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Cambio de golpes en San Mamés

Athletic y Racing hacen más goles que juego en un partido imprevisible

Dos chispazos de Llorente iluminaron un San Mamés gris y medio vacío. Nada que ver con esos partidos coriáceos y encrespados que suelen protagonizar el Athletic y el Racing. En apenas un cuarto de hora, Llorente había apagado el fuego, primero con un remate de libro a la salida de un córner (le marcaba Colsa, es un decir) y después con una jugada sobre la línea de fondo que habilitó el gol de Toquero. Andaba aún el Racing buscándose a sí mismo, con esa frialdad de San Mamés con tantas localidades vacías, y el Athletic soñando con la Liga de Campeones, todavía apetecible. Distinto panorama, distinto estímulo, distinto problema. El problema del Athletic es gestionar la abundacia: dos goles en un cuarto de hora es un botín desacostumbrado. El del Racing, verse abrumado en el papel de mejor visitante, tras el Barça y el Madrid.

ATHLETIC 4 - RACING 3

Athletic Club Iraizoz; Iraola, San Jose, Amorebieta, Castillo; Susaeta, Javi Martínez, Iturraspe (Gurpegui, min.56), Gabilondo; Toquero (Muniain, min.79) y Llorente (David López, min.87).

Real Racing Club: Coltorti; Pinillos, Henrique, Oriol, Christian; Munitis (Arana, min.70), Colsa, Lacen, Serrano (Pape Diop, min.65); Canales y Tchité (Iván Bolado, min.80).

Goles: 1-0, min.13: Llorente. 2-0, min.17: Toquero. 2-1, min.40: Tchité. 3-1, min.78: Llorente, de penalti. 3-2, min.80: Iván Bolado. 4-2, min.88: Susaeta. 4-3, min.93: Ivá Bolado.

Arbitro: Velasco Carballo (Colegio Madrileño). Expulsó a Oriol, en el minuto 82, por dos tarjetas amarillas, ambas en apenas un minuto. También expulsó a un miembro del banquillo visitante. Además, mostró tarjeta amarilla al local Amorebieta y a los visitantes Colsa, Christian y Pinillos.

Incidencias: Unos 30.000 espectadores en San Mamés. Noche con buena temperatura, aunque con molesto viento racheado que dificultó el juego sobre el terreno de juego. Casi al inicio del choque comenzó a llover y pronto arreció. Terreno de juego en buenas condiciones. Vigésimo novena jornada de Liga.

Confusión absoluta. ¿Qué hacer con lo conseguido o lo sufrido? El Athletic es un equipo concebido más para empujar que para gobernar, más para reivindicar que para decretar. Por eso apela tanto a Llorente o Toquro, por la via rápida, por el músculo y por la entrega, como en una manifestación masiva se abruma al contrario con los datos más o menos contrastados. Da igual. Eso pensó el Racing, que, viéndose en minoría futbolística, consiguió hilvanar tres pases que acabaron en la red de Iraizoz, empujado el balón por Tchité. Fue una jugada insípida, pero efectiva y que, sobre todo, devolvió al equipo cántabro a un partido del que no se sabía si se había ido o si no había entrado jamás por la puerta de San Mamés.

Cuesta creer en un Athletic que no disfrute con el sufrimiento. Es un asunto más psicológico que táctico, que tiene más que ver con su disposición anímica que con la futbolística. No sabe ser feliz sin sufrir. Y el Racing aprovechó el espíritu sadomasoquista del rival para ir ganándole terreno futbolístico y psicológico hasta llenarle de dudas. Ahí apareció Canales con su soberbia, Munitis con su ímpetu y Colsa más adelantado que nunca. Ahí renació un Racing ramplón ante un Athletic temblón. Y el partido adquirió el tono que no tenía por méritos futbolísticos. Hay veces que lo psicológico prevalece sobre lo futbolístico, sobre todo si lo físico impera sobre lo técnico. Por eso Caparrós metió a Gurpegui y Portugal prefirió a Bolado, fortachón, por el desafortunado Tchité.

Hay veces que el desgobierno es el mejor argumento del interés cuando no hay un guión estable ni protagonistas consagrados. Bueno, uno sí: Llorente, que le sacó un penalti absurdo a Oriol, expulsión incluida, que permitió al delantero rojiblanco cerrar su gran noche con la asignatura pendiente del Athletic, la pena máxima que parece perturbar su conciencia.

Pero no. Ni así es feliz el Athletic. Ni devolviendo golpe por golpe ante el empuje de un Racing más voluntarioso que estético, más animoso que técnico. El equipo de Portugal fue devolviendo golpe a golpe, pero siempre por detrás. Iván Bolado era el chico por el que la cantera del Racing había apostado antes de que surgiera el fenómeno Canales. En San Mamés se doctoró con dos goles que no sirvieron para nada, pero que dejaron la estela de un futbolista poderoso. Su problema es que, entre sus dos goles, Susaeta se adelantó a la defensa del Racing y marcó el cuarto gol, que dio la victoria al Athletic y le pone a prueba de Champions. A base de sufrimiento. Es lo suyo.

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