La imagen que China iba a proyectar al mundo era fundamental para sus gobernantes. Así que la organización ha cuidado al máximo las ceremonias, con momentos memorables. Sin embargo, tras la inauguración se supo que aquella niña que encandiló al mundo, Lin Miaoke (derecha), no cantó en realidad. La voz pertenecía a Yang Peiyi (izquierda), que era un poco regordeta y no tenía los dientes tan perfectos. La organización evitó la aparición de Yang Peiyi ante las cámaras escudándose en el "interés nacional". Fue un episodio más, y posiblemente el más anecdótico, de unos Juegos donde la brillante competición no ha sido capaz de esconder otros factores extra deportivos.AFP / AP