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Federer es eterno

Al borde de los 30 años, el suizo elimina al invicto Djokovic, que llevaba 43 victorias seguidas

El campeón de campeones llegó para frenar al tenista invencible. Dueño de una racha de 43 victorias seguidas, 41 en 2011, Novak Djokovic quedó apeado en semifinales de Roland Garros por Roger Federer, un genio. Fue 7-6, 6-3, 3-6 y 7-6 para el suizo, que dio una lección magistral de revés mientras caía la noche parisina. El número tres salió en tromba (22 de bolas de break a favor en las dos primeras mangas, 25 en total) y dobló con algunos golpes increíbles la voluntad del serbio. Fue como cerrar un círculo. Federer fue el último tenista en derrotar a Djokovic en 2010. Federer el primero en vencerle en 2011. Rafael Nadal, sin embargo, solo mantendrá el número uno si gana al número tres en la final del domingo.

El número tres estuvo a la altura de su genio. Sin una final grande desde el Abierto de Australia de 2010, tuvo las piernas y la convicción que no había tenido en mucho tiempo. Remó de un lado a otro de la pista y le rompió el saque al serbio cuando este servía para ganar la cuarta manga y estirar el encuentro hasta la definitiva. Ofreció un espectáculo brillante y enaltecido por el rival, Djokovic, un tenista en estado de gracia, capaz de disparar de línea a línea. El serbio abrió la pista con derechas cruzadas de fuego. Federer la cerró en otros puntos con reveses paralelos. El saque resolvió algunos momentos decisivos para el suizo, como dos bolas de break para el serbio con 5-5 en la cuarta manga, lo que le permitió soñar con abrochar el encuentro: se quedó dos veces a dos puntos (5-6 y 30-30; 5-6 y 40-40). Tuvo que hacerlo en el tie-break, que fotografió a dos hombres muy distintos. Federer tuvo el aplomo de los campeones. Djokovic jugó con tremendo nerviosismo.

"¡Roger! ¡Roger!" , le atronó la grada durante el partido. "¡Roger, Roger!", tras su victoria, que le dejó al borde de las lágrimas. El suizo llega a una nueva final en París. Le espera su rival de siempre: Nadal, y una nueva oportunidad para reivindicar una carrera de leyenda.

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