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Farinós | Jugador del Hércules

Farinós: "Me hundió que me dijeran que no tenía hambre"

Entrevista al ex jugador de Valencia e Inter que lidera en la actualidad al Hércules

Javier Farinós (Valencia, 1978) ha sabido reinventarse. Lo ha redimido su pasión por seguir un oficio que primero le llevó a la púrpura (fue dos veces internacional y el Inter pagó por él 12 millones al Valencia) y después al barro (con 28 años, no lo quiso ningún equipo de Primera). Ahora lidera al Hércules, uno de los favoritos para el ascenso.

Pregunta. ¿Qué le dicen por esos campos de Segunda?

Respuesta. ¡Me llaman viejo! Se piensan que soy mucho más mayor de lo que realmente soy, pero no hago caso.

P. ¿Cuál ha sido el peor golpe de su carrera?

R. El golpe no fue pasar del Inter al Mallorca, sino de Primera a Segunda División.

P. ¿Cómo ha sabido reciclarse?

R. Tardé tres o cuatro meses. Llegué a pensar que ya había hecho todo lo que tenía que hacer y que no me apetecía seguir. Me considero un jugador de Primera, pero no puedo vivir en la irrealidad. Nadie es imprescindible. Uno ama el fútbol y aprende a divertirse donde haya trabajo. ¿El secreto? Levantarme, ir a entrenar y no tener pájaros en la cabeza.

P. Nadie lo quería en Primera.

R. Lo que más me fastidió es que los directivos dijeran que había perdido el hambre, que me había ido Italia y había ganado dinero y tal. Eso me hundió porque yo siempre daba el máximo. La gente que, en teoría, sabía de fútbol me decía que yo no tenía hambre.

P. ¿Quién lo rescató?

R. Subirats me llamó a principio de verano para ver si quería jugar en Segunda en el Hércules. No encontré nada y, al final del verano, acepté. Me encontré con un equipo humilde con unas aspiraciones altas, de subir, pero yo llego a una semana de empezar la Liga y estoy mal física y anímicamente. Pasé el peor verano de mi vida. Fui a probar al Charlton Athletic, dos semanas, tres partidos, pero no me quisieron.

P. ¿En quién se apoyó?

R. Lo pasaba muy mal cuando tenía tiempo para pensar. Por eso me iba a trabajar con un amigo a cargar y descargar un camión. Subirats, que fue entrenador mío en juveniles, quiso contar conmigo cuando sabía que yo estaba mal.

P. ¿Se abandonó físicamente?

R. No, ni lo haré nunca. Me cuido mucho. La primera regla que tengo es llevar un buen combustible: la comida.

P. ¿Por qué fracasó en el Inter?

R. Me operaron dos veces del pubis. En la primera se equivocaron porque pensaban que era una hernia sin serlo, y, entre las dos operaciones, me pasé 13 meses de baja. Hasta que me vio el doctor Cugat y se dio cuenta que era una osteopatía. Perdí el ritmo. Tuve de entrenadores a Lippi, Tardelli, Cúper y Zaccheroni. A Cúper lo tuve en tres equipos, en el Valencia, en el Inter y en el Mallorca.

P. ¿Les culpa de algo?

R. El único responsable de la trayectoria de un jugador es él mismo. Lo único de lo que me arrepiento es de haber jugado dos años con dolores en el pubis. Me recorrí media Europa con el doctor del Inter para saber qué tenía. Perdí dos años.

P. ¿Le ha pagado el Inter?

R. Sí, el Inter se portó excepcional conmigo. [MASSIMO]Moratti es un ejemplo a seguir. Es el presidente modélico porque tiene mucho poder, no se mete en tu trabajo y cumple con su palabra. Mantengo amistad con Zanetti y con Córdoba, que son los únicos que quedan porque pasaron muchos jugadores en esa época.

P. ¿Llevó una vida frívola en el Inter?

R. Sí, creo que hice tonterías. Tenía 22 años, buenos ingresos e hice cosas para demostrar que tenía dinero: como comprar en las tiendas de moda de Milán. Me dejé llevar por lo que hacía todo el mundo y me arrepiento.

P. ¿Tras el Inter?

R. Me voy al Mallorca: se esperaba mucho de mí y se pasaron dos años luchando por no descender. Pasé media temporada cedido en el Villarreal, con Benito Floro, y fue muy buena, la mejor mía como futbolista. Me fui muy apenado. Tenía una cláusula muy alta y el Inter quería más dinero. Me fui cedido al Mallorca, pero Benito Floro duró muy poco. Llegó Cúper y yo no estuve a un buen nivel.

P. ¿Qué pasó en París [el Madrid arrolló al Valencia en la final de la Champions de 2000]?

R. Jugué con dolores. Sufrimos un exceso de confianza que nos mató. Toda la temporada había ido sobre ruedas y lo echamos todo a perder.

P. ¿Los jugadores del Madrid, con Redondo a la cabeza, les intimidaron?

R. No. Llévabamos tan bien los partidos que pensamos que aquél sería una continuación, y, cuando se torció al principio, resultó todo al revés. Yo iba a firmar por el Milan, estaba hecho, pero al final me marché al Inter.

P. ¿Su momento de gloria?

R. Debutar en Primera en Riazor. Lo demás sabía que podía pasarme, pero que te dejen jugar, que te dejen demostrar que puedes jugar y entrenar en el primer equipo, es lo más importante. Fue con Valdano, aconsejado por Rielo después de que yo tuviera un problema con el Valencia B [una pelea con el técnico del filial, Pep Balaguer].

P. Le quitó la pelota a Burrito Ortega para lanzar un penalti.

R. Yo vivía en una nube y quería marcar mi primer gol con el Valencia. Era un partido ante el Athletic, ganábamos y el ansia me llevó a cometer ese error. La gente lo vio como algo positivo, pero no lo fue.

P. ¿Por qué aquella generación naufragó fuera del Valencia?

R. El fútbol son momentos, de uno y de su equipo. Y el Valencia estaba en Champions, a un nivel excepcional y nosotros, individualmente, también. Y pasas a otro equipo que no está bien y piensan que uno va a salvarlo, pero no puede.

P. ¿Cómo se definiría?

R. Soy un centrocampista que si estoy al 100%, soy muy bueno; pero si no, soy malo. Tengo un poco de todo, pero nada muy bueno.

P. ¿Cómo es el fútbol en Segunda?

R. Es mucho más difícil que en Primera. No te dejan ni pensar, por la presión constante y porque se encierran mucho.