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LIGA | GETAFE, 1 - LEVANTE, 1

Cambian las caras, se mantiene el guion

Getafe y Levante, aún en rodaje, empatan (1-1) en un partido insulso

La enésima reinvención getafense presentó, de partida, la paradoja de la cotidianidad. Después de 11 llegadas y 12 salidas, la vida sigue igual en el Coliseum. Una revolución para conservar la esencia. Un cambio de cromos aún por fraguar. Cuatro de los nuevos formaron de inicio en el once de Luis García -que vivió su debut en la grada por una sanción del curso pasado-, que también dio la alternativa al canterano Abdel, la más tierna de las promesas azulonas. El único de los jóvenes que alternaron el filial con el primer equipo al que Míchel no le dio minutos en Primera. Y, al menos de inicio, la disposición no pudo ser mejor. Con las ideas claras y los movimientos perfectamente acompasados, los locales buscaron ponerse guapos para la foto del estreno coreografiando las lecciones ensayadas en verano. Meticulosidad en el trato del balón y posesiones manufacturadas, parecen de nuevo las claves de un metódico guion que ha hecho fortuna en las ocho temporadas del Getafe en Primera.

GETAFE, 1 - LEVANTE, 1

GETAFE: Moyá; Miguel Torres, Cata Díaz, Lopo, Mané (Masilela, min. 17); Abdel (Sarabia, min.60), Lacen, Juan Rodríguez, Casquero (Güiza, min. 85), Pedro Ríos; Miku.

LEVANTE: Munúa; Juanfran, Nano, Ballesteros, Javi Venta; Iborra, Xavi Torres (Aranda, min. 76), Pedro López (El Zhar, min.71), Valdo, Barkero; Rubén Suárez (Juanlu, min. 59).

GOLES. 1-0, min. 62 Miku. 1-1, min. 77 Juanlu.

ÁRBITRO: Iglesias Villanueva (C. Gallego). Amonestó a J. Rodríguez (min. 39), Lopo (min. 45), Miguel Torres (min. 68), Lacen (min. 86), Sarabia (min. 91), por parte del Getafe y a Rubén Suárez (min. 44), Juanfran (min. 45), Barkero (min. 93).

ESTADIO: Coliseum Alfonso Pérez. 8.000 espectadores.

Enfrente, como si de almas gemelas se trataran, Juan Ignacio Martínez recibió el encargo de dar continuidad a la hoja de ruta implantada por el propio Luis García en sus tres cursos como técnico granota y, mientras mezcla las nuevas piezas y recompone el ecosistema, también apuesta por lo de toda la vida. Ballesteros sosteniendo con marcialidad la línea defensiva y Valdo ingeniándoselas, casi en solitario, para ponerle vértigo y ocasiones. Y tan aplicados estaban ambos conjuntos que la sorpresa no encontraba resquicios y la modorra iba ganando terreno, sin apenas ocasiones, sin emoción. Siempre más impulsivos los azulones, siempre más timoratos los granotas. Ambos igual de romos.

Pero, a la hora de partido un agente extraño destartaló las piezas de la maqueta. Sarabia saltó al campo y se incrustó en las filas enemigas con el talento por bandera. El ingenio del campeón de Europa sub 19 cortocircuitó a la defensa granota y, cuando apenas llevaba dos minutos en el tapete, enhebró un pase genial por la única rendija del dique levantinista. Lacen le puso el vértigo, con una pared sutil, y Miku la pegada con un zapatazo con el que fusiló a Munúa.

El fogonazo despertó al Levante, que también encontró la solución en el banquillo. Aranda persiguió con denuedo un balón intrascendente, braceó en su busca con la desesperación con la que un náufrago persigue su tabla de salvación, y encontró el premio. Juanlu le secundó en su voluntarismo y firmó el empate con un intencionado tiro cruzado. Un guion conocido en Getafe.

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