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El coladero español

El atleta José Luis Blanco, sancionado por dopaje hasta octubre de 2012, volverá a competir mañana gracias a un certificado de la Guardia Civil

La primera fue Yesenia Centeno, la atleta que abrió la vía, la que vio el coladero en las normas antidopaje. Su camino lo siguió poco después Paquillo Fernández. Ambos deportistas, después de haber sido sancionados dos años por dopaje, apoyados por el Consejo Superior de Deportes (CSD) acudieron al teniente coronel de la Guardia Civil al frente de la mayoría de las operaciones antidopaje y le pidieron que les extendiera un certificado de que habían declarado ante ellos y de que habían colaborado con sus investigaciones. Con ese papel en la mano se presentaron luego ante el Comité de Competición de la federación española, donde solicitaron que en aplicación del Código Mundial Antidopaje se les redujera la sanción a la mitad por su colaboración. Lo consiguieron pese a la resistencia federativa, que consideraba que un simple papel no probaba su colaboración.

El Código Mundial exige que la colaboración para ser efectiva debe permitir al menos sancionar a otros atletas, desarticular otras redes o sancionar al entorno del deportista. Nada de esto pudieron probar Paquillo y Centeno, y tampoco la Guardia Civil, que se escudó en el secreto de sumario para no revelar nada ni añadir ningún dato. Y tampoco ninguno de los dos confesó públicamente que se hubiera dopado, asumió su culpa o colaboró en campañas educativas de prevención del dopaje, que son otros elementos necesarios para su petición. La reducción de la sanción a ambos atletas le costó a la federación española sendos tirones de orejas por parte de la IAAF, y al deporte español una muesca más en su fama de permisivo con el dopaje.

Por eso, cuando hace unos meses José Luis Blanco apareció con el certificado del teniente coronel solicitando que le redujeran su sanción por dopaje, en la federación dijeron basta. Aunque Blanco había resultado positivo por EPO en los campeonatos de España, el 18 de julio de 2010, solo se supo el resultado del laboratorio dos semanas más tarde, después de que el 1 de agosto consiguiera una medalla de bronce en los 3.000 metros obstáculos en los Europeos de Barcelona. Como la Guardia Civil investigó e imputó a su médico, Javier Solanas, Blanco fue llamado a declarar por la Guardia Civil el 15 de diciembre pasado, cuando la IAAF ya había ratificado una suspensión de dos años, que concluye oficialmente el 26 de octubre próximo. En su declaración, Blanco exculpó totalmente a su médico -"sabía lo que hacía, pero estaba en contra de ello y no me asesoraba ni aconsejaba"-, se declara "autodidacta" en temas de dopaje, se reconoce un experto en la autoinyección intravenosa y confiesa que compró la EPO a un tal Fernando que tiene una tienda de fitness en Mataró. Según Blanco, Fernando vende y entrena, y prepara las dosis de EPO a muchos más atletas. "La mayoría marroquíes, uno de los cuales está en el CAR de Sant Cugat". Eso es todo lo que figura en el atestado policial correspondiente.

El comité de competición de la federación española le dijo a Blanco que con el certificado no bastaba, que la IAAF exigía más pruebas de una colaboración efectiva y que mientras no las aportara no podían tomar una decisión sobre su caso. En lugar de engrosar su informe colaborativo, Blanco se dirigió al Comité Español de Disciplina Deportiva, dependiente del CSD, que ayer viernes, a última hora de la tarde, envió un fax a la federación española anunciándole que le había concedido la suspensión cautelar de la sanción a Blanco, quien ya era libre para competir de nuevo, al menos en suelo español. La decisión no le pudo llegar más a tiempo a Blanco, de 36 años, quien volverá a competir mañana 18 en la Sansi de Viladecans, una prueba popular organizada justamente por él mismo. Hasta 2009 se disputaba en Lloret de Mar, donde Blanco vive, pero el Ayuntamiento, tras su positivo, le denegó el permiso. Más complicado, casi imposible, será para Blanco, de todas maneras, volver al equipo español para el Europeo de Helsinki o los Juegos de Londres, pues en su prueba, los 3.000 obstáculos, hay ya cinco atletas con mínima y los criterios de selección dejan a la absoluta discreción del comité técnico la elección de los atletas.

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