Chris Froome, el africano

“Claro que me veo ganando el Tour en el futuro”, dice el ciclista británico, nacido en Nairobi, que frenaba en la montaña para que ganara su compañero Wiggins

Froome y Wiggins en Peyragudes.
Froome y Wiggins en Peyragudes.STEPHANE MAHE (REUTERS)

Por sus míticos despistes —un ejemplo: fue capaz de tomar la salida del prólogo del Tour sin quitarse de los orificios nasales los algodones empapados en un vasoconstrictor con los que había calentado en el rodillo, y con un dorsal extrañísimo, con su número correcto, el 105, pero con el nombre de su compañero Eisel—, por sus nervios a veces incontrolables, a Chris Froome le llaman los que le conocen headless chicken (pollo sin cabeza), pero en medio de la barahúnda (denominación que debería adoptarse para designar a partir de ahora la manera británica de organizar charlas casi íntimas, menos de media docena de preguntantes), sabe mantener la apariencia de calma. Sonríe educadamente, y educadamente, con un magnífico acento de escuela privada británica adquirido en las colonias, acento Oxford, dicen los entendidos, intenta responder a los gritos que compiten en volumen para llamar su atención, o sea a las preguntas. Solo la mirada, esos ojos claros nebulosos, como si la nube perpetua del Kilimanjaro los tiñera de melancolía eterna, preocupados, traicionan cierta inquietud. Eso, y su enfurruñada negativa a contestar una pregunta, la última:

—Siendo usted un hombre del altiplano, nacido en Nairobi y crecido en Johannesburgo, ¿por qué vive en Mónaco? ¿Qué le da Mónaco? ¿Cómo alimenta Mónaco su nostalgia de África?

Silencio y huida de un hombre que ha resuelto a su manera el conflicto de los blancos hijos de colonialistas en África. No ha salido escritor pesimista, como Coetzee, sino ciclista sonriente, y también muy inteligente. Finalmente, todos los chillidos, todas las preguntas de media hora de barullo, se resumen en dos curiosidades. ¿Cómo de africano es? ¿Cómo se siente uno que es el mejor del Tour y tiene que frenar en la montaña para que su jefe llegue el primero?

Así es Chris Froome, el británico rubio de 27 años, que no ha ganado el Tour de Francia.

Por sus despistes y nervios, le llaman ‘headless chicken’ (pollo sin cabeza)

Pregunta. ¿Qué ha aprendido de este Tour?

Respuesta. No esperaba que fuera a requerir un esfuerzo mental tan grande, pero ya me hice una idea de cómo iba a ser en la Vuelta del año pasado, cuando fuimos el centro de atención.

P. ¿Está bien ser el centro de atención?

R. Yo no diría que es bueno.

Hace cinco años, antes de abrazarse definitivamente a la metrópoli, a la nacionalidad británica, con la que disputará la próxima semana sus primero Juegos, Froome, que corría en un equipo sudafricano, se sentía tan keniano que un día llamó a la federación y preguntó qué tenía que hacer para poder vestir todo el año al maillot con la bandera del país. “Ganar el campeonato nacional”, le respondieron. ¿Y cuándo se celebra? “Bueno, en realidad”, zanjaron en Nairobi, “no tenemos campeonato nacional, pero si te haces tú un maillot negro, rojo y verde, nuestros colores, te consideraremos campeón de Kenia”. Y así fue: Froome recortó, cosió y se fabricó a mano el maillot de campeón de Kenia que lució media temporada en 2007, los años en que acudía al Mundial como único keniano existente: hacía de entrenador, seleccionador, masajista, director, mecánico y corredor.

P. ¿Cuánto tiempo vivieron sus padres en Kenia antes de que naciera?

R. 20 o 30 años.

P. Lo digo porque quizás ha habido algún tipo de adaptación genética al ambiente que le acerque a los fondistas kenianos…

R. Sí, como somos tan parecidos… [RISAS]

Las risas estallan porque Froome, histrión, acerca su cabeza al periodista para que vea que es rubio, más alejado de un negro imposible.

P. No, hay una teoría epigenética que afirma que la gente, solo por vivir en Kenia, podría adaptarse a…

R. No cabe duda de que es muy probable que la altitud provoque una adaptación del cuerpo. Yo vivía a las afueras de Nairobi, que está a 2.000 metros de altitud, pero no soy científico. También he estado en el valle del Rift, en Eldoret, pero no me he entrenado allí. He estado por toda Kenia. Yo no diría que he vivido como un maratoniano. No sé, simplemente vivo.

P. En Sudáfrica también vivió a bastante altitud, en Johannesburgo, ¿no?

R. Sí, a 1. 800 metros.

Morfológicamente, y es evidente, Froome, no se parece nada a Mutai, o a cualquier maratoniano keniano. Es tan estrecho de hombros y caderas, y tan largo de tronco que más parece un tubo de dentífrico con cabeza de alfiler, brazos larguísimos y piernas que no sabe dónde meter cuando pedalea. Tiene un morfotipo raro, no africano.

P. ¿Cómo ha influido en su personalidad vivir en Kenia y en Sudáfrica?

R. Creo que ha sido un poco distinto de si me hubiera criado en Europa. Y no cabe duda de que de ahí me viene la pasión por estar al aire libre y por montar en bicicleta, salir… Eso es lo que me impulsa: mi pasión por montar en bicicleta.

Yo no diría que he vivido como un maratoniano. No sé, simplemente vivo”

P. ¿Le costó frenar para esperar a Wiggins en la montaña?

R. No. Está claro que estamos aquí para conseguir algo, y estamos tratando de alcanzarlo, así que no tendría sentido poner eso en peligro o haber seguido cuando podría haber dado al traste con nuestro objetivo.

P. Si corre la Vuelta, ¿se siente preparado para desafiar a Contador?

R. Yo solo puedo controlar lo que hago yo. No sé cómo estaré en comparación con Contador o con cualquier otro corredor, pero sí, estoy más que dispuesto. Es un corredor excelente. Decidiré si corro la Vuelta después de los Juegos.

P. Es uno de los favoritos del Tour pero no tiene palmarés…

R. Tengo 27 años, así que con suerte me quedan 10 años en activo como ciclista en los que espero poder cosechar muchas victorias.

P. ¿Se ve en un futuro ganando el Tour?

R. Sí, la verdad es que sí. Eso es a lo que aspiro a llegar algún día pero, ¿quién sabe si llegaré a serlo?

P. ¿El año que viene estaría cómodo trabajando para Wiggins en las mismas circunstancias que este año?

R. Si nos encontramos en la misma situación, sin duda.

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Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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