Osasuna se reinventa

El Zaragoza se hunde estrepitosamente en la segunda mitad y sufre una derrota que le complica la permanencia

Javier Aguirre y Mendilibar coincidieron en las horas previas en un asunto crucial: lo importante no era jugar bien, etc., etc., "sino competir bien". Jugándote el descenso en lo que es considerado el derbi del Ebro, siempre visceral, lo importante es competir, lo que en lenguaje futbolístico supone correr, luchar, nunca bajar la cabeza, no regalar nada, no hundirse en la derrota momentánea ni regodearse en la victoria puntual. Y, ¡zas!, al minuto 14 Osasuna le regala un gol al Zaragoza como si fuera su onomástica. Da Silva se quita el balón de encima a 15 metros de su banderín de córner y Lolo, confiado (es decir, sin saber competir) intenta cabecear a su portero... y se la deja a Lafita, que bate a Ricardo.

Zaragoza, 1 - Osasuna, 3

Real Zaragoza: Doblas; Diogo (Boutahar, min.75), Jarosik, Da Silva, Paredes; Ponzio; Lafita, Gabi, Ander Herrera (Jorge López, min.56), Bertolo; y Uche (Braulio, min.75).

C.A. Osasuna: Ricardo; Nelson, Lolo, Sergio, Monreal; Puñal, Nekounam; Damiá (Vadocz, min.55), Camuñas (Calleja, min.85), Cejudo (Josetxo, min.81); y Kike Sola.

Goles: 1-0. min.15. Lafita; 1-1. min.63. Camuñas; 1-2. min.70. Sergio; 1-3. min.80. Kike Sola.

Árbitro: Iturralde González, del Comité Vasco. Amonestó con tarjeta amarilla al local Paredes y al visitante Nekounam.

Incidencias: partido correspondiente a la jornada 35 de liga disputado en el estadio de La Romareda de Zaragoza con un lleno total en el campo, 34.500 espectadores. Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de Juan Zubiaurre, que fue jugador de ambos clubes y de Severiano Ballesteros

Una jugada inesperada en un partido que se antojaba áspero, enredado, poco vistoso. Y en cierto modo lo fue, aunque el Zaragoza encontró en las sutilezas de Lafita y la pelea particular de Uche un vivero más que interesante. Era un equipo voraz, dirigido intermitentemente por la cabeza de Herrera y el corazón de Gabi.

Osasuna digirió el gol y, sobre todo, su error con mayor dificultad. Muy obtuso, muy previsible y sin ninguna capacidad de remate, tuvo la virtud de relajar al Zaragoza, que confió su suerte a Uche, pero sus dos mano a mano con Ricardo los ganó el portero osasunista.

Es decir, en ese estado de tensión, dejar el partido vivo cuando el rival parece grogui es una osadía. Tanta que Osasuna, puro corazón, se sacó primero un gol magnífico de Camuñas tras una pared con Vadocz. Un fogonazo. Y luego el segundo a su estilo más fiel: falta y remate de cabeza de Sergio, su grandullón particular.

Entonces sí que el Zaragoza no entendió nada. Osasuna, sí. Se fue el equipo maño a toque de corneta, llenó de delanteros su equipo, encontró en Braulio y Boutahar, que disparó al poste, los artilleros que no tenía. Pero Osasuna había encontrado al húngaro Vadocz, el que le dio el equilibrio y el pase de gol. Sergio cabeceó una falta de Puñal ante la apatía de Jarosik, que saltó con desgana. Y Sola, viniendo de un fuera de juego anterior, remató un centro de Camuñas, para desquicio total de La Romareda.

El Zaragoza nunca tuvo un botín, pero aquel bolsín que le regaló el generoso Lolo lo dilapido hasta acallar un estadio repleto y entregado. Osasuna tuvo la capacidad de reinventarse y agarrarse a la permanencia cuando parecía ahogado. El corazón le llevó a la orilla.

Camuñas celebra su gol
Camuñas celebra su golJAVIER CEBOLLADA (EFE)
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