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COPA CONFEDERACIONES | SURÁFRICA 0 - BRASIL 0

Alves saca el martillo

Un gol de falta del barcelonista alivia a Brasil frente a una vitalista y descarada Suráfrica

Nada distingue más que el talento. En Brasil ya no es una inflación. Ahora prevalece un espíritu gremial. Aun así, le alcanza para merodear casi siempre por la cima mundial. También en la Copa Confederaciones, en la que ha recuperado el primer plano en la escena internacional tras su estrepitoso tránsito por el último Mundial. En Johanesburgo, Suráfrica le mantuvo el pulso hasta el último suspiro, pero irrumpió Alves desde la suplencia, sacó el martillo y con un zapatazo a un paso de la prórroga acabó con la meritoria resistencia de los bafana bafana.

La mutación iniciada por Brasil hace 15 años, entonces con Dunga como medio matraca a la europea, se ha fortalecido con el mismo protagonista, ahora como guía en el banquillo. Con los años, Brasil ha ido perdiendo ingenio y gracia en beneficio del músculo, el rigor táctico y todo eso. Siempre le queda una rendija para jugadores de la realeza, como Kaká, pero en estos tiempos no para dominar el juego, sino para cerrar los partidos a la carrera a partir de una defensa atrás y en el medio que facilite el fútbol de contraataque. Sólo así se explica que frente a Suráfrica, a la canarinha le costara administrar la posesión de la pelota.

Suráfrica 0 - Brasil 1

Brasil: Julio César, Maicon, Lucio, Luisao, Andre Santos (Dani Alves, m.81), Gilberto Silva, Felipe Melo, Ramires, Robinho, Kaká y Luis Fabiano (Kleberson, m.90+).

Sudáfrica: Khune, Gaxa, Mokoena, Booth, Masilela, Mhlongo, Dikgacoi, Pienaar (Van Heerden, m.90+), Thsabalala (Mhpela, m.90+), Modise (Masehgo, m.90+) y Parker.

Gol: 1-0,m.87: Dani Alves

Árbitro: Masimo Bussaca (SUI). Amonestó por Brasil a Felipe Melo, Dani Alves y Andre Santos y por Sudáfrica a Masilela

Estadio: Ellis Park

Incidencias: en los prolegómenos del encuentro los capitanes de ambas selecciones, Lucio por Brasil y Mokoena por Sudáfrica leyeron un manifiesto contra el racismo. Terreno de juego en irregulares condiciones y menos de cinco grados de temperatura. Asistieron al encuentro 48.000 espectadores, entre ellos el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, y el presidente de la FIFA, Joseph Blatter. La selección de Sudáfrica vistió completamente de verde por la coincidencia de colores entre ambos equipos.

La 'canarinha' estuvo siempre en el alambre, supeditada a su defensa y a Julio César

A Brasil no le importa. Se siente mejor con ocho jugadores por detrás del balón, sólo liberados el propio Kaká, Robinho y Luis Fabiano. Frente a los anfitriones, que se desplegaron con una vitalidad y un vértigo que no habían demostrado en los inicios del campeonato, Brasil estuvo siempre en el alambre, supeditada a su defensa y a Julio César, que tuvo más tajo del previsto: Mokoena, en un cabezazo a un palmo de la línea de meta; Pienaar, Modise, Tshabalala y Gaxa se aproximaron al gol.

Toda respuesta de Brasil pasa por Kaká, siempre aplicado tras cualquier quite de sus compañeros. Atento a recibir desmarcado, le gusta arrancar desde los costados, desde donde impone el turbo, ya sea para la asistencia final o para exhibir su pegada. El madridista tiene un repertorio amplísimo. Se retrató pasada la media hora, cuando, enquistado en la orilla izquierda, sin salida a su espalda, se sirvió del pecho para un control por alto que le permitió poner a rebufo a un rival; con su aceleración dejó en el retrovisor a otro adversario y, llegado al balcón del área, enroscó la pelota a tres dedos de la escuadra de Khune. Dimitido Robinho, que, para lo bueno y lo malo, juega en la pasarela de Robinho, él fue el único en asustar a la defensa surafricana. Esta vez le faltó el auxilio de Maicon, al que su compatriota Joel Santana, el técnico de los africanos, le cerró esa autopista por la orilla derecha, en la que ha sido capaz de desplazar a Alves de la titularidad.

Suráfrica nunca estuvo atemorizada por la heráldica de su adversario. Jugó con un descaro que no se le conocía en la Copa Confederaciones, con ese punto intrépido que en tantas ocasiones han exhibido, aunque no siempre con éxito, otras selecciones durante los Campeonatos del Mundo, ya fueran Camerún, Nigeria o Senegal, por ejemplo. Ni siquiera se atrincheró cuando la vía de una prórroga ante los pentacampeones mundiales le suponía el santo grial. Pero, como sus vecinas continentales, pagó un peaje final. De nuevo se impuso el talento individual. Esta vez el de Alves, que acudió al rescate de su selección en el acto final, aunque fuera como lateral izquierdo. El barcelonista, autorizado por Kaká, fusiló a Khune en el lanzamiento de una falta a pie de área y la canarinha se apuntó a la final. Es otro Brasil, pero está de nuevo ante un podio.

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