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“Busco el viento, lo escucho, lo leo”

La sevillana, que vive siempre pendiente del cielo y las brisas, pide más ayudas para la vela española

“Busco el viento, lo escucho, lo leo”

La mañana del 7 de agosto, al despertar, Marina Alabau (Sevilla, 1985) sintió el oro cerca, miró el cielo y salió a buscar barlovento. Y voló hasta la gloria subida a la tabla del windsurf olímpico. Feliz, Marina, que lleva toda la vida navegando en busca de la medalla olímpica, entró en la isla del tesoro por la bahía de Weymouth y cumplió su sueño en una disciplina que puede desaparecer del calendario en Río 2016. Ayer, en el centro de prensa, tenía cara de cansada, pero era todo felicidad.

Pregunta. ¿Cómo lleva ser oro?

Respuesta. No había tenido tanto tiempo un teléfono pegado a la oreja en mi vida. Bien. No sabe lo que es. Soy muy feliz.

P. ¿Y la medalla?

R. No vea lo que pesa.

P. ¿Qué hará con ella?

R. Se la daré a mi hermana para que me la guarde. Empezó a llorar cuando pasé la meta y a las once de la noche no había parado.

Un error muy grave de España [votar contra esta clase].  Se deben sentir avergonzados.

P. En Pekín contó usted que era muy buena, ¿sigue en ello?

R. Está complicado. No hay ayudas. Yo estoy aquí por una beca de Andalucía Olímpica. A los 13 años gané mi primer Mundial en Optimist. Me dieron un millón de pesetas. Me compre trajes, velas… y mis padres nunca volvieron a poner un duro. Me ayudaron, tuve entrenadores, tuve material y disponibilidad para ir a aprender y competir. Sin esa ayuda, no estaría aquí. Si no hay ayudas, mi hermana, o quien sea, no podrán progresar. No sé qué va a pasar pero las cosas han cambiado.

P. ¿Desde cuándo hace windsurf?

R. Desde que soy pequeña, en Matalascañas. Me puse muy pesada. Yo vi a un señor hacer aquello y ni me quise subir al Optimist. Mis padres no querían estar pendientes de que me fuera lejos, así que el entrenador amarró la tabla y yo me movía lo que daba la cuerda, no más. Es que yo lo vi y dije: ‘Yo quiero eso’.

P. ¿Entiende al viento?

R. Al viento hay que escucharlo para entenderlo. Leo el viento en el mar, en los colores, en si se riza o no. El viento viene y debes anticiparte a él para que te lleve. Yo busco al viento, siempre sé de dónde viene. Desde que me despierto. Si estoy en casa, me basta con escuchar los coches para saber si sopla Levante o no. Si me despierto y escucho pajaritos, es que no hay viento.

P. ¿Y qué hace?

R. Entrenarme. Técnica, maniobras, salidas, gimnasio… hay muchas cosas.

P. La imagen del windsurf es festiva, pero para ser medalla de oro olímpica hay bastantes ratos no tan divertidos.

R. Yo he aprendido a navegar con lluvia. Al principio, pasaba tanto frío que se me congelaban las manos. Pero en Pekín entendí que si quería ganar la medalla de oro en Londres tenía que hacerlo.

La presión de los Juegos es distinta a todo y hay que aprender a gestionarla en positivo.

P. El cuarto puesto en Pekín supo a poco en su momento.

R. Fue un gran resultado. Eran mis primeros Juegos, con 22 años. La presión de los Juegos es distinta a todo y hay que aprender a gestionarla en positivo. Yo he sentido presión, pero me ha ayudado a la hora de tomar decisiones. Me gusta la presión y estoy orgullosa de cómo la manejo. Pero lo que decía de la lluvia de Pekín es que allí no había viento, y a mí me gusta el viento, y el día que sopló, diluviaba y no me sentí cómoda. Yo antes pasaba los inviernos en Brasil, porque odiaba la lluvia. He estado entrenándome tres meses este invierno aquí, en Weymouth, preparándome.

P. Aquí ganó un Mundial, aquí el oro olímpico… Miró al cielo al recoger la medalla. ¿Por qué?

R. Por Kim [su entrenador, fallecido en 2009], claro. Me acordé de él. Era un objetivo común y lo hemos conseguido. Me vinieron muchos recuerdos. Estará feliz donde quiera que esté. Le echamos de menos, siempre.

P. ¿Ha logrado entender el viento en Weymouth?

R. Sí, supongo que sí. He vivido aquí el invierno. Y hace dos meses que vinimos desde Tarifa, en furgoneta, para instalarnos otra vez. Pero el viento siempre te engaña, rola y se va, y te quedas ahí tirado, buscándolo otra vez

Leo el viento en el mar, en los colores, en si se riza o no. El viento viene y debes anticiparte a él para que te lleve.

P. ¿Puede llegar a dar miedo?

R. Claro, en medio de una tormenta, cuando se te va la vela y no controlas la tabla... ¡Buff!

P. Dijo que fue su mejor regata, ¿por qué?

R. Por lo que disfruté. Hice una cosa que la cuento y parece fácil, pero hay que hacerla: salí de la ceñida y pensé: ‘Voy a mirar al viento, solo al viento’. Y me olvidé de todo lo demás, de por dónde iba nadie, solo me preocupé del viento. Y remé, mucho. Yo odio remar y no lo necesitaba demasiado, pero solté toda mi adrenalina remando como una loca. Y a los 30 segundos ya solo me preocupé de buscar el viento. Fue mágico. Dejé que fluyera todo. El windsurf es algo mágico.

P. En la fiesta estaban todas las participantes. ¿Eso qué le dice?

R. No vi a la finlandesa y Li [Korzits, cuarta] estaba triste. Me supo muy mal. La quiero mucho, nos hemos entrenado mucho juntas los dos últimos años, es muy amiga mía. Nos llevamos muy bien, claro, vivimos juntas el circuito, nos entrenamos en los mismos sitios, es normal que crezcan relaciones de amistad. Lo que me di cuenta por la noche es que ¡era la más vieja del podio!

P. ¿Qué le parece que el windsurf olímpico desaparezca por los votos de la federación española de vela? ¿Qué opinión tiene de Pombo, el presidente?

R. No, no tengo nada que hablar de él. España ha cometido un error muy grande y creo que con esta medalla se deben sentir avergonzados. Iré a Río. Si no puedo en windsurf, iré en kite.

P. ¿Su paraíso está en Tarifa?

R. Mi paraíso está donde esté mi novio. Tarifa es el lugar más bonito del mundo. Cuando sopla Levante, el mar plano, mirando a África, eso no lo siento en ningún sitio del mundo. Pero el paraíso está donde esté Alex.

P. ¿Le dice algo que las mujeres ganen más medallas que los hombres y que en todas esté presente el agua?

R. No, la verdad. Me hubiera gustado que los deportistas españoles ganaran más medallas, pero no me he parado a pensar. Pero me hace ilusión. Me llamó la Reina y hablé con los hijos del Príncipe. ¡Y me felicitó Nadal en El Larguero! Soy muy feliz, he cumplido un sueño.

 

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