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El Celta se cuece en el horno del Villamarín

Un gol de Rubén Castro condena al equipo gallego al descenso y acerca mucho a los andaluces a Europa

Rubén Castro celebra su gol al Celta EFE

Será un partido que no se le olvidará a Túñez, el central del Celta. Primero por su error en el gol del Betis, cuando se cayó de forma inexplicable para que Rubén Castro, tanto número 17 del canario, ajusticiara a Varas y, de paso, a su equipo. Tampoco se le olvidará al zaguero el gol que le anuló Teixeira Vitienes cuando el equipo gallego se lanzó en tromba en busca del empate. El remate de Túñez se transformó en un tanto legal, pero no subió al marcador, lo que alivió al Betis y sentenció a este Celta que pudo firmar en Sevilla su regreso al averno. No pudo competir el Celta, que acabó con varios jugadores acalambrados, rotos, impotentes ante los 37 grados con los que se jugó el encuentro en el Benito Villamarín. Cinco de la tarde de pleno mayo en Sevilla. El primer encuentro que se jugaba a esa hora en la capital de Andalucía para asombro de jugadores, técnicos y aficionados. El horno del Villamarín coció a este Celta roto física y mentalmente, muy tocado tras la derrota del pasado miércoles en el partido adelantado contra el Atlético. Apenas un chispazo de Aspas y el arreón final, pleno de orgullo, justificaron al Celta.

BETIS, 1 - CELTA, 0

Betis: Adrián; Chica, Amaya, Mario (Paulao, m. 70), Nacho; Rubén Pérez, Beñat, Nosa (Salva Sevilla, m. 54); Rubén Castro, Pabón y Juan Carlos (Vadillo, m. 58). No utilizados: Fabricio; Álex Martínez, Campbell y Nono.

Celta: Varas; Jony (Pranjic, m. 82), Túñez, Vila, Roberto Lago (Toni, m. 75); Oubiña, Insa; Augusto, Orellana (De Lucas, m. 54), Khohn-Dehli; y Aspas. No utilizados: Rubén Blanco; Bellvis, Demidov y Mandinda.

Gol: 1-0. M. 67. Rubén Castro.

Árbitro: Fernando Teixeira Vitienes. Amonestó a Amaya, Vila, Insa, Jony, Rubén Castro, Vadillo y Rubén Pérez.

Benito Villamarín. 38.547 espectadores.

El Betis también sufrió lo suyo, pero está vivo y tiene hambre. Ganó y se acerca mucho a Europa, donde se aferra a esa séptima plaza que le da el pasaporte continental. No está Beñat, que acusó una barbaridad el calor y está fuera de forma, pero tiene a Rubén Castro, incansable, voraz, con ganas de reivindicarse en esa magnífica segunda juventud que está viviendo en Andalucía. 17 goles le adornan solo en Liga. Fue un incordio siempre para los defensas del Celta, que apenas pudieron contenerlo. Le anularon un gol, metió otro y envió un disparo al poste. El Betis sobrevivió gracias a su instinto.

Consciente de lo mucho que se jugaba en la pelea por Europa, el equipo de Mel comenzó el encuentro a un ritmo infernal. En la previa el técnico hizo especial hincapié en aprovechar el cansancio del Celta. A eso había que unir el calor infernal sevillano. El Betis hizo 20 minutos muy buenos, propiciados por el empuje de Nosa y la momentánea frescura de Beñat. El encuentro se jugaba solo en la dirección de la meta del Celta. En un suspiro, el Betis anotó dos goles. Los dos fueron anulados por fuera de juego. Más claro en la segunda jugada, muy dudoso el primero, cuando Rubén marcó tras centro con la cabeza de Amaya. A los 20 minutos, el propio Rubén se marchó en velocidad para disparar con potencia. Varas le tapó el gol. Justo tras el manotazo del meta sevillano se apagó el Betis, que se quedó sin aire. Como el Celta tampoco podía, asfixiado, el choque derivó de forma lamentable en un intercambio de errores a ritmo de pachanga veraniega. Un sopor solo roto por una incursión de Aspas en su única acción potable de todo el encuentro. Se marchó en velocidad de Mario y disparó con la derecha. Adrián, en buena forma, salvó a su equipo. La escena se vivió poco después en la banda, cuando a los 40 minutos un buen número de jugadores uno y otro equipo buscaban de forma desesperada las botellas de agua que les tiraban desde el banquillo.

La hidratación colectiva no mejoró el rendimiento global. El Betis, que sin profundidad había dominado mucho en la primera mitad, encontró un auténtico tesoro en una internada de Chica. El lateral sorteó el fuera de juego de su compañero Pabón y centró al área. Túñez comenzó su calvario y permitió el remate franco de Rubén Castro. El gol dio paso a los mejores minutos del Betis, que pudo sentenciar en otra acción del canario. No marcó el equipo de Mel, desperdiciando la oportunidad de apuntillar al Celta. En una lección de orgullo, el equipo gallego buscó el empate. Lo encontró en el remate de Túñez, pero no es el año de este Celta que se marcha, en silencio, a Segunda División. El horno sevillano lo quemó.

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