El contador se pone en marcha

Valverde gana en Arrate, por un despiste de Purito, y se convierte en nuevo líder

Contador, durante la subida al Alto de Arrate
Contador, durante la subida al Alto de ArrateJose Manuel Vidal (EFE)

Puede que Purito Rodríguez apele al mantra del masoquismo y piense que la mala suerte no tiene esquinas. Puede que Alberto Contador piense que el que nada intenta, nada consigue. Puede que Chris Froome sostenga que quien resiste acaba venciendo. Y puede que Alejandro Valverde estime que hasta el rabo todo es toro y que la ópera siempre tiene un aria final. Y puede que todos tengan razón, aunque de momento se la tengan que dar a Valverde, por su tenacidad, por su aliento final, por su fe en la última pedalada que le dio el triunfo de etapa y el maillot rojo de líder, porque supo empujar la bici en el último metro, como si de un sprint se tratara, como si de un alemán se tratase, corpulento e infatigable. Y puede que se la tengan que quitar a Purito Rodríguez, que se ahorró una pedalada, dejó la pierna derecha abajo, como llevándose por la inercia, feliz con la teoría histórica de que quien sale de la última curva en primer lugar tiene la gloria ganada.

Clasificaciones

Tercera etapa

1. Alejandro Valverde (ESP-Movistar) 3h 49m 37s.

2. Joaquin Rodriguez (ESP-Katusha), m.t.

3. Christopher Froome (GBR-Sky), m.t.

4. Alberto Contador (ESP-Saxo Bank), m.t.

5. Daniel Moreno (ESP-Katusha), a 06s

6. Bauke Mollema (NED-Rabobank), m.t.

7. Eros Capecchi (ITA-Liquigas), m.t.

8. Beñat Intxausti (ESP-Movistar), m.t.

9. Andrew Talansky (USA-Garmin), m.t.

10. Robert Gesink (NED-Rabobank), m.t.

General

1. Alejandro Valverde (ESP-Movistar) 8h 46m 56s.

2. Beñat Intxausti (ESP-Movistar), a 18s.

3. Joaquin Rodriguez (ESP-Katusha) a 19s.

4. Christopher Froome (GBR-Sky) a 20s.

5. Alberto Contador (ESP-Saxo Bank) a 24s.

6. Bauke Mollema (NED-Rabobank) a 28s.

7. Robert Gesink (NED-Rabobank), m.t.

8. Rigoberto Uran (COL-Sky) a 30s.

9. Daniel Moreno (ESP-Katusha) a 33s.

10. Igor Anton (ESP-Euskaltel) a 46s.

Pero la historia en el ciclismo es frágil y un despiste se paga con el paso al anonimato, o peor, al oprobio.

Y puede que Contador y Froome hicieran una mueca de asentimiento, un reojillo de complicidad, pensando que ambos hicieron lo que debían hacer, atacar el primero, defender el segundo, sin victorias ni derrotas de por medio, y dejando los análisis sobre las menudencias tácticas para momentos posteriores.

Arrate no es un puerto definitivo, pero sí resultó aclaratorio. Dejó escrito en el asfalto que los cuatro candidatos de la Vuelta son los cuatro que llegaron primero. Que Valverde, ahora líder, no discute con Cobo —el vigente campeón— porque el cántabro se quedó ayer clavado en la primera cita exigente de la Vuelta. Que Purito siempre está ahí, mientras los puertos no le pidan esfuerzos sobrehumanos —su carcasa no es para labores devastadoras, sino intensas—. Que Froome va a estar a la expectativa, agazapado en el firmamento, esperando flaquezas ajenas buscando su descabello puntual. Y que Alberto Contador ha apostado por la combatividad, por no esconderse, por medir a sus adversarios, por quitarles el aliento, por examinarles, tipo test de 300 metros en cada curva.

Hasta en cinco ocasiones atacó Contador en la subida a Arrate, después de que Valverde rompiera la monotonía a poco de iniciarse la ascensión. Era un Contador enrabietado y mentalista a la vez. Eran ataques cortos, secos, como de rayo y luna llena como decía Sabina que era Chavela Vargas. Ataques de prueba, de palpar el corazón de sus rivales, de evaluar sus sensaciones. No es previsible que en una subida corta, de menos de ocho kilómetros, Contador lance cinco ataques, cinco rayos, rectos, directos al ánimo de sus contrincantes y especialmente al de Froome. Sabía Contador que Purito y Valverde responderían porque eran los aspirantes al triunfo, pero quería medir más que las fuerzas, el ánimo, el espíritu de Froome. Más que cansarle, quería aburrirle, probar su voluntad, y de paso ir cortando a posibles rivales incómodos para el futuro (Igor Antón, Gesink y compañía).

Algo de ajedrez había en el asunto con la diferencia de que aquí no se movían peones sino reyes y reinas, ataques frontales, con la voluptuosidad de las grandes citas donde no se admiten actores secundarios. A pie de puerto salieron del camerino los galanes de carácter, con un poco de maquillaje, pero sin ojeras, despiertos, sabiendo que en cada etapa van a jugar una partida (hoy de ajedrez, mañana de mus) en espera de adivinar un farol, de aprovechar un error, de que a alguno de ellos (cuatro) se le caiga una carta al suelo boca arriba y la vea toda la compañía.

El de Pinto atacó cinco veces para probar la voluntad de Froome

Fue el Valverde implacable, el Purito despistado, el Froome calculador y, sobre todo, el Contador juvenil, ansioso y cauto a la vez, impagable en el esfuerzo, que no se acomoda a su jerarquía. Pero también fue Gilbert, el belga que se escapó en el kilómetro 1. Ahí es nada, un candidato actuando como un laborioso meritorio en busca de televisiones y protagonismo, pero empeñado en alcanzar el pie de Arrate con la ventaja suficiente para disputar la victoria. Le siguieron otros siete y todos fueron cazados por la policía del pelotón en las calles de Eibar. Encomiable el belga, que quiso arriesgar su prestigio a cambio de atrevimiento, cosa poco habitual en tiempos tan políticamente correctos. Disputó los sprints intermedios y obtuvo ocho segundos de bonificación que le dejaban a dos del liderato.

Al final perdió 6m 43s. Es el precio de la aventura, de la osadía, de los valores que ya no cotizan en la bolsa de la vida. Ya no existe para la carrera. Existió ayer, y ahora, ya condenado, puede ser un fuguista permitido o un exiliado en breve. Un desaparecido. Hasta ahí dio de sí. Arrate fue una etapa indiciaria, emotiva, más mítica que épica, selectiva como un examen de aptitud, descriptiva como la narrativa de Camus. Con un líder (Valverde), con un desolado (Purito), con un miembro de la resistencia (Froome), y con un jefe (Contador). Y un rebelde (Gilbert) castigado en su osadía. No está mal para 7,5 kilómetros de subida.

1ª etapa: Castroviejo, oreja y rabo

2ª etapa: El chupinazo alemán

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