Stoner no tiene quien le haga sombra

El australiano se proclama campeón en su país en una carrera sin historia en ausencia de su máximo rival, Jorge Lorenzo

Phillip Island - 16 oct 2011 - 06:25 UTC

Casey Stoner puso el broche final a una temporada brillante. Con su pilotaje salvaje, y ese carácter indomable que le hace tan complicado en la pista como fuera. Es irreductible y cabezota, sincero y transparente, cualidades que traslada al asfalto, sobre una moto, la que sea, porque ha sido capaz de ganar con una Ducati imposible y con una Honda delicada. Es un camaleón, que se adapta a cualquier pista, a cualquier circunstancia, a cualquier máquina. Llegó al corralito, donde le esperaban su esposa, embarazada, su equipo, y su familia, derrotado. Las emociones le obligaron a bajar la cabeza y buscar un momento de soledad entre la multitud que le gritaba y le aplaudía.

No ha cometido ni un solo error. Ya no es Rolling Stoner, como le llamaba la prensa anglosajona por andar rebozándose por el suelo carrera sí, carrera no. O, quizás, nunca lo fue. Solo que Valentino Rossi, incapaz de mantener la verticalidad sobre esa difícil Desmosedici, le da la razón todos le creen. Su único cero de la temporada fue precisamente consecuencia de una caída del italiano, que arrastró consigo al de Honda en Jerez. No le ha fallado el coco, como otros tanto predecían, los mismos que quisieron ver en su intolerancia a la lactosa una mentalidad débil. Él, que dice que sería feliz si corriera solo, porque no necesita a nadie, hace oídos sordos a las críticas. Y disfruta de su momento, de su año, con su gente.

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Ganó el Mundial el día de su cumpleaños. A los 26 y en su casa, rodeado de paisanos, en presencia de su padre y su madre, poco habituales en los circuitos, aquellos con los que recorrió primero Australia y luego Europa en una autocaravana, para que el niño, de cabello rubio, ojos azules y dentadura prominente, pudiera hacer lo que más le gustaba: ir en moto. Y ganar, una y otra vez. Ganó el Mundial a lo grande, con una victoria. Eso sí, la carrera, no tuvo una gran historia.

No la tuvo porque Stoner ha demostrado ser tan superior a su rivales este año, enamorado como está de esa RC212V que, por fin, es dulce como la miel, que ni siquiera sus compañeros de equipo, con la misma montura, le han puesto en demasiados apuros. No la tuvo, tampoco, porque la noticia llegaba de buena mañana, en la sesión de calentamiento, cuando Jorge Lorenzo, el único que aún estaba en disposición de pelearle el título, caía y se destrozaba el dedo anular izquierdo. Fue trasladado al hospital para ser intervenido quirúrgicamente por la tarde y salvar la primera falange de ese dedo, muy maltrecho. Fue la gran ausencia de la parrilla, capaz como demostraba su ritmo de pelear por la victoria con el australiano, aunque no la única. Tampoco corrieron su compañero Ben Spies ni Damian Cudlin, los dos por lesión.

Stoner dio por terminada la carrera en apenas una vuelta, con la que se sobró para sacarle un segundo de ventaja al segundo, Nicky Hayden. Y así siguió unas cuantos giros más. Mientras él seguía abriendo hueco y recortando los minutos que le quedaban hacia la gloria, sin nadie que le hiciera sombra, arrancó a sus espaldas otra batalla paralela. La de los pilotos que querían acompañarle en el podio. Hayden perdió enteros en un par de giros. Y Simoncelli, que le tenía tomada la matrícula, le robó el puesto; algo que también harían Dovizioso y Pedrosa, y hasta Bautista unos minutos más tarde.

Por otro lado, y aun con una parrilla tan poco pesada como la de ayer (solo 14 pilotos tomaron la salida) tampoco pudo Valentino Rossi maquillar su temporada, y se cayó instantes después de adelantar al de Suzuki, en plena curva de bajada. Dovizioso se las tenía primero con Pedrosa, a quien le ganó la batalla, y luego con Simoncelli, con quien la volvió a perder, aunque se aseguró el podio, en tercer lugar, tras su compatriota y gran rival. A tres vueltas para el final asomó la lluvia por Phillip Island. Pero el chaparrón vino y se fue tan pronto que apenas incordió al hombre del día: Casey Stoner. Rebajó su ritmo a la espera de que volviera a salir el sol, y como nadie le incordiaba, tan lejos como estaban sus rivales (a casi cinco segundos), ni siquiera se esforzó en tumbar a la entrada de las curvas. La lluvia les costó la carrera a Bautista, a Aoyama y a Crutchlow, pero ni siquiera salpicó a Stoner.

Casey Stoner, durante el GP de Australia.
Casey Stoner, durante el GP de Australia.DANIEL MUÑOZ (REUTERS)

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