas de Europa y cuatro de las 22 Ligas. Ahora, una vez convertido en rey, se cambian las tornas y es Messi quien tiene que instruir a un príncipe brasileño de nombre Neymar. Nadie en el club cuestiona el mando de Messi sino que se impone reforzar su poder: Neymar se declara su súbdito y Rosell ha encontrado a un entrenador que puede interpretar bien el fútbol del 10 como es Tata Martino.

El barcelonismo se ha acostumbrado a invocar a Messi, para bien y para mal, como el año pasado, en que el equipo alcanzó la Liga y salió goleado de Europa. También hoy se encomienda al 10 cada vez que se le demanda por los problemas que se mantienen, y le abruman los nuevos interrogantes: el presidente Rosell se siente fiscalizado pese a fichar a Ronaldinho y Neymar; el director deportivo Zubizarreta es el saco de todos los golpes; se ha dinamitado el núcleo de los capitanes: Valdés cumple su último año de contrato, Puyol entra y sale de la enfermería, se discute el futuro de Xavi y se espera que no desfallezca Iniesta. No hay manera de dar con un central. Thiago adivina un futuro mejor en el Bayern y Villa en el Atlético mientras Deulofeu ha ido cedido al Everton. Aún no se sabe cómo acabará la historia de Cesc y se extraña a Abidal, hoy en el Mónaco.

Messi sonríe durante un entrenamiento con el Barça
Messi sonríe durante un entrenamiento con el BarçaSAMSUL SAID / reuters

En primavera se presentía una revolución y en agosto solo ha llegado Neymar. No había tanta quietud desde los tiempos de Venables. La presencia de americanos contrasta, por otra parte, con la ausencia de europeos y el temor a que se estanque la cantera. Los excedentes en cualquier caso se concentran en el banquillo: cinco técnicos, cinco preparadores físicos y cinco scoutings. A los colaboradores de Tito Vilanova se han sumado los de Martino, una mezcla de juventud y veteranía, difícil de armonizar. Martino, sin embargo, tiene crédito, siempre fue un entrenador de club y parece que se ha ganado a los jugadores. El técnico persevera en la presión, trabaja en la mejora de la velocidad de ejecución y está muy ocupado en combatir las transiciones del contrario, el punto débil del equipo azulgrana desde que defiende solo con tres jugadores: dos centrales y un medio centro.

Necesita el Barça de un buen plan de juego de Martino y del liderazgo de Messi. Aunque no se sabe cómo saldrá porque la pretemporada ha sido una montonera, los años de Mundial son traicioneros, las lesiones de Messi resultan un misterio y el drama azulgrana se reinventa cada temporada, se da por descontado que al Barça difícilmente le alcanzará con los goles del 10 (133 en los dos últimos años). Messi no compite con César, Puskas ni Zarra sino con Di Stéfano y Ronaldinho.

Vilanova acostumbraba a decir que, a fin de cuentas, Messi era el menos tirano de todos los grandes genios del fútbol y no era tan difícil tenerle contento.

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