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Jaime Ortiz-Patiño, impulsor del golf en España

El empresario contribuyó a que la primera Copa Ryder fuera de Gran Bretaña se celebrase en Valderrama, en 1997

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Jaime Ortiz-Patiño

El empresario Jaime Ortiz-Patiño (París, 1939), propietario del club de golf Valderrama, en San Roque (Cádiz), falleció ayer a causa de una larga enfermedad en el hospital Santa Elena de la localidad malagueña de Torremolinos.

Ortiz-Patiño fue un gran impulsor del golf en España al conseguir que la primera Copa Ryder —una de las competiciones de golf más importantes del mundo— que tuvo lugar fuera de las Islas Británicas se disputase en su prestigioso campo, en 1997. De igual forma, el club Valderrama fue sede del torneo Volvo Masters (entre los años 1986-1996 y 2002-2008) y de los campeonatos del mundo American Express en los años 1999 y 2000. Estos eventos provocaron un crecimiento del turismo del golf en San Roque, donde se sitúan algunos de los mejores campos de Europa y le valieron su designación como vicepresidente honorario de la PGA.

Hijo de bolivianos, bisnieto de españoles y nieto de Simón Iturri Patiño, magnate conocido como el rey del estaño de Bolivia, que figuró como la quinta fortuna del mundo y fue embajador de aquel país en la capital de Francia. Jaime Ortiz-Patiño estudió Ingeniería Civil en Ginebra y en 1976 fue nombrado presidente del holding familiar, Patiño N. B., que agupaba los numerosos negocios de la familia: desde minas de estaño y tungsteno en Bolivia, Canadá y Malaisia hasta fundiciones en Reino Unido, pasando por cadenas de hoteles, navieras, periódicos o líneas férreas. En 1982 convenció al consejo de administración de que vendiera la empresa: “el dineral que obtuvimos fue tan enorme que a nadie le dio pena deshacerse del imperio”, recordaba el fallecido empresario, quien podía permitirse añadir: “Nunca pienso en el dinero”.

La creación de campos en San Roque dio un gran impulso al turismo

En 1985 adquirió por 2.000 millones de pesetas al sultán de Brunei el 50% del campo de Valderrama, del que poseía el restante 50% desde 1967, cuando llegó a la lujosa urbanización gaditana de Sotogrande buscando refugio tras atravesar una crisis en su matrimonio.

Ortiz-Patiño no solo dedicó su trabajo a las grandes competiciones y al golf profesional, ya que además se convirtió en el principal apoyo del vecino club de golf público La Cañada de San Roque, convertido en un auténtico vivero de grandes golfistas tras 25 años de actividad.

Olazábal: “Valderrama, su obra de arte”

José Mari Olazábal, capitán del equipo europeo de la Ryder Cup 2012: “Era un hombre de carácter fuerte que no dudaba cuando quería hacer algo, y ponía toda su energía y empeño en conseguir lo que se había propuesto.

“Nos ha dejado un gran legado, Valderrama, su obra de arte. Se propuso hacer de Las Aves (así se denominaba el campo antes de 1985) un sitio especial, un lugar único y lo consiguió, ¡vaya si lo consiguió! Allí se jugó el Volvo Masters durante 16 años y colocó Valderrama en el mapa del golf. Ese torneo y ese campo fueron determinantes en el desarrollo del Circuito Europeo. Además, dio a conocer Andalucía como destino golfístico de primer nivel.

“Mantuvimos muchas conversaciones y siempre se interesaba por el futuro del Tour, tenía una visión muy amplia y las cosas muy claras. A través de los torneos que se jugaron en Valderrama, él se empeñó en dar una buena imagen del golf, quiso popularizarlo y demostrar al mundo que el Golf es un deporte que merece la pena y conlleva valores.

“Recuerdo la ilusión que tenía en los primeros Volvo Masters. Le gustaba controlar todo y ¡a veces era un poco drástico! Se levantaba a las 4.30h de la madrugada, de noche, y se iba al campo a trabajar con su equipo de mantenimiento, incluso cogía la máquina y cortaba greenes. Tenía un carácter marcado y muy especial, eso no lo hace cualquiera.

“Durante la Ryder Cup 97 estuvo muy cerca del equipo, conversaba bastante con Seve. No quería que hubiese ningún fallo y controlaba todo, todo menos una sola cosa que se escapaba a su control: el tiempo. ¡De qué manera llovió! Diluvió. Cayó en Valderrama lo que no había caído en Andalucía en 40 años. Lo sentimos mucho por él. Hizo todo lo que estuvo en sus manos sin escatimar esfuerzos, revisó y estuvo encima del más mínimo detalle para que la Ryder Cup saliese perfecta y tenía el campo en perfectas condiciones.

“Yo creo que el golf español y europeo le deben mucho a Jaime, siempre estarán en deuda con él. Los torneos que se han jugado en Valderrama han supuesto la representación máxima del buen hacer, han sido sinónimo de calidad y excelencia. Le vamos a echar mucho de menos”.

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