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¿Campeones sin valor?

Los positivos de Tyson Gay y Asafa Powell ponen en duda las grandes marcas de la velocidad: apenas Usain Bolt sale indemne

Tyson Gay y Asafa Powell, en una carrera de 100m en julio de 2010.
Tyson Gay y Asafa Powell, en una carrera de 100m en julio de 2010. AFP

Dado que cualquier actuación extraordinaria más que despertar admiración, que es su objetivo, levanta sospechas, el deporte de alto rendimiento, la búsqueda de la excelencia y de ampliar los límites del cuerpo humano, no tiene sentido. Así se quejan los últimos años aquellos que se niegan a la tendencia actual, que consiste en determinar si ha habido dopaje o no según la espectacularidad de la marca o el número de vatios necesario para conseguirla. Así se queja, por ejemplo, Chris Froome, que solo oye dudas y silbidos a su alrededor al día siguiente de sus sprints con desarrollo mínimo y frecuencia máxima (35 pedaladas en 17 segundos, le han medido, como un cochecito de juguete de esos a los que se da cuerda haciéndolo rodar unas cuantas veces en el suelo y luego, frrooooommm, sale disparado y luego sube regular, a 5,8 vatios por kilo, una potencia llamada humana, aunque con minisprintsde vez en cuando para dejar a Quintana), sentado alto sobre su sillín en las pendientes del Ventoux sin piedad. Culpa de Armstrong, la herencia del tejano, esta incredulidad, dicen las gentes del ciclismo, resignadas ya al escepticismo, a las que no les parece valer ya ni el pasaporte biológico como legitimador de rendimientos. “Pero compararme con Armstrong... él mintió, yo no”, se quejó ayer Froome; “es muy triste estar aquí sentado después de la mayor victoria de mi vida hablando sobre dopaje. Mis compañeros de equipo y yo hemos pasado meses fuera de casa, hemos dormido a gran altitud para prepararnos y aquí estoy, siendo acusado de ser un mentiroso y un tramposo”.

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Dopaje entre los mejores velocistas del mundo 

También se quejan los maratonianos, hasta los kenianos, de que se piense que todo aquel que baja de 2h 5m es sospechoso, y sin embargo, cuando se han incrementado los controles en los países africanos la marcha que parecía inevitable hacia la frontera de las dos horas se ha frenado súbita. Y al mismo tiempo el mediofondo, la milla, el 1.500, ha regresado a marcas de hace 20 años después del incremento de controles en el Magreb y en el santuario de Ifrane.

Y los velocistas, aquellos cuyo objetivo es obligar a correr al cuerpo más rápido de lo que corazón, músculos, ligamentos y tendones pueden permitir. Después de que un positivo por el anabolizante estanozolol apagara el asombro por los 9,79s de Ben Johnson en Seúl 88, el mundo del atletismo llegó a la conclusión de que cualquier marca por debajo de 9,80s era sospechosa. Y esta intuición se vio confirmada con los positivos posteriores de los breves plusmarquistas mundiales Justin Gatlin (9,77s en 2006) y Tim Montgomery (9,78s, en 2002), ambos arrastrados por el caso Balco y sus ramificaciones (como también, entre las mujeres, Marion Jones, la única que se había acercado a la increíble Florence Griffith, cuya muerte joven hizo dispararse las dudas sobre la limpieza de sus marcas en Seúl 88). Llegó un momento en que el único que había bajado de 9,80s indemne fue Maurice Greene, el norteamericano que corrió 9,79s en 1999.

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Y después llegó Jamaica.

Cuando Asafa Powell, ya hace media docena de años, empezó a convertir en rutina las marcas alrededor de los 9,80s, Manuel Pascua, el técnico español de Francis Obikwelu que luego estuvo implicado en la Operación Galgo, ya advertía de que había que valorar cuidadosamente esas marcas. “Los agentes de control de dopaje no se atreven a entrar en los guetos de Kingston, donde viven los jamaicanos, a hacer su trabajo”, decía. Frente a los que le tachaban de paranoico, y exponían como contraevidencia razones históricas, sociales y políticas para explicar el apogeo de la velocidad jamaicana (no había niño en la escuela que no fuera un Bolt en potencia), los últimos controles positivos que han afectado a Asafa Powell (9,72s en 2008), quien lo ha reconocido y culpado a un suplemento nutritivo que contenía un estimulante prohibido sin declararlo, y, sus compañeros de club MVP del entrenador Stephen Francis, Sherone Simpson y, según algunas fuentes, negadas por el atleta, Nesta Carter (9,78s en 2010), han venido a dar la razón a los escépticos. A ellos habría que añadir al actual campeón del mundo de los 100 metros, y aún lesionado, Yohan Blake (9,69s en 2012), que fue suspendido tres meses en 2009 por un estimulante, y a la doble campeona olímpica Veronica Campbell, positivo hace unas semanas por un diurético. La lanzadora de disco Allison Randall admitió ayer que también dio positivo. Según algunos medios locales italianos, agentes de policía registraron ayer las habitaciones del hotel de Lignano (Udine) donde se alojan Powell y Simpson, así como las de sus preparadores.

Tyson Gay, durante la rueda de prensa en la que confesó haberse dopado ampliar foto
Tyson Gay, durante la rueda de prensa en la que confesó haberse dopado EFE

El norteamericano Tyson Gay era el único atleta norteamericano que había intentado aguantar el ritmo único de Usain Bolt, y con Blake el único, junto a Bolt, que había logrado bajar de los 9,70s (9,69s en 2009). Poco antes de que se conocieran los positivos de los jamaicanos de Francis, sin embargo, el propio Gay reconoció llorando que él también había dado positivo (por una sustancia que no quiso revelar) y que no desafiaría a Bolt finalmente en los Mundiales de Moscú, del 10 al 18 de agosto. Ayer, la marca Adidas anunció que rompe el acuerdo de patrocinio que le unía al atleta desde 2005.

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El fruto del aumento de la eficacia del antidopaje se puede observar prístino en la lista de los 10 mejores velocistas en los 100 metros: solo la mejor marca (los 9,58s de Bolt en 2009 que cada día parecen más increíbles y más inalcanzables e irrepetibles) y la novena, los 9,79s de Greene, podrían permanecer sin tacha. A los autores de las otras marcas (Gay, Blake, Powell, Gatlin, Montgomery, Carter, Johnson y el jamaicano Steve Mullings, 9,80s en 2011, suspendido a perpetuidad poco después), a todos les acompaña el asterisco de la duda: ¿son campeones verdaderos? ¿Se puede ser extraordinario sin estar dopado?

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