FÚTBOL | SELECCIÓN : ESPAÑA 2 - PERÚ 1

España gana tonteando

La selección no consigue superar a la débil Perú hasta el minuto 93 a seis días del inicio de la Eurocopa

España necesitó 93 minutos para derribar a Perú, un rival entre inferior y minúsculo, según se mire el partido con mayor o menor piedad. Un gol de Capdevila al borde del final le otorgó un triunfo trabajado, poco vistoso y que no hace sino sembrar dudas a seis días del inicio de la Eurocopa. Se decía para justificar el amistoso ante semejante rival que Perú se parecía a Rusia, el primer adversario de España en la cita continental. En el blanco del uniforme, se parece. Porque Perú se parece a Perú, esto es, a nadie, por mucho que ayer acabara creyéndoselo, a lo que le empujó una España que olvidó la imaginación en la nevera.

Insiste Luis en que no hay debate sobre el sistema a emplear por su equipo. Que las diferencias entre un dibujo u otro no existen. Cosas de los medios, dice, tan dados a sacarle punta a las tácticas y tal. Insiste Luis en que no es verdad que el equipo se maneje de una forma si sólo juega con un punta y de otra si lo hace con dos. Insiste Luis en que no es verdad que a veces juegue sin extremos. Insiste Luis, en fin, en que Iniesta puede ser delantero o puede ser extremo. Puede ser, por lo visto, cualquier cosa menos lo que es: un extraordinario enganche, un futbolista con una prodigiosa visión del juego en la penúltima línea.

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Optó Luis por colocar a Villa junto a Torres en el ataque a costa de sacrificar a uno de los llamados jugones, Cesc, un jugador que no acaba de explotar en la selección. Así piensa también el técnico, que le ha asignado el papel de secundario de lujo. Él se sabe una pieza de quita y pon, todo lo contrario que en el Arsenal. Allí, Wenger le da el mando y el chaval demuestra estar sobrado para lucir galones. El caso es que fue Xavi el único que escoltó a su tocayo Alonso en la dirección del juego, con Iniesta y Silva en las bandas. No tardó España en asomarse al área rival y fue Iniesta el primero en hacerlo con peligro. Su disparo, blando, lo sacó bajo palos un rival. El equipo comenzó a tocar y Xavi se hizo presente por vez primera para lanzar a puerta con dureza. Butrón, portero de Perú, hizo honor a su apellido y se comió el balón, que tras agujearle el guante se estrelló en el palo.

España tocaba y tocaba, como era de esperar dada la idiosincrasia de su juego y la torpeza de su rival, al que no debió gustar que aquello se pareciera a un rondo. Así se deduce del guantazo que Hidalgo le soltó a Sergio Ramos de buenas a primeras o del patadón que Cruzado le regaló a Iniesta. De tan terrorífica entrada, curiosamente, nació el gol de España. El balón, rebotado, cayó en pies de Xavi, al que le dio por inspirarse. Al hueco lo envió, al desmarque de Villa que, escorado a la izquierda, marcó de disparo raso al palo contrario. Era el gol número 14 de Villa con la selección en 31 partidos, una estadística más que loable.Con el marcador a favor, España se gustó durante unos minutos, pocos, sin apenas hacer daño. Llegó el descanso, los cambios y el juego de la selección comenzó a enmudecer. Y tanto enmudeció que Perú se lo creyó, en un inimaginable acto de fe. Y tanto se lo creyó que en la misma jugada obligó a Casillas a sacar un zapatazo raso y otro que se colaba por la escuadra.

Al poco ocurrió lo inimaginable. Perú, convencido ya de que su poderoso rival lo era pero no ese día ni a esa hora, se lanzó con todo lo que tenía, que no es mucho, y en una jugada absurda encontró recompensa. El balón voló al punto de penalti, donde acudieron al alimón Casillas y Marchena. Uno, quizá, no gritó; el otro, quizá, no le escuchó. El caso es que el despeje del defensa, que era un horror, fue a parar a Rengifo, quien cabeceó a gol casi sin querer desde el borde del área grande. Llegaron las correspondientes prisas, acumuló España alguna que otra ocasión, Güiza no acertó ninguna, Butrón tapó todos los huecos y el partido fue muriendo con un empate de aspecto sonrojante.

Pero la selección supo rebelarse y no dejó de insistir hasta el último suspiro. Y ahí, en el últimísimo, Cesc logró centrar desde la derecha tras el saque de un córner y Capdevila la rompió con la diestra para firmar una victoria cantada (faltaría más), merecida (por supuesto), gris (sobre todo gris), y que deja un huracán de preguntas en el aire.

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