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El alivio del campeón

Para frustración y melancolía de los acusadores, Estados Unidos cierra sin cargos la investigación por dopaje a Armstrong

Un fiscal californiano anunció el viernes que se cerraba sin cargos (y sin decir las razones) la investigación que durante casi dos años había dirigido el agente especial Jeff Novitzky sobre Lance Armstrong y su presunta relación con el dopaje, y al suspiro de alivio y la alegría del corredor que más Tours ha ganado en la historia (siete, entre 1999 y 2005), el ciclista que más ha trascendido su deporte, le respondió en medio mundo un lamento de frustración y melancolía de todos aquellos -ingenuos, moralistas, misioneros?que creían que en la vida y en la justicia dos más dos son siempre cuatro como creen que sucede en las competiciones deportivas.

Todos ellos creían, claro, que la caída de Armstrong, más simbólica que efectiva, pues, por prescripción, no se le habría podido quitar sus Tours, serviría también para someter a juicio severo el sistema de organización del ciclismo y sus patrones en la Unión Ciclista Internacional (UCI), Hein Verbruggen y Pat McQuaid, acusados asimismo de proteger y encubrir a Armstrong. Mientras casi todos los que le han acompañado en los podios de sus Tours y en sus grandes epopeyas han sucumbido a la lucha contra el dopaje -Ullrich, Beloki, Basso, Rumsas, Pantani, Vinokúrov, Landis, Hamilton, Valverde...-, el tejano, de 40 años, nunca tuvo problemas.

A Armstrong, que sobrevivió a un cáncer de testículos con metástasis, y puso en marcha, con su popularidad y fuerza y gran sentido de la imagen, vendiendo pulseritas amarillas de caucho, Livestrong, una gran fundación de lucha contra la enfermedad, como a todos los ciclistas que han brillado en el Tour a finales del siglo XX siempre le ha acompañado, como una sombra, la duda. La sospecha se convirtió en palabra clara cuando su excompañero Floyd Landis -desposeído del Tour de 2006 por dopaje?le acusó públicamente en 2010 de doparse con EPO y transfusiones de sangre y de aconsejar hacer lo mismo a sus compañeros de equipo. El agente Novitzky, famoso por su investigación del caso Balco, que acabó, entre otras estrellas, con la atleta Marion Jones, se puso entonces en marcha con terrible energía. Llevó a declarar en Los Ángeles ante el gran jurado, donde mentir es perjurio y cárcel, a varios de los excompañeros del tejano, como Hamilton, otro también sancionado por dopaje y acusador público de su exjefe, el matrimonio Andreu, Popovich, Hincapié... Dado que el dopaje no es delito en Estados Unidos, se acusó a Armstrong, de fraude al Gobierno, blanqueo de dinero, conspiración y tráfico de drogas, dado que, en teoría, habría financiado su dopaje y el del equipo, con fondos gubernamentales procedentes del patrocinio de US Postal.

La investigación que llevó a cabo Novitzky en Estados Unidos y en media Europa con ayuda de la Interpol y las fuerzas policiales de Italia, Francia, España y Suiza, fue más efectista que efectiva finalmente. Generó expectación, rumores y pequeñas filtraciones que incomodaron sobremanera a Armstrong. Para contrarrestarlas, este contrató a un abogado estelar John Keker, y al más caro especialista en imagen de Estados Unidos, Mark Fabiani, conocido como Master of Disaster en sus tiempos en que era responsable de la comunicación y las relaciones públicas de Bill Clinton en la Casa Blanca (incluido el desastre de Monica Levinsky). En su trabajo para defender su reputación y su honor -en peligro no solo por el resultado de la investigación sino por el mismo proceso de investigación que le convirtió en hombre señalado: hasta Sports Illustrated le borró de la lista de héroes deportivos estadounidenses- tuvo un papel preponderante la fundación Livestrong, convertida, según un último reportaje de la revista Outside que reflejaba su mínima inversión en investigación, en una gran máquina al servicio de la imagen pública y la credibilidad de su fundador, quien en uno de sus últimos twits recuerda que hoy, 4 de febrero, es el día mundial contra el cáncer, y que en su comunicado de alivio recordó, como siempre, que él, en el fondo, es solo "un padre, un competidor, un luchador contra el cáncer".

Aún creyéndole, Travis T. Tygart, presidente de la agencia antidopaje de EE UU, recordó también que una cosa es la investigación criminal y otra la limpieza del deporte, y que pediría a la fiscalía todo lo que han descubierto para ver qué hace con ello.